Nunca me olvide de ti, aunque hubiese días en los que solo pensarte me lastimaba. Te defendí: incluso cuando no lo merecías. Y es ahí cuando más te encontré perfecta. Cuando nadie más te veía. Cuando eras invisible para el resto. Porque te quise en ruinas y no intente cambiarte. Porque te supe bella del alma a la cabeza y no te fue suficiente. Porque cuando me dijiste: “Algún día encontrarás un corazón a la altura de tu inocencia” creí que era el tuyo. En verdad te creí.
Álex Hernández.




















