Hay recuerdos que son balas disfrazadas de memoria. Explotan de manera expansiva dentro del pecho.
Con suerte –piensas–, te dejan con vida, pero jamás sin huella, jamás sin herida.
Nunca buscaron la muerte –te repites–, sino dejarte vivo, sangrando, para que recuerdes siempre que sobrevivir nunca es olvido.
No matan del todo –te convences–, pero cobran tributo:
la cicatriz ardiendo,
la herida latiendo.
Es el precio –te dices–,el costo inevitable
por haber sostenido, aunque fugaz, por haber tocado, siquiera un instante, la luz incandescente de otro ser, el incendio de un alma ardiente.
-©Perra Delgada 🖤










