Es sabido que Proust estaba obsesionado por la fotografía y buscaba por todos los medios procurarse la foto de las personas que amaba y admiraba. Por su insistente pedido, uno de los muchachos de los que estaba enamorado cuando tenía 22 años, Edgar Auber, le regaló su retrato. En el reverso de la fotografía, le escribió a modo de dedicatoria: Look at my face: my name is Might Have Been; I am also called No More, Too Late, Farewell (Mira mi rostro: mi nombre es Habría Podido Ser, me llamo también Ya No, Demasiado Tarde, Adiós). La dedicatoria es ciertamente pretenciosa, pero expresa perfectamente la exigencia que anima a toda foto [la exigencia de redención] y recoge lo real que está siempre a punto de perderse, para volverlo nuevamente posible.
Giorgio Agamben, «El día del juicio» en Profanaciones.












