Día tres:
Y cuando te vi, lo supe. Tu casa es arte.
Tan fresca y clara, pero eso tú no lo sabes.
Te preocupas a diario por calmar tu ansiedad, te vuelve loco el pensar a qué hora todo ésto va a terminar y no te pones a mirar la belleza de tus paredes.
Hay fotos que me dicen lo humano que te ves y hay otras que me dicen lo dulce que eres, pero es cierto que te reflejas en cada cosa que existe ahí.
Sin gafas no ves nada, ni las ganas que tengo de quererte. Tu camisa huele a qué no quieres que me vaya, pero el reloj grita que es hora de despedirse.
Pero tienes una planta; Espero que te diga lo mucho que te quiero. Así, sin tierra, tan fuera de lo común.
Y tu casa es arte, es paz, es luz, es vida. Es mi parte favorita de caminar por un barrio desconocido. Es tan clara y tan real que conocí tres pinturas y otros dos cuadros, me pusieron a pensar.
Pero elegí mi favorito, antes de que tus amigos empezaran a llegar, era muy real donde se reflejaba tu sonrisa. Estabas recostado en mi sillón favorito, sin vergüenza y con el alma de fuera, lo pintaba con mis labios sobre tu boca, tan dulce y ansiosa. Me abrazaste y nos metimos en un grave poema.
Y ahí estaba, la pintura más valiosa de la casa. La firmé con un beso y un trago de cerveza. La mostraste aquel día, tan relajado frente a todos, como si de hace años que la tuvieras, le llamamos, dejemos que las cosas fluyan. La colgamos en el beso de despedida.
Y tu casa es arte, y tu boca, mi galería favorita.











