MEGALOFOBIA: MIEDO A LAS COSAS GRANDES
Las personas que padecen megalofobia se caracterizan por sentirse intimidados ante cualquier otra persona, animal u objeto que sea más grande que ellos. A mis pacientes megalofóbicos por lo general les complace estar rodeados de niños y sienten una repulsión irracional por personas altas y por animales grandes como elefantes y jirafas, ya que al individuo que padece este trastorno todo lo que lo supera en tamaño le recuerda lo insignificante que se percibe a sí mismo, debido a su crónico complejo de inferioridad.
Es la obsesión de estar comparándose continuamente en estatura con otras personas, llegando a sentir rechazo hacia todas aquellas que sean más altas que quien padece la megalofobia. Mis pacientes megalofóbicos también suelen sentirse abrumados al estar frente a edificaciones de envergadura como grandes edificios o palacios y tienden a evitar estas situaciones, por lo que he conocido algunos casos de cuadros severos de megalofobia, donde el paciente se siente obligado a abandonar la ciudad, para mudarse a alguna locación rural donde solo hayan edificaciones sencillas.
RELACIÓN DE LA MEGALOFOBIA CON OTRAS CONDICIONES PSICÓTICAS
Los individuos que padecen claustrofobia (miedo a los espacios cerrados sin salida aparente), pueden manifestar los síntomas de su trastorno al estar rodeados de un tumulto de personas más grandes y fuertes, y sentir que no pueden salir del espacio por sus propios medios. Si esta circunstancia se convierte en repetitiva la mente del claustrofóbico puede asociar a las personas u objetos grandes, con el peligro y de esta forma desarrollar la megalofobia.
Además de estar asociada a sentimientos de baja autoestima, complejo de inferioridad y falta de confianza.
Las posibles causas pueden ser muy diversas y suelen variar de un caso a otro, sin embargo mayormente se originan en traumas de la niñez, por ejemplo porque el más grande de la clase le hacía bullying sacando provecho de su ventaja física y según estudios psicosociales que he tenido oportunidad de examinar, plantean que las personas de los estratos socioeconómicos más deprimidos, están más propensos a padecer de esta enfermedad, ya que debido al costo cuando eran niños no tuvieron posibilidad de acceder a las cosas de mayor tamaño como juguetes o artículos electrónicos y como mecanismo de defensa su mente aprendió a odiar esos objetos, que les recordaban sus carencias económicas y cuán pequeños se sentían por ello.
TRATAMIENTOS PARA LA MEGALOFOBIA
No existe un procedimiento estándar, lo primero que exploro en estos casos es las posibles causas de la patología y luego de acuerdo a la estrategia consensuada con el paciente, puedo aplicar las siguientes técnicas:
Ejercicios de relajación.
Terapia de exposición controlada.
Programación Neurolingüistica.
Terapia cognitivo conductual.
Informarte es el primer paso en el camino de la superación de la megalofobia, por lo que puedo decirte que vas en la dirección correcta, el siguiente paso es acudir a un profesional que te oriente para alcanzar tu recuperación definitiva.
La megalofobia es una patología que produce sensación de inferioridad, por lo tanto, la persona siente repulsión por objetos y animales más grandes y por personas más altas que le recuerda lo insignificante que se percibe a sí mismo. De igual forma se siente abrumado por edificaciones grandes y opta por el aislamiento o por vivir en comunidades rurales donde no hay edificios, evitando el roce social o los eventos donde tenga que visitar infraestructuras de grandes magnitudes. Esta patología está asociada a baja autoestima, complejo de inferioridad y falta de confianza, generalmente se piensa que se origina en la niñez producto del bullying de compañeros grandes que durante la etapa escolar sacaron provecho de sus capacidades físicas o de carencias económicas que imposibilitaron la adquisición de juguetes grandes, desarrollando mecanismos de defensa, odiando objetos y personas de mayor tamaño. Es de considerar que la misma no tiene un tratamiento específico definido pero puede revertirse, conociendo el origen del problema, consultando a un profesional experto donde se establezcan estrategias para el tratamiento de manera consensuada como: técnicas para ejercicios de relajación, terapias de exposición controlada, programación neurolingüística y terapias cognitivo conductual.