En la extensa metrópolis de Seodong, donde la división entre alfas y omegas es profunda, una sombra cae sobre la ciudad a medida que la tasa de natalidad disminuye constantemente. Mientras las familias luchan por concebir y traer nueva vida al mundo, el gobierno se alarma cada vez más ante la perspectiva de una población cada vez menor. Se escuchan rumores extraños entre las pequeñas calles de la capital, algo sobre un experimento genético que buscaba mejorar la vida de los dragones. El cual, por desgracia, salió terriblemente mal. ¿Pudo ser esta la verdadera causa? No hay nada confirmado, pero se habla de una una toxina que se esparció en el terrible suceso, navegando por el aire que fluye por el país.
Entre los gruesos muros de concreto que convierten a Sijag en la imponente fortaleza que da su fama a la ciudad capital, los funcionarios se reúnen en secreto para abordar la crisis antes de que sea demasiado tarde. Ante la perspectiva de un declive económico y malestar social, idean un plan para aumentar la tasa de natalidad a cualquier precio.
Con el pretexto de promover los valores familiares y el patriotismo, el gobierno lanza una campaña destinada a alentar a las parejas a tener más hijos. Vallas publicitarias repletas de imágenes de familias sonrientes y lemas que ensalzan las virtudes de la paternidad se alinean en las calles, mientras que los anuncios de servicio público suenan a todo volumen en los altavoces. Todo esto, instando a los ciudadanos a hacer su parte por el futuro de Seodong, a cumplir sus deberes como miembros de la sociedad.
Sin embargo, a medida que la presión aumenta y el control del gobierno se intensifica, la disidencia hierve bajo la superficie. Para luchar contra el sistema nace la ciudad de Huiyong, donde la opresión de la capital no es más que un mal sabor en la boca. No existe el control de identidad ni la vigilancia, sólo la angustia y el deseo de generar un cambio que podría alterar el orden del país para siempre.