Yo soy el único que puede acabar con PODEMOS
Y con Pablo Iglesias. Soy el único, porque yo los creé. Y los cree mucho antes de que existieran.
En Octubre de 2013 comencé un interesante ejercicio mental. Empecé a imaginarme qué habría pasado si los movimientos de protesta que entre 2011 y 2013 estuvieron saliendo masivamente a las calles en España (#15M, Democracia Real Ya, Acampada Sol, Juventud Sin Futuro, etc.) hubieran conseguido formar un partido político y se hubieran hecho con el poder, considerando que la mayoría de la población (aparentemente y según las encuestas) apoyaba sus propuestas. Por aquel entonces no había nadie que pareciera poder lograr ese objetivo, existía el Partido X y alguno más pero de poca relevancia. Por ello el ejercicio era todavía más interesante.
Empecé tomando las principales propuestas de dichos movimientos de protesta que circulaban por webs, redes sociales, etc., junto con lo que en aquellos momentos sucedía en los países a los que los “cabecillas” de dichos movimientos de protesta ponían como ejemplo. Extrapolé ambos análisis y creé un mundo en el que esos movimientos de protesta hubieran triunfado. Además, lo hice en un nuevo mundo postdemocrático donde esos movimientos no hubieran tenido ningún tipo de oposición a la hora de aplicar sus propuestas, ya que en ese nuevo mundo cada partido o movimiento podía aplicar el 100% de su programa sin ningún tipo de oposición y llevar hasta el fin todas y cada una de sus propuestas sin importar las consecuencias, pudiendo llegar a crear hasta un régimen totalitario de voluntaria participación.
Así nacieron “Los Planificados”.
“Los Planificados”, uno de los grupos sociales que forman el mundo de la novela Perfectopia es precisamente eso: el triunfo de los movimientos de protesta que durante los años más duros de la crisis tomaron las calles. Su mundo, el mundo planificado, o como se narra en la novela, de “Ciudad Planificada”, es un mundo sin ningún ápice de capitalismo, el cual, tal y como pedían los jóvenes en nuestras calles, había sido erradicado de la forma más absoluta. Un mundo donde no existen los ricos, ni los bancos, porque no existe el dinero, esa fuente de todo mal. Un mundo donde no existen avaros empresarios que se enriquecen con las plusvalías generadas por los explotados trabajadores, porque ya no existen las empresas. Un mundo donde no existe la propiedad privada, ni el materialismo, ni los egoísmos. Un mundo donde todos los ciudadanos son por fin, iguales.
Un mundo donde no existe la sanidad privada, ni la educación privada, porque el Estado las proporciona como servicios públicos de forma gratuita y la alternativa privada ha sido prohibida. Un mundo donde tampoco existen las tiendas de alimentación, ni de ropa, ni los grandes almacenes, porque el Estado te proporciona todo lo que necesitas y sólo lo que necesitas de forma gratuita evitando que los viles tenderos o comerciantes puedan ganar dinero egoístamente con su actividad, comerciando con el “hambre” de los ciudadanos.
Un mundo donde no existe el desempleo, porque el Estado te proporciona siempre un trabajo, el que el Gobierno mejor considere según su planificación central, y que debes ejercer te guste o no, porque… es por el bien común. Un mundo con jornadas de trabajo cómodas, sin horas extras, y con vacaciones y jubilaciones pagadas por el Estado y donde decide el Estado. Un mundo donde no existen los desahucios, ni gente en la calle, porque el Estado te proporciona siempre vivienda, o mejor dicho, un alojamiento.
Un mundo donde no hay desnutrición, ni hambre, porque el Estado te proporciona siempre la alimentación básica que necesitas, ni más ni menos, para mantenerte sano. Un mundo sin tabaco, ni alcohol, ni otras sustancias nocivas burguesas que dañan tu cuerpo e incurren en onerosos gastos para el sistema público de salud, el mejor sistema sanitario del mundo.
Un mundo donde es el Estado te proporciona satisfacción a tus necesidades sexuales sin necesidad de que pierdas el tiempo en buscar pareja y trayendo por fin la deseada igualdad entre guapos y feos, eliminando además ese sentimiento machista del amor. Un mundo donde el Estado te dice con quién tienes que reproducirte, acabando con el heteropatriarcado. Un mundo donde el Estado te proporciona aborto libre y gratuito, cuando, por el bien común, el Estado decide que debes abortar. Un mundo donde el Estado te quita la pesada carga de educar a tus hijos, y los educa por ti, quitándote también la carga de tener que cuidarlos, cuidándolos por ti desde el mismo momento en el que nacen.
Un mundo perfecto, donde nadie pasa hambre, donde nadie sufre penurias, donde está todo planificado hasta el más mínimo detalle por el bien común, el bien de la sociedad, el bien del pueblo. El Gobierno del pueblo para el pueblo y por el pueblo. Sin capitalismo, sin neoliberalismo, sin empresarios, sin banqueros.
Cogí todas y cada una de las propuestas, exigencias, aclamaciones y demandas de los movimientos de protesta y cree un mundo, el único mundo en el que dichas aclamaciones serían todas factibles, y lo llevé al papel.
Unos meses después de publicar el libro apareció Podemos, Pablo Iglesias, su programa político lleno de las reclamaciones de aquellos grupos de protesta, su apoyo y defensa de los regímenes más totalitarios y liberticidas de Latinoamérica y del resto del mundo, su triunfo en las elecciones europeas, y su proyección astronómica hasta prácticamente desbancar al grupo político del gobierno en intención directa de voto. Podemos era el “Partido Planificado” de la novela “Perfectopia”. Y Pablo Iglesias el “Gran Líder”. Todo estaba ocurriendo. Todo encajaba.
Como muestra os dejo a continuación un extracto de la conversación que Sam, el protagonista, mantiene con el Gran Líder en uno de los pasajes del libro:
–Que ¿qué? –contestó el Gran Líder con altivez– Usted no puede hacer nada. Usted no puede hacer nada que nosotros no le dejemos hacer hermano 44.324... Sam interrumpió al Gran Líder.
–Me llamo Sam.
El Señor N. dibujó por primera vez una sonrisa en su cara.
–¡Ah, los nombres! Ese individualismo insoportable. No hermano, no, usted aquí no tiene nombre. Usted aquí no es una persona; usted aquí no es más que un número, una pieza de serie de esta perfecta máquina que hemos diseñado por el bien común, por el bien... de todos sus hermanos.
–¿Perfecta máquina? ¿Pero usted ha visto cómo se vive aquí? ¿Acaso cree que a esto se le puede llamar perfecto? –contestó Sam indignado y sin miedo ya al Gran Líder.
–No entiendo de qué se queja usted, hermano. Esto es lo que usted y sus amigos luchaban por conseguir... –el Gran Líder se incorporó de su sillón lentamente, apoyó las manos sobre su mesa y mirando fijamente a Sam le preguntó–: ¿O me equivoco?
La forma en que el Gran Líder interrogaba a Sam lo inquietaba. Era como si el hombre que tenía delante conociera más sobre su vida que él mismo. Todo lo decía con una sonrisa que emanaba maldad.
–No, ¡No! Esto no era por lo que nosotros luchábamos. Nosotros luchábamos por un mundo más justo... e igualitario... –Sam contestaba en voz baja sin mucha seguridad en sus palabras, dándose cuenta poco a poco del error al que le conducían.
El Gran Líder levantó las manos señalando a su alrededor.
–¿Y qué hay más justo e igualitario que el mundo planificado, hermano? Aquí todos somos iguales. Todos tenemos las mismas cosas: las suficientes y necesarias para vivir. Hemos acabado con el materialismo, ese virus corrompedor del espíritu humano. Todos comemos lo mismo, trabajamos lo mismo, con las mismas condiciones. Todos hacemos lo mismo para divertirnos y todos juntos. ¿Me puedes decir, hermano, qué hay más justo e igualitario que esto?
Sam permanecía callado. No sabía qué contestar. El Gran Líder rodeó su mesa, colocándose delante y caminando lentamente mientras hablaba de forma pausada pero contundente. A la misma vez miraba a Sam de reojo.
–¿Sabes? Los de tu generación siempre me sacabais de quicio. No erais más que unos niñatos malcriados que protestabais con vuestros aparatos de última generación desarrollados por ese sistema que tanto aborrecíais. Utilizabais las herramientas que os brindaba dicho sistema para poder atacarlo, llorando para que os lo dieran todo y no tener la obligación de hacer nada... Y ahora que hemos conseguido desarrollar aquello por lo que luchabais: acabar con el capitalismo, ¿tampoco os gusta?
El Gran Líder se quedó delante de Sam, a escasos dos metros, mirándolo fijamente.
–Si hubiera podido entonces, os habría mandado fusilar a todos por mocosos llorones –dijo el Gran Líder.
Sam intentaba encontrar alguna forma de contraargumentar las palabras del Gran Líder, pero no podía porque de una forma u otra, lo que estaba diciendo era... cierto.
–Mira a tu alrededor, hermano. Esto es el sistema perfecto. Es insuperable. ¡Insuperable! ¡No tiene fallos! –el Gran Líder empezó a elevar el tono de voz levantando las manos en el aire– ¡No hay forma de mejorarlo! ¡Hemos conseguido acabar con la pobreza! ¡Hemos conseguido acabar con la enfermedad!
–Esclavizando a pobres y matando a ancianos, débiles y enfermos... –refutó Sam.
El Gran Líder bajó los brazos, hizo una pausa y mirando fijamente a Sam le dijo:
–La máquina perfecta necesita soltar lastre para poder funcionar. Ya aprenderás a amar esta máquina perfecta… ya aprenderás.
–Lo dudo mucho, señor.
El Gran Líder lo seguía mirando fijamente. Sonrió y finalmente dijo:
–Claro que aprenderás; créeme que lo harás.
En el mundo planificado es cierto que no hay Renta Básica, porque los planificados llegaron a la conclusión de que al final el dinero se podía utilizar para satisfacer egoístas deseos capitalistas, así que lo sustituyeron por darte todo lo básico para vivir. Pero no te permiten obtener nada más, para evitar las desigualdades. En todo lo demás, cumplen. Cumplen en lo de los planificados sometiéndose voluntariamente al totalitarismo, como indican las encuestas de intención de voto. Y también cumplen en lo del culto al líder: los planificados defienden hasta la extenuación y sin ningún tipo de actitud crítica a su Gran Líder, machacando, verbalmente o no, a cualquiera que ose criticarlo.
Y sí, únicamente yo puedo derrotarlos, impedirles conseguir su objetivo. ¿Por qué? Pues porque yo los creé antes de que existieran y ya he visto con mis propios ojos el mundo que crearían. Dejándoles ganar antes de que existieran es mi forma de derrotarlos. Permitiendo a todo el mundo ver con sus propios ojos los efectos de la locura “Podemos” antes de que ocurra. Conociendo a "los Planificados" antes de que tomen el poder.
Podemos lo sabe. El Gran Líder Pablo Iglesias lo sabe. Por ello no se van a presentar a las elecciones municipales. No quieren “ganar” antes de poder tomar el poder. No quieren que se les conozca antes de llegar al Gobierno y poder poner en práctica su programa, el programa que muchos ciudadanos reclaman pero que acabarán sufriendo. De forma voluntaria, eso sí.
Ayúdame a derrotar a los Planificados antes de que sea tarde.
Fuente de la imagen: eldiario.es.









