La Torre
Con una cabeza en la mano, cuyo cráneo roía, subí los peldaños que ascendían a una elevada torre. Llegué, con las piernas cansadas, a la plataforma vertiginosa. Contemplé el campo, el mar; contemplé el sol, el firmamento; empujando con el pie el granito, que no cedió, desafié a la muerte y a la venganza divina con un supremo abucheo, y me precipité, como un adoquín, en la boca del espacio. Los hombres oyeron el choque doloroso y resonante que resultó del encuentro del suelo con la cabeza de la conciencia, que había abandonado en mi caída. - Los cantos de Maldoror












