Día 8 de Agosto (o maneras de vivir)
¿Hasta cuánto puede unirnos la sangre?
¿Cuánto nos podemos parecer a nuestros padres?
¿Cuándo llegas a considerar que un trozo de tierra es tu hogar?
¿Cuándo debes asumir que todo se ha acabado?
¿Cuándo debe uno dejar de luchar?
Ciertos días de mi vida experimento la extradición de mis principios. En ocasiones me invade el miedo; miedo a que los pilares de seguridad que se han levantado a mi alrededor se me caigan encima en una espiral de incertidumbre. Nadie quiere volver a ese agujero. Temo la cara de idiota que se me va a quedar en ese preciso momento. Temo la criatura inútil y apática en la que me convertiré.
Mi cielo particular y la seguridad que ello representa no durarán para siempre. Sin embargo, ¿que nos quedará cuando todo se haya ido? ¿Tirarnos de avión e intentar que se abra el paracaídas? ¿Pretenderás atravesar la cuarta dimensión y aprenderás a tocar la Novena Sinfonía de Beethoven? ¿Volverás para tocarla para mí?
¿Qué vas a hacer? ¿Qué voy a hacer?... Haremos como siempre. Haremos como que nunca ha pasado nada y todo el mundo seguirá en esa extraña calma. Esa calma llena de silencios incómodos y tabúes.