Y ser señalada en el intento.
¿Cómo es que nadie se dio cuenta?
Siendo una estudiante de diseño tuve una visión del mundo antes de la que tengo actualmente, donde siento constantemente que una parte de mi propia biblioteca de alejandría se hubiera quemado.
Y una de ellas era mi forma de comunicarme ante el mundo.
Siendo pequeña disfruté de la gloria de la buena autoestima. Después de pensar que todo puede ser horrible, siempre habrá un lugar donde te entiendan, hablen en tu idioma y hayan persistentes apreciaciones sobre la forma de pensar de la otra persona.
Sonaba utópico, pero conocí cierto programa para niños con talento académico. Pude conocer gente igual de abierta de mente (como solía decir) que yo. Que gustaba del arte, de la política, de espiritualidad, de sexualidad... todo. Sin tapujos. Era gente que cachó que el prejuicio es sólo una limitación para la exploración de cosas importantes.
Pero mucha gente de ese lugar compartía algo en común:
Éramos casi todos personas neurodivertidas.
Ya perdón, neurodivergentes.
No teníamos diagnóstico. Y quienes lo tenían eran muy pocas personas. Casi nadie hablaba de ser autistas, tdah, toc, nada. Sólo de que éramos MUY inteligentes, curiosos, con potenciales ENORMES.
Y por eso mismo, sabíamos comunicarnos bien. Bastante bien. Sentimos alivio, sentimos pertenencia. Cosas que tuvieron que haber estado garantizadas.
Cosas que se destruyeron con el tiempo hasta llegar a la Universidad.
Mmm mejor no en la Chile como quería, mejor en la UC, Y TODO POR UNA CONVERSACIÓN CON OTRA EX-NIÑAPROGRAMAESE.
Que n i s i q u i e r a c o n o c í a .
Quedé. Me convertí en una alumna UC. Era predecible por todos. Exepto por mí. ¿Por qué ya no creía en mí como cuando tenía 14 años?
Porque a medida que el ágora se volvía cada vez más íntima, más nos enfrentábamos a lo mierditas que éramos. Y evidentemente, no sabiendo que tenía UN ULTRA SENTIDO DE JUSTICIA, donde cada cosa mala que hacía se sentía como un crimen...
Cada error, cada ignorancia, cada mal paso. TODO era castigado y quedaba en "No eres buena persona, no te mereces NADA"
Y es así como volví a caer en depresión, mi ágora me llevó a esto. Quizás no tuve que haber profundizado. Y menos haber hablado su idioma.
De ser el foco de atención, una estrella
Pasé a ser una persona excluída incluso de su propio paraíso.
Desde ahí "supe" que mi forma de comunicarme era dañina, malvada, perversa, que no conoce desde dónde se relaciona. Ni desde dónde se comunica.
Y eso me hizo tener el inicio de mi adultez bastante complejizado, me sentía una analfabeta social. Una analfabeta del arte, un despojo. Era la calaña más baja de toda la carrera.
La niña trofeo. La niña estrella, brillante, llena de sueños, ganas de ser lo que es Greta Thungberg, Malala Yousafzai, Ana Frank.
Se enfrentó a que no sabía comunicarse y que sus padres tampoco se preocuparon por incitarla a aprender el idioma del mundo. Y tampoco me encontré con un lugar que me explicara que es lo que realmente me pasaba.
Quizás trataste de entenderme (Sí, tú, quien lee esto), pero estoy esforzándome constantemente para poder señalar lo que realmente quiero decir sin necesitar traductores o máscaras.
Entrar a la carrera de diseño me hizo pensar en muchas cosas, sobre todo en ese "algo" que tenían mis compañeros que yo no. Lenguaje social. Eso me jodió la vida.
Pasé por muchas penurias por no saber esto.
Pude haber sido ESA diseñadora antes.
No obstante entiendo que esto sólo fue un camino distinto. Lo estoy logrando. Estoy en el punto dónde mi comunicación está tomando forma al fin. Dónde estoy tratando de presentarme como lo que soy: Un collage.
Esa es mi forma de comunicar, juntando cosas que parecían imposible pero que mirándolas con detención te das cuenta que tienen más cosas en común de lo que parece.
Y de eso se trata, todo este proceso me hizo darme cuenta que sí, escogí bien mi carrera y que mi camino no fue en vano. Soy lo que le dicen "late bloomer" ¿Y qué?
Tuve que darme cuenta sola.
Quizás fue saturno haciendo de las suyas.
Bueno, tardé 27 años en aprender a hablar.