Que problema es eso de sentir.
Luego de dos años volví a ese pueblo.
Y poco había cambiado, era agradable estar de vuelta pero muy en lo profundo sentí angustia, porque me fui huyendo de mi pasado, porque ya ni siquiera puedo recordar la niña que fuí cuando andaba por las calles a deshoras, con mi perro y los audífonos a tope.
No pretendía volver, no quería hacerlo, pero ¿Quien en su sano juicio se perdería el cumpleaños de mamá?
Así que quise pasar desapercibida.
El transporte me dejo al otro lado del pueblo, y solo pensé en llegar lo más pronto para evitar percances.
-¡Hey! Marceline, que tal estas?
Yo, con más ganas de llegar a mi casa que de conversar conteste.
-¿Bien, y a usted como le ha ido?
-No puedo quejarme, termine mi carrera y en unos meses me iré para Canadá a estudiar una maestría, oye hace mucho que no hablamos, ¿que ha sido de tu vida?
Me respondió, sin percatarse de que lo último que necesitaba era una conversación en el parque, a la vista de todos.
A lo lejos escuche una moto, con un sonido peculiar, que me erizo la piel, así que no dude en Voltear, pero no pude ver nada.
¿No se me pudo haber ocurrido peor cosa para contestar?
No era nada personal, me agrada Santiago, pero no era el momento para una conversación.
Mmm, veo que estas apresurada, quizá nos topemos y hablemos bien luego. Me dijo, percatandose de mis pocas ganas de seguir con la charla.
Apresure mi paso, solo quería estar en mi casa, que el fin de semana pasará en un abrir y cerrar de ojos.
Llegue al barrio, estaba a escasas cuadras de mi casa y sentí alivio, porque mi corazón seguiría intacto.
Nuevamente escuche una moto, y emita un ruido que de nuevo se me hizo demasiado familiar. Pero esta vez no voltee, sin embargo, el ruido se escuchaba cada vez más cerca, hasta que vi como una moto se parqueaba a mi lado.
Solo pude maldecir a el mundo, por haberme llevado a esa situación.
-Hola Marceline, esa voz la conocía, era él.
- No pensé volverte a ver por estos lados, dijo él, mientras me miraba a los ojos.
-No pensé que volvería, conteste, simulando frialdad.
-La única razón, por la que me atreví a volver es el cumpleaños de mi madre.
-Ah, ya veo, la felicitas de mi parte... ¿y que tal te va en la universidad?
-Bien, aunque no creo que te incumba. le dije, cada vez más distante.
Aunque intente evitar el contacto visual me fue imposible luego de varios segundos.
-Te ves hermosa, igual que siempre.
-¿De verdad? Respondí irónicamente, sabiendo que nadie se ve hermosa luego de un viaje de 10 horas.
-Hazme, y hazte un favor; estaré en el pueblo muy poco tiempo, ¿vale? Así que te pediré que mantengas la distancia, yo me iré el lunes, y tu vida seguirá igual a como la estas llevando, Que por cierto no me importa. Le dije, soné tan segura que hasta yo me convencí de que en realidad no me importaba.
-Me parece bien, fea; pero antes me tienes que dar un abrazo, y te juro que no te buscaré más...
Esa era una de sus artimañas preferidas,
El sabia lo mucho que me gustaba abrazarlo, cuando fuimos.
-Solo un abrazo, y luego vas a desaparecer de mi vida.
El me miró a los ojos, para luego rodearme con sus brazos; yo había soñado con ese momento tantas veces, que ahora me resultaba imposible concebir que estaba pasando.
Solo cerré mis ojos, y lo abrace con hambre atrasada.
-Ves que no fue tan malo. Ya no eres la niña de la que me enamore, ¿Pero sabes? Me encanta la mujer que eres ahora, y para la próxima, no me abraces tan fuerte, pude escuchar tu corazón, pude sentir que aún late por mi. Aquí está mi numero, serás tu quien me busque.-Me dijo.
No me dio tiempo de reaccionar, Solo pude callar, el lo sabía.
Encendió su moto y se perdió entre las calles.
Eche un vistazo al papel, y era un numero, con su nombre.
Vaya que estoy jodida. Es una lastima, que los peores hijos de puta se movilicen en moto.
Llegue a casa y mamá me abrazo como si me hubieran rescatado de la muerte. Luego de una corta conversa, le advertí que estaba cansada y que quería dormir un rato.
Eran las 6:40 y saque ese papel de mi bolsillo, -es una locura-, me dije y rápidamente lo volví a guardar.
Y aquí estoy, sintiendo sin querer, luchando con mis ganas de hacer esa llamada, o de que la tierra me trague, lo que primero pase.