«El marxismo, se admitirá sin dificultad, no sería el marxismo sin su aspiración a ser un “conocimiento científico” del futuro, y la cuestión es la de en qué medida es posible dicho conocimiento. La predicción es, por supuesto, no sólo un componente de muchas ciencias, sino un aspecto inseparable de las acciones más triviales, aunque no podamos “conocer” el futuro del mismo modo que el pasado, pues toda predicción tiene un elemento de incertidumbre. El “futuro” es lo que sucederá a continuación o que sucederá dentro de un millón de años; la dificultad de predicción aumenta, obviamente, con la distancia y la implicación del sujeto. En las cuestiones sociales las predicciones son, como sabemos, considerablemente engañosas, incluso si se refieren al futuro inmediato y a un único facto cuantificable, como en los pronósticos demográficos. En general predecimos el futuro extrapolando las tendencias existentes, aun advirtiendo que estas extrapolaciones tienen, siempre y en todo lugar, un valor extremadamente limitado, y que ninguna curva de desarrollo en ningún campo de investigación se extiende indefinidamente de acuerdo con la misma ecuación. En cuanto a los pronósticos a escala global y sin limitación de tiempo, no son más que fantasías, ya sea buena o mala la perspectiva que ofrezcan. No existe medio racional de predecir “el futuro de la humanidad” en un largo período o de predecir la naturaleza de las “formaciones sociales” en el porvenir. La idea de que podemos hacer estas predicciones “científicamente”, y que sin ellas no podemos siquiera comprender el futuro, es la razón por la cual esta teoría es una fantasía, y también la razón por la cual es políticamente eficaz. La influencia que ha tenido el marxismo, lejos de ser el resultado o la prueba de su carácter científico, se debe casi completamente a sus elementos proféticos, fantásticos e irracionales.»
Leszek Kolakowski: Las principales corrientes del marxismo, III. Alianza Editorial, pág. 503. Madrid, 1983.
TGO
@bocadosdefilosofia
@dias-de-la-ira-1











