Curriculum Vitae sin hielo
El whisky me otorga más poder de síntesis que de sintaxis, cuando escribo borracho me salen frases cortas y lapidarias. Soy bueno afilando venganzas y usándolas bien incandescentes porque no me satisfacen cuando se enfrían. Rara vez me aburro pero si eso pasa me dedico a recolectar los cadáveres que deja por ahí la productividad, ese veneno que lo arrasa todo. Dormido soy optimista y despierto soy pesimista. Me dedico a creer que los demonios solo son ángeles que cambiaron de vecindario. Soy buen equilibrista al borde de cualquier vaso, de cualquier madrugada, de cualquier límite. En gran medida estoy hecho de escombros y emociones. No tengo miedo a que el espejo cuente lo que vio de mí. Solo camino con plena seguridad por donde me indique mi rayo de luna favorito. Soy una planta sin flores, a veces venenosa y a veces curativa. Soy una canción que se baila únicamente de noche. Estoy practicando para ser lo mejor que llenó tu vaso. A veces me enamoro cuando siento la sensación de tener en la boca del estómago un abismo más grande que yo, o cuando al verla siento que un mundo entero es posible. Estoy preparado para ser el único desayuno que se sirve después del mediodía, resaca de miércoles, orgasmo del culo, ruta de escape del manicomio y locura anti psiquiatras. Una vez me dibujé como el punto final de la resignación. A veces dedico unos segundos a luchar contra quienes pretenden estrangular mis opciones. El resto del tiempo lo dedico a manipular con mucho cuidado la precariedad de no poder gestionar con claridad mi propia vida. Todos los días descubro niveles de hartazgo que no sabía que tenía. Mi mente caprichosa solo recuerda cosas que vagamente dejan algún tipo de pegote en mi memoria. A eso le llamo recuerdos de lo vivido y de lo bebido. Cada vez me queda menos, lo único que hasta ahora nadie me pudo quitar fue esta libreta, esta tinta y esta noche en la que escribo.
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