La podadora, de Philip Larkin
La podadora se atoró, dos veces; de rodillas, encontré Un erizo atascado entre las cuchillas, Asesinado. Había estado en el largo césped.
Ya lo había visto antes, e incluso lo alimenté. Ahora había mutilado su discreto mundo Irremediablemente. El entierro no ayudó:
La mañana siguiente yo me desperté y él no. El primer día después de la muerte, la nueva ausencia Siempre es la misma; debemos ser cuidadosos
Con los demás, debemos ser amables Mientras hay tiempo.
traducción de Rebeca Villalobos Torres (@rebekkane)















