Homenaje a la coherencia
¿Te atreves a hablar de amor cuándo, en verdad, no has hecho otra cosa más que soñar por escrito?
Autor Desconocido.

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Homenaje a la coherencia
¿Te atreves a hablar de amor cuándo, en verdad, no has hecho otra cosa más que soñar por escrito?
Autor Desconocido.
Día cuatro:
La química de tu ser.
Uno va por la vida caminando sin pensar en el impacto de los besos, y que desafortunados aquellos que no reciben esa chispa de vitalidad.
Fue un martes cuando tú boca y la mía se encontraron por primera vez, ninguno de los dos se despertó con la idea de que nos ibamos a cruzar en el camino. Pero sucedió, justo en el momento indicado. Desde el primer día que te vi, sentí electricidad en el cuerpo, todas esas clases de química no sirvieron de nada, porque tú eras un elemento fuera de la tabla. Pero ese martes todo cambió, ambos fuimos una aleación, combinamos tan bien que brotaron chispas, fuimos aire, fuimos agua, fuimos oro. Hablamos en Latín, Latón y lámina corrugada. Explotamos, fue química pura.
De ahí empezó un juego de laboratorio, que hasta la fecha me hace pensar en ciertas hipótesis. Mi cuántica y nuestra química son mis materias favoritas, fusionamos en palabras que resultan en reacciones, propongo universos que terminan en protones.
Eres un gas de vida en los vacíos de mi mente. Se formulan resultados en el laboratorio del amor. Pero no podemos reinventar el hilo negro, porque en el único que pienso, es si el rojo está atado a nuestros meñiques.
¿Y si hablamos de la física?
De la velocidad que lleva la masa de mi cuerpo cuando choca con el tuyo. De las variables momentáneas del Omega de tu ser.
¿Y si calculamos el momento perfecto?
Dobleu por ele cuadrada sobre doce. Doble corazón, por tú, más yo, sobre una cama, en un cuarto sin luz.
Quiero que seas mi premio Nobel de Química, pero de tantos datos que me das, me confunden las sumas de las almas. Aunque se que probablemente todo esto no llegue a teoría, sí me interesa que lo pongamos en práctica.
Día tres:
Y cuando te vi, lo supe. Tu casa es arte.
Tan fresca y clara, pero eso tú no lo sabes.
Te preocupas a diario por calmar tu ansiedad, te vuelve loco el pensar a qué hora todo ésto va a terminar y no te pones a mirar la belleza de tus paredes.
Hay fotos que me dicen lo humano que te ves y hay otras que me dicen lo dulce que eres, pero es cierto que te reflejas en cada cosa que existe ahí.
Sin gafas no ves nada, ni las ganas que tengo de quererte. Tu camisa huele a qué no quieres que me vaya, pero el reloj grita que es hora de despedirse.
Pero tienes una planta; Espero que te diga lo mucho que te quiero. Así, sin tierra, tan fuera de lo común.
Y tu casa es arte, es paz, es luz, es vida. Es mi parte favorita de caminar por un barrio desconocido. Es tan clara y tan real que conocí tres pinturas y otros dos cuadros, me pusieron a pensar.
Pero elegí mi favorito, antes de que tus amigos empezaran a llegar, era muy real donde se reflejaba tu sonrisa. Estabas recostado en mi sillón favorito, sin vergüenza y con el alma de fuera, lo pintaba con mis labios sobre tu boca, tan dulce y ansiosa. Me abrazaste y nos metimos en un grave poema.
Y ahí estaba, la pintura más valiosa de la casa. La firmé con un beso y un trago de cerveza. La mostraste aquel día, tan relajado frente a todos, como si de hace años que la tuvieras, le llamamos, dejemos que las cosas fluyan. La colgamos en el beso de despedida.
Y tu casa es arte, y tu boca, mi galería favorita.