Tormenta
Yo no te elegí. La casualidad —o quizá algo más— lo hizo por nosotros. Y fue, como escribió Cortázar, “un rayo que te parte en dos”.
Pero ¡ay, amor!, bendita tormenta que nos zarandeó de la cabeza a los pies, haciendo de las palabras exhalaciones, y de los relámpagos, truenos capaces de tumbar el alma.
Y en eso estamos: entre el fulgor y la calma, sobreviviendo al milagro.
Un beso infinito









