Rabbie se tomaba muy en serio las promesas. Había dicho que se pasaría de visita, y eso era lo que pensaba hacer. Había tardado un poco, porque las últimas semanas lo habían arrastrado a otro Estado para supervisar personalmente su instalación en una exposición, y él necesitaba bastante tiempo antes, durante y después del evento para lidiar con esas cosas. Solo cuando hubo regresado y pasado varios días en la calma de su casa, sacó las ganas de salir a desayunar fuera. Incluso en fin de semana mantenía su rutina, que incluía ser realmente madrugador. Para cuando llegó, no solamente el café debía haber justo abierto, también estaba desierto. Iba tapado hasta arriba con abrigo, bufanda y gorro, porque, como el rojo brillante de su nariz evidenciaba, era además bastante sensible al frío — Hola —saludó. Él nunca saludaba al entrar a los sitios, pero iba, se suponía, a visitar a una amiga.
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