
seen from Germany
seen from Saudi Arabia

seen from Malaysia

seen from China

seen from Denmark
seen from Pakistan
seen from China
seen from Malaysia
seen from China
seen from South Korea
seen from United States
seen from Denmark
seen from Germany
seen from Qatar

seen from United States

seen from United States

seen from Malaysia
seen from China
seen from Germany
seen from China
¿Cómo puedo darle gracias?
Hace dos meses, Dios me hizo el regalo más bonito de mi vida: me hizo madre de un bebé estupendo, que ha venido a llenarme el corazón. Es algo que me ha hecho, y cada día me hace, tan feliz.
Llevaba un tiempo queriendo ser madre, y en varios momentos llegué a dudar de si Dios iba a permitírmelo, de si era Su plan para mí o no. Llegué a tener miedo y en algún momento hasta a enfadarme porque no se daba lo que yo quería.
Pero de repente, en el momento idóneo, Dios lo ha hecho todo perfecto. Todo ha sido perfecto, el embarazo, el parto, mi hijo. No podía haber sido mejor. Dios ha “tardado” para prepararme y para así cumplirlo todo de la forma más perfecta y maravillosa. Como siempre, Dios lo ha hecho todo bien, y ha sido bueno conmigo.
Ha sido bueno con esa mujer que dudó de Él, con esa mujer que se enfadaba si las cosas no iban como ella quería, que quería hacerlo todo a su manera sin meter a Dios en sus planes, que quería todo con prisas, que no quería esperar y que se comparaba con los demás.
A pesar de todo, de mis enfados, de mis rabietas de niña pequeña, de mis juicios, Dios ha sido bueno conmigo. Lo es todos los días. No ha dejado ni un momento de ser bueno conmigo, de quererme, de darme siempre todo lo que necesito.
Y yo no sé cómo agradecérselo. Desde que nació mi hijo, me siento una total desagradecida. Rezo, voy a la iglesia, canto alabanzas, pero siento que eso no basta, que por lo que me ha dado, Dios se merece muchísimo, y no sé cómo dárselo. Siento que nada es suficiente, que no basta.
"¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?" Salmo 116:12
Creo que nunca nada que yo haga bastará para agradecerle todo el bien que me ha hecho. Y creo que la mejor forma de hacerlo es confiar en Dios aún cuando las cosas no son como yo quiero. Es seguir estando agradecida cuando llegue el sufrimiento. Es dejar de exigirle cosas o enfadarme porque no me da lo que yo quiero cuando yo quiero.
Porque veo que a pesar de esta bendición maravillosa, aún hay cosas que me hacen dudar de Su amor. Que ingrata soy.
No puedo hacer otra cosa que intentarlo. Que pedirle que me ayude a seguir confiando en Él. Que me enseñe a no ser tan controladora y exigente, sino que yo pueda dejarme totalmente en sus manos. Porque a día de hoy, lo único que soy capaz de hacer, es no parar de darle gracias. Pero ¿y mañana?
“Dad gracias al Señor, porque Él es bueno; porque para siempre es su misericordia." Salmo 118:1
Nunca dejes de orar 💚
Cuando no puedes enojarte porque entiendes las razones de todos, se siente como una bendición y una maldición.
Ves el dolor detrás de sus acciones, los miedos que los impulsan, y las batallas que esconden.
Pero al mismo tiempo, te quedas cargando con el peso de emociones que no puedes expresar.
Devocional: ¿Por qué Dios es el único que puede juzgar?
Si has leído algo de Biblia sabrás que Jesús dijo claramente que no debíamos juzgar a nadie, porque con la misma medida que lo hagamos también seremos medidos por otros. El día de hoy quiero explicarte porque Dios decidió que la tarea del juicio es de Él y no de nosotros.
Para ello vamos a leer Juan 7:24 en la versión NTV:
Miren más allá de la superficie, para poder juzgar correctamente.
En este versículo pareciese que Jesús nos estuviese dando la posibilidad de juzgar a otros según lo que creamos que es correcto pero, detrás de esto nos está diciendo una gran verdad: Los seres humanos ven las apariencias.
Sí, nosotros nos fijamos en lo que vemos a primera vista y sacamos conclusiones. Ningún hombre en esta tierra se salva de ello. Estamos acostumbrados a mirar y a sacar conclusiones rápidas, el sentido de la vista funciona así con todo. Vemos a alguien vestirse de una manera y podemos asumir su clase social, su condición mental e inclusive su estado de salud; lo mismo hacemos con la comida, con tan solo verla sabemos si esta fresca, vieja, agria o si sabe mal o bien. Así somos los humanos, así funciona nuestro cerebro.
Y así como lo aplicamos con estas cosas también lo hacemos con nuestros semejantes. Vemos parte de las acciones de otros y ya juzgamos y condenamos, no damos chance para la defensa ni para escuchar al otro partiendo de que hacemos esto cuando la otra persona ni siquiera está presente, inclusive guardamos el juicio en la mente y listo, nos hemos convertido en los jueces y determinadores del asunto. La opinión del otro no vale ni nos interesa, la cosa es así como nosotros pensamos y punto.
Dios no obra de la misma manera.
Primero porque es omnipresente y sabe la realidad. Vio y escuchó conversaciones, acciones y pensamientos que nosotros no lo hicimos. Sólo Él sabe que pasó en realidad.
Y no conforme con eso y escudriña el corazón, lo que quiere decir que solo Él sabe con qué intenciones la otra persona hizo o dejo de hacer cierta cosa, si de verdad fue genuino o quería causar caos por detrás, si fue un impostor o fue real. Dios lo sabe todo.
Por esa razón simple y a la vez tan compleja es que Él se ha quedado con la potestad del juicio, porque así como Cristo es nuestro abogado defensor también Él juzgará nuestras acciones porque conoce todo. El Señor tiene las evidencias en mano y no solo las físicas, sino también las mentales. ¡Wow, en que terrible condición nos encontramos!
Es hora de guardar el mazo y pensar en nosotros, no de una manera egoísta sino analítica. ¿Cuántas veces hemos mentido, engañado, actuado con doble intención, queriendo sacar ventaja, cuántas veces nos hemos comportado mal? Creo que muchísimas. Tú has sido igual que esa persona que piensas que atentó contra ti o que realmente lo hizo, que ejecutó el pensamiento malo de su corazón o simplemente pensó que era correcto. Solo Dios lo sabe.
Y como sólo Él lo sabe es el que juzgará tu causa y la de esa persona. No le des pies a la venganza ni a la ira, deja que Dios que conoce las verdaderas intenciones determine la sentencia. No nos corresponde a nosotros escribirla o determinarla, dejemos que Él sea el que lo haga. ¿Ok?
Hora de guardar el mazo.
Dios te bendiga.
Amor y temor, en efecto, son incompatibles; el auténtico amor elimina el temor, ya que el temor está en relación con el castigo, y el que teme es que aún no ha aprendido a amar perfectamente.
1 Juan 4:
Cuando amamos a Dios y confiamos en él sabemos que él está en control de nuestras vidas y que todo va a estar bien por eso no vamos a temer.
El Señor le respondió: —Yo mismo iré contigo, (PON TU NOMBRE), y te daré descanso; todo te saldrá bien.
Éxodo 33:14
Dios nos tenga compasión y nos bendiga; Dios haga resplandecer su rostro sobre nosotros— Salmos 67:1