¡CUIDADO! El inconformismo es contagioso
Mire bien a su alrededor y se dará cuenta que a su lado, de frente, atrás o lamento decirle usted mismo puede que sea uno de esos inconformes que pululan por ahí con cara de testarudos por el mundo, ahh pero eso sí, quejándose de cuanta cosa les pasa y hasta las que no.
Vamos de los hechos básicos hasta los que trascienden en nuestra sociedad y el mundo entero. Dentro de los ejemplos inofensivos están los que podrían tener que ver con el clima. Estamos en pleno marzo y hay frio, llueve, más tarde acalora y de noche vuelve a enfriar. ¿Por qué llueve, si el calor debería estar en su apogeo? Si se siente calor a unos 35 grados ¡Que calor, prefiero frio o quizá lluvia!
A ellos les digo: ¡Qué pereza escucharlos!
Ahora pasemos a esos temas en los que si nos involucramos tal vez podríamos hacer la diferencia y no esperar a que venga un valiente o un “menso” que se anime a actuar en pro del desacomodo y hacer que las cosas pasen. Digo menso porque así son tachados en muchas ocasiones quienes participan.
Exactamente a eso me refiero: ¡PARTICIPAR!, creo que ahí está la diferencia entre quejarnos e involucrarnos.
Demasiado cómodo y rico es hablar, opinar y criticar, sobre todo no es nada arriesgado porque las palabras se las lleva el viento, pero las acciones quedan de referencia en los anales para evaluar dicho esfuerzo.
Hace unos días escuché la siguiente frase: “Olvidémonos de la actitud de esperar a que otros hagan las cosas”, me encantó escucharla, porque sacude el polvo de esas mentes conformistas que no solo quieren un buen vivir, sino también que este sea procurado y logrado por un tercero; y no me refiero a dinero que conste.
Tomo de referencia y con orgullo a Su Santidad el Papa Francisco, porque él con tan poquitos días que tiene de haber aceptado el reto más grande de su vida, ha marcado la diferencia y está creando una tendencia de hacer vida lo que dice. Él no solo participa, sino da un ejemplo de que las cosas se pueden hacer bien y movido por el Amor de Cristo hacia su Iglesia.
No pretendo convencerlos de ser católicos, pero sí de reconocer que con genuina voluntad todo cambio puede ser positivo y con grandes y sorprendentes dimensiones.
No basta con uno, aunque este uno lo haga de corazón, aunque pensándolo bien; puede que si baste porque el ejemplo arrastra e inspira y haga que más y más por convicción se dejen de quejar, ser conformistas y actúen pro activamente.