TUPPERWARE
SELMA VOUBIER


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TUPPERWARE
SELMA VOUBIER
REFRACTARIO.
I
Justo volvía en mí. ¿Alguna vez ha sentido esa rara sensación de perderse en su mente mientras utilizan algún sentido agudamente? Regularmente, me sucedía mientras miraba los detalles de algún objeto, pero esta vez el sonido la incesante lluvia me estimuló a flotar entre mis pensamientos en lugar de decidir si tomarlos o ahogarme en ellos. (¿Qué estoy haciendo hablando solo?)
Pero eso no era todo. En medio de la ciudad durmiente, había un silencio estremecedor. A pesar de que todos los edificios brillaran a través de sus ventanas, no había iluminación afuera. Estaba muerta la banqueta, estaba desolada la calle.
En medio de la búsqueda me topé con un bar, que al igual que todo, vivía para sí mismo y no para lo que se encontrara fuera de su piel; al entrar, todos me miraban con extrañeza: no por encontrarme empapado al no portar un paraguas, sino por venir de afuera. Vi a unos cuantos parpadear para cerciorarse que lo que estaban viendo no era una ilusión y se dispusieron a seguir tomando silenciosamente. No había música a pesar de la hora. Muchos estaban dormidos.
(Malos tomadores.) – asumí.
Al acercarme a la barra para pedir un café, el barman me ofreció una bebida caliente y una toalla, las cuales acepté mientras me preguntaba.
“¿En dónde lo atrapó la lluvia?”
“Justo llegué esta noche a la estación de autobuses y ya estaba lloviendo. A pesar de eso, quería encontrar alojo cuanto antes y me arriesgué a mojarme. Espero no enfermarme. (Atraparme, ¿por qué?)”
“Enfermarse… ¿por qué no se alojó en la estación?
“¿Puedo hacer eso? ¿Tienen cuartos ahí? (No está de más ser sarcástico, es probable que si tuvieran cuartos ahí.)” – pude notar su expresión al servirme mi bebida. Hurgó entre sus bolsillos y sacó una llave.
“Esta llave es del cuarto 4 de arriba. Puede quedarse aquí, pero ya no se exponga cuando llueve.”
(Me había parecido un poco fuerte la palabra “exponer” como para tomar en cuenta un posible resfriado.)
“Muchas gracias, ¿cuánto la noche?”
“Cortesía de la casa.” – contestó mientras apagaba las luces de la barra y se marchaba a su cuarto conectado al restaurante.
(Qué sospechoso sujeto. Es mejor descansar y averiguar a lo que se refería en la mañana.) Terminé mi bebida caliente y para no molestar a los demás clientes solo la puse en la lava losa; en cuanto a la toalla, decidí devolvérsela a la mañana siguiente para secar todo mi cuerpo.
El cuarto sorprendentemente estaba bien equipado, tenía una cama, un escritorio y un baño. (Lo necesario.) Decidí tomar una ducha y no sabía si el sonido de la regadera era del agua que me bañaba o el agua que me había empapado hace un momento.
(Existen muchas cosas que se parecen entre sí en este mundo.) – concluí.
II
Había pasado una buena noche. Al menos mejor que en el autobús. (Una cama siempre será mejor que un asiento.) Era hora de partir, quería seguir mi camino; Bajé de las escaleras y todavía algunas personas seguían dormidas, pero claramente muchas ya se habían ido. Al dirigirme al barman y entregarle la llave me preguntó.
“¿Usted no es de por aquí, cierto?”
“Estoy en un viaje y pase por la ciudad, hoy mismo parto. Muchas gracias por su hospitalidad. (La toalla.) Olvidé la toalla, justo ahora se la traigo.”
“Será mejor que se marche, hoy también está pronosticada la lluvia.”
“No hay problema, viajaré hasta donde no p…”
(Usted no puede derrotar a la lluvia.)
Claramente esos no fueron mis pensamientos. Pude escucharlos claramente como si me los hubiera pronunciado su boca en su mismo tono de voz. Al ver su mirada me di cuenta que eso que escuche como un eco en mi interior fue su verdadero lenguaje y que no se atrevía a vociferar. Tenía que marcharme de inmediato de esta ciudad.
Caminando por la ciudad, decidí saciar mi hambre en un café cerca de la plaza del centro (Con hambre no puedo pensar bien), A pesar de la advertencia mental de ese barman, me sentía extrañamente curioso por dicha situación (¿A qué se refería con derrotar a la lluvia? ¿Era posible alojarse bajo cualquier techo y por qué lo era?).
Conforme llenaba mi tanque de pensamiento con cuestiones referentes a lo ocurrido en el bar, sucedió de nuevo.
(Este tipo no tiene ni idea de lo que pasa en esta ciudad.)
Pero esta vez parecía más intencional la advertencia. Esta vez, se trataba de una mujer sentada en una mesa cercana a la mía. La detecté de inmediato, me paré de mi asiento y sin dudar pregunté.
“¿Qué sucede en esta ciudad y por qué nadie me lo ha contado?”
Me sorprendió su expresión, no porque se haya dado cuenta que leí su mente, sino porque se veía más incómoda de que haya invadido su desayuno. Tomó un cigarrillo y me ofreció uno.
“No, gracias.”
“En este mundo, la gente temé verse al espejo porque es una reproducción fiel de la realidad que los acosa…”
(…cuando en realidad, a lo que deberían temerle es a los reflejos de sí mismos…)
“… ellos habitan en una dimensión escasa e incompleta, sin razón de existir, desesperadamente buscan consumir lo primero que tengan a la mano…”
(…nosotros mismos.)
Casi como si escuchara a dos mujeres recitando las mismas palabras en un dueto musical, la escuché a ella. Realmente la escuché y sentí un chorro de sangre fría fluyendo por mi cuerpo.
III
Caminando por la plaza central, ella me explico quién era y cómo me había seguido desde que me aloje en el bar.
“Soy una especie de ‘capataz’ por aquí.” (¿Cómo explicarle?)
“¿Capataz? ¿Cuál es la justicia que proteges?” – respondí atento a sus pensamientos, yo ya seguía dos conversaciones.
“No tanto la justicia, sino el equilibrio…”
“¿Entre qué cosas?”
(Personas y…)
“Komorebi.” – no espere a que terminara de dudar si contarme la verdad o no. Su expresión esta vez no era de sorpresa, era de afirmación.
“¿Eres tú también un… ‘capataz’?”
La nostalgia inundó mi cuerpo. Poco a poco sentía como desde la planta de mis pies me invadía y recorría toda mi piel hasta las puntas de mi cabello. La plaza que recorríamos estaba muy localizada, rodeada de cafeterías para que la gente tomara descansos, arborizada para que ni el sol ni la lluvia fueran un problema. Aun así, los rayos de luz atravesaban las nubes que apenas se agrupaban y las copas de los árboles frondosos. Me alcanzaban y acariciaban mi piel, entibiando la nostalgia que me hacía flotar y hundirme a la vez.
“No lo soy, pero al parecer puedo escuchar los pensamientos de las personas. ¿Puedo ser de ayuda a tu causa, capataz?”
“Llámame… (Foa.)”
IV
“Por suerte para ti, todos en esta ciudad tenemos un cuarto de huéspedes.” – mencionó Foa.
“En este cuarto cabe mucha gente, tal como sucedió en el bar.”
“Esta región se encuentra cerca del mar, por eso el clima suele ser muy lluvioso.”
“No creo que sea la lluvia a la que temen, ¿verdad? Es decir, yo me mojé y…”
“Claro que la lluvia no…” – era la primera vez que la veía hacer una mueca aparte de su seriedad y sorpresa. Estaba sonriendo, como si se hubiera quitado esa pesada máscara de encima. – “ …se trata de lo que causa la lluvia.”
“¿Humedad?”
“Charcos. En los charcos, nuestras siluetas se reflejan.”
“Ah, es sobre lo que me contaste.”
“Así es, esas siluetas son un tipo de komorebi agresivo, y se alimentan de su reflejo; nosotros. Así como ellos representan una imagen incompleta de nosotros, somos los humanos los que presentamos la representación completa de ellos.” – me explico mientras encendía otro cigarro.
“¿Cuánto tiempo les tomó darse cuenta?”
“Antes de que yo llegara, ya nadie salía en época de lluvias. También cambiaron todos los cristales por un traslúcido especial que no produce reflejos. Tampoco tienen espejos.”
“¡Es verdad!”
“Los espejos no tienen nada que ver, pero vaya, si la gente se siente más tranquila así, no tengo por qué entrometerme.”
“Espera, he estado en lugares lluviosos antes y no se han manifestado este tipo de komorebis”
“Así como las especies de animales y plantas, y las razas de humanos, los komorebis tienen hábitats, lenguajes, costumbres y culturas. Existen unos más civilizados que otros. Estos podrían considerarse depredadores.”
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“¿Qué fue eso?”
Una tormenta de pensamientos me atacó de golpe. La pesadez de una gran cantidad de pensamientos invadía mi mente. Como un globo llenándose con agua rápidamente, no tenía ni idea de cómo cerrar el grifo.
“Shizu, ¿Qué te pasa? ¿Estás bien? Shi… zu…”
Para una superficie tan elástica como la de la mente, incluso hay límites. Llenarla con tanta información en tan poco tiempo sobre saturó mi capacidad de pensamiento. Decidí huir. Alejarme lo más posible de esta realidad. Involuntariamente me adentré por primera vez a una realidad que no fuera la mía.
V
Al abrir los ojos, me encontraba volando sobre un pastizal enorme. Después de limpiar mis lentes pude enfocar un encuadre particular. Se trataba de un padre y su hija montando a caballo libremente.
(Algún día me gustaría cabalgar sola sin la ayuda de mi papá.)
La escena rápidamente se tornaba borrosa y el encuadre se torcía. El cambio de perspectiva me causaba náuseas. Al vomitar, me di cuenta que de mi cuerpo solo salía agua que terminó por cubrirme todo. Al abrir los ojos para ver que había debajo de la superficie me di cuenta de que se trataba de otro encuadre. La misma niña, ahora mujer, cabalgando al lado de su padre. Esta vez, con miradas de desesperación huían de la lluvia, y de algo que los perseguía. Pude darme cuenta de que se trataba de los komorebis que acechaban en la ciudad.
(Taika.)
Escuchaba una voz de un adulto mayor detrás de mí. Decidí voltear de reojo mientras en el encuadre anterior veía que el padre de la mujer detuvo su caballo para contener a la amenaza.
(“No te detengas.” – Gritó - “Pronto te alcanzaré.”)
La niña llorando continuó galopando mientras lloraba a gritos. Ella conocía el destino de su padre.
Al voltear sentí un cubetazo de agua que golpeaba mi cara. Al recobrar mis sentidos vi la figura de un anciano.
(Ese es el nombre del ente que atacó a ti y a tu padre. Dime, ¿qué quieres? ¿Venganza?)
(Solo… no quiero que suceda de nuevo.) Dijo la mujer empapada y llena de heridas.
(Oh… justo estaba preparando mi sermón sobre la venganza, pero mira qué me encuentro. Pasa muchachita, tengo ropa nueva y un techo cálido. Hay mucho que debes aprender. No te preocupes, no eres la única.)
Compañeros. Diferentes historias y pasados. Cada quien tenía una razón de estar ahí. Sus recuerdos avanzaban más y más rápido como si alguien hubiera destapado el caño de una bañera. En espiral me encontraba repasando todos los momentos. Pruebas y lecciones. Amistades y despedidas. Cada quien tomo su camino.
(Todos los caminos congeniaron en esa persona. ¿Quién es esa persona?)
Cuando la velocidad del flujo fue tan rápida que mi mente no podía concebir ningún recuerdo, solo pude observarme a mí la primera vez que llegué al bar de al ciudad.
(Ya veo, estos recuerdos…)
Justo volvía en mí. ¿Alguna vez ha sentido esa rara sensación de perderse en su mente mientras utilizan algún sentido agudamente? Regularmente, me sucedía mientras miraba los detalles de algún objeto, pero esta vez los ligeros golpes de la llovizna me estimularon a flotar hacia la superficie de mis pensamientos en lugar de decidir si tomarlos o ahogarme en ellos.
(¡Shizu!)
(Ahí está Foa. ¿Dónde estoy?)
Mientras me levantaba me di cuenta que estábamos en un callejón. Por las calles, corría un grupo de ciudadanos dispuestos a asesinarnos.
La lluvia comenzó a caer.
VI
Al recobrar el sentido de mi cuerpo, subimos a los techos para advertir a la gente que tratara de regresar a sus casas o tomara refugio. Era demasiado tarde. Apenas se apilaron las gotas de agua, comenzaron a salir reflejos de los charcos atacando al grupo de personas que nos buscaba.
“¿Qué está pasando?” – pregunté conforme corríamos al hogar de Foa.
“No puedo creer que no lo recuerdes. Desapareciste cuando estábamos en mi hogar, el barman reunió al grupo de gente que durmió en el bar aquella noche y buscaban lincharnos para evitar la catástrofe de los reflejos. Al no encontrarte, no tuve más opción que huir de ahí. Así terminé en el callejón y luego…”
(…de mi cabeza comenzó a salir una fuente de agua de la que tú saliste.)
(Entonces esas memorias eran… esa niña de la historia ¿eras tú?)
“Shizu, ¿qué eres? ¿Un komorebi?”
“No, bueno es difícil explicarlo… ¿por qué lo dices?”
“He estado evadiendo reflejarme en cualquier charco todo este tiempo, pero cuando saliste de mi cabeza me di cuenta que no te reflejabas en el agua, aparte, esa habilidad que tienes de leer las mentes y no solo eso, es probable que te hayas infiltrado a mi mente.” – Frenó su correr para enfrentarme de frente – “No quería otorgarle el beneficio de la duda a los ciudadanos, pero, ¿acaso viniste a causar revuelo con los taika?”
“No, Foa, te equivocas. Yo ni siquiera conocía que los llamaban Komorebi. Verás, yo…”
“¡¿Tú qué?!” – exclamó mientras sacaba un arma similar a una resortera. De su mano, creó un haz de luz, igual de cálido que aquel que traspasaba por las hojas de los árboles y se dispuso a disparármelo.
“¿Q-qué es eso?”
(Recuerda Shizu: los humanos buscan imitarnos a nosotros manifestando su energía espiritual. Esta energía espiritual no es ilimitada para nadie. Tal como la energía física, necesita descanso y cuidado. No hay nada más brillante que la energía que busca proteger a otros. Todos a fin de cuentas, somos parte del mismo flujo de energía y del mismo equilibrio.)
Foa disparó justo en el blanco. Al observar la situación, su cara palideció. Shizu había atrapado el haz de luz con sus propias manos. En ese momento, un recuerdo muy vívido llegó a ella.
(Para destruir a un komorebi, la energía espiritual humana es como veneno para ellos. Asimismo, su energía espiritual es veneno para nosotros los humanos. Dos lados de una misma moneda… a fin de cuentas, todos somos parte del mismo flujo de energía y del mismo equilibrio.)
Shizu se acercó a Foa con el haz de luz en mano.
“No debes desperdiciar tan valiosa energía espiritual. Tus ganas de proteger a otros se ven reflejadas en ella.” – comentó Shizu mientras colocaba el haz de luz en las manos de Foa.
“Tú no eres… un komorebi.”
“Sí, lo soy. También soy un humano.”
VII
“Nunca había utilizado el vagón de pasajero, pero…” – Foa desenfundo el viejo artefacto – “…esperemos que funcione.”
Comenzamos a recorrer las calles de la ciudad mientras caía la lluvia. Foa me contó que había ciertas condiciones para que los taika adquirieran energía necesaria para salir de los charcos. Una de ella era durar cierto tiempo reflejado en alguna superficie. Mientras estuviéramos andando a cierta velocidad, no habría riesgo para ella.
“No solo con energía espiritual puedes derrotar a estas cosas.” – Foa me lanzó lo que pareciera un rifle con un cañon muy ancho – “Eso dispara una especie de bombas molotov de calor comprimido. A pesar de que los taika reflejen a un humano, están hechos de la superficie del reflejo, es decir, agua. Ese rifle los vaporizará básicamente. Tenemos que salvar a todos los que podamos.”
“La gente que es consumida… ¿qué sucede con el taika?”
“Desaparece.”
“¿Y la persona?”
“Desaparece.”
“…”
“Vamos a salvar los que podamos, no debemos lamentarnos las fallas. Te lo dije, ¿no? Busco el equilibrio, y esta gente ignoro las advertencias del clima solo para poder asesinarnos.”
“Está bien.”
Al llegar a la plaza central, encontramos a varios taika persiguiendo a sus semejantes completos. Algunos tiros los acertaba y otros llegaban demasiado tarde. Al vigilar el área, Foa me dijo que me encargara de los charcos. La lluvia comenzaba a cesar.
“Parece estar todo muy tranquilo.” – recalcó Foa.
De pronto nos atacó una silueta con media cara, era un taika consumiendo al barman.
“¿Podemos salvarlo?” – pregunté mientras apuntaba mi arma.
“¿Seguro que quieres hacerlo?”
“¡Papá!” – escuchamos el grito de una pequeña niña en medio del caos.
“Tsk, ve a cuidar a la niña, yo me encargo.”
Me dirigí a proteger a la niña, mientras miraba de reojo cómo Foa lidiaba con esa situación.
“Tranquila, la señorita se encargara del monstruo y salvará a tu papá.”
(Qué familiar situación.)
“Foa…”
La pelea se desarrollaba con tal intensidad que no podía reaccionar a siquiera buscar un lugar seguro para nosotros. Nunca pensé que los humanos podrían ser tan fuertes ante la adversidad de lo desconocido. Las palabras de mi abuelo nunca habían tenido tanto sentido.
(Somos su veneno, y ellos de nosotros. Por eso estamos en equilibrio.)
(Mi padre me salvó de un taika similar cuando era más joven y ahora me toca a mí salvar a un padre… qué ironía.
Shizu… eres una persona muy interesante, no porque seas un híbrido humano / komorebi, tampoco por tu habilidad de explorar las mentes de las personas. Eres interesante porque es sencillo confiar en ti.
No llevas ni un día en esta ciudad, y siento como si me hubiera encontrado a un compañero de aquella clase de Sen. En verdad que aquellos días me salvaron de la oscuridad de perder a la única persona que me ataba a este mundo, mi padre. Por eso niña, salvaré a tu padre, aunque sea una basura de persona. Barman, me debe el mejor de sus whisky… de por vida.)
(¿Sen es el anciano…?)
Foa había logrado separar al barman del taika, pero algo se sentía extraño. Como si su energía estuviera tan inestable de casi llegar a su ideal de perfección pero no lograrlo. En ese momento, Foa decidió tomar su espacio asegurando al barman cerca de mí.
“Ahora sí, Shizu, no te detengas. Pronto te alcanzaré.”
El temblor de mis piernas cesó, nunca había cargado a un hombre de mi estatura y peso, mucho menos con una niña, pero mi cuerpo respondió a la situación. Mi menta estaba desbordándose de un pensamiento bullicioso:
(Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir. Sobrevivir.)
Justo volvía en mí. ¿Alguna vez ha sentido esa rara sensación de perderse en su mente mientras utilizan algún sentido agudamente? Regularmente, me sucedía mientras miraba los detalles de algún objeto, pero esta vez la calidez de la energía espiritual de Foa me estimuló a regular la temperatura de mis pensamientos. El bullicio terminó. No conocía donde me encontraba, puesto que no había explorado la ciudad con detenimiento. El barman seguía respirando y la niña se encontraba consciente.
(¿Lo logré?)
El sol estaba saliendo, asi que decidí colocar al barman y a su hija debajo de la sombra de un árbol. Al levantarme no pude evitar ver la luz que se filtraba entre las hojas del árbol. Esa calidez me recordó a la energía espiritual de Foa.
(¡¿Dónde estás Foa?! ¡¿Dónde estás Foa?! ¡¿Dónde estás Foa?! ¡¿Dónde estás Foa?! ¡¿Dónde estás Foa?! ¡¿Dónde estás Foa?! ¡¿Dónde estás Foa?! ¡¿Dónde estás Foa?!)
(La venganza es un tema irrelevante para el equilibrio de la naturaleza.)
(Foa, no, no, no, no, no. Detente, por favor. No conozco esta ciudad, no sé a quién dirigirme. ¿Alguien nos hará caso después de lo que nos trataron de hacer? Foa, por favor.)
(Supongamos que quieres vengarte del komorebi que asesinó a tu padre. Para empezar, el tema de asesinar es una construcción del hombre, ¿no es así? Los hombres asesinan con una intención, pero cuando el ente natural mata, lo hace para consumir, para sobrevivir. Rara vez vemos a dos entes de la misma especie matarse los unos a los otros para consumirse. Solo el ser humano es capaz de asesinar. Los komorebis no asesinan, consumen. No existe tal cosa como la falta de respeto a la vida como lo es asesinar. Si en este mundo alguien respeta más al flujo de energía y al equilibrio, es la luz que atraviesa las hojas del árbol. La luz busca atravesar el árbol, pero es la luz parte fundamental del crecimiento del árbol.)
É P I L O G O
(Qué día tan caluroso.)
Por si fuera poco, a partir de que descubriera en qué consistían mis habilidades, me perdía aún más y más en mis pensamientos. También en parte, porque no tenía con quién conversar. Mi viaje lo había realizado solo y aún continuaría hasta no sé dónde, hasta no sé cuándo.
Poco a poco me acercaba a la casa del maestro Sen, aquel del que Foa me contó en sus pensamientos.
(Me pregunto qué memorias habrán quedado impregnadas por aquí y qué historias aprenderé.)
“Florecillas, florecillas. Necesitan agua~” – cantaba un viejo mientras regaba su jardín – “¡No olvidemos al naranjero! ¡Moriría sin mis naranjas! ¿Qué más? ¿Qué más?” – Al percatarse de mi presencia cerro el grifo del agua y se dirigió a mí – “Oye muchacho, ¿Tú vienes a darme malas noticias, verdad?”
“Buenas tardes, ¿es usted el señor Sen?” – pregunté de trámite solo para confirmar.
“No debiste haberte molestado muchacho, conozco a mis estudiantes. Solo dime una cosa: ¿entendió Foa lo que significaba la venganza dentro del equilibrio?”
Sentí un nudo en mi garganta. Por más que intentará reunir mi compostura, mi voz solo iba a dar una respuesta quebrada.
“Ella… ella nunca obró por venganza, señor. Ella… respetó la vida más que nadie.”
(Hmn.)
(…)
(…)
(…)
(…)
“¡¿Por qué no piensa nada?! ¡Reaccione o algo!”
“Ah, sí. Justo volví en mí. Tiendo a perderme con las noticias tristes. Estaba pensando que ahora que viene el otoño, necesitaré ayuda para recoger todas esas hojas.”
“Usted no estaba pensando eso.”
“¿Cómo lo sabes muchacho? ¿Puedes leer mentes o algo parecido?”
“Yo…”
“¿Nunca se te ocurrió que pudiera existir gente que escondieran sus pensamientos de fisgones como tú?”
(Eh…)
“¿De qué está hablando?”
(Los humanos buscamos imitar a los komorebi manifestando nuestra energía espiritual. Esta energía espiritual no es ilimitada para nadie. Tal como la energía física, necesita descanso y cuidado. No hay nada más brillante que la energía que busca proteger a otros, sin embargo, existen varias maneras de manifestar esta energía y de controlarla. Conforme el ser humano se conoce a sí mismo y a sus limitaciones dentro de la gran naturaleza espiritual, solo así puede conseguir un lugar más digno en el mundo.)
“Nunca nadie mencionó que los seres humanos o los komorebi estuvieran unos arriba de otros en el orden espiritual. Lo que tú experimentaste con Foa fue un caso excepcional, en donde el ser humano dejó de lado su dignidad y buscó faltarle al respeto a la vida. El sacrificio de Foa fue una acción de extrema humildad y totalmente respetable. Ella dio su vida para mantener el equilibrio.”
“Maestro Sen, ¿qué es usted?”
El maestro sonrió.
(No importa qué soy, muchacho.)
“Todos a fin de cuentas, somos parte del mismo flujo de energía y del mismo equilibrio.”
Ordre Du Coure #Refractario https://www.instagram.com/p/CO9ksdCF9lpEkpgcwIwxxGIfbFFWVaZNlWlrxc0/?igshid=f0frop2z4hpm
#refractario #huginandmunin #reflejos #pensamientoymemoria #vikings #day #windows #Montevideo #Uruguay #voyxlapaz (en Ciudad Vieja, Montevideo)
Contra esta normalidad carcelaria.
Esto es ante todo producto de la rabia de quienes no vemos como nuestras aspiraciones podrían encajar en sus escaparates, en sus urnas, nuestros cuerpos en sus maniquís, nuestras vidas en sus televisiones, nuestras mentes en sus escuelas, y tampoco lo deseamos. De un puñado de personas que no nos resignamos a ser consumidores pasives de esta normalidad prefabricada como patos a los que van a hacer foi gras. Hablamos en plural porque somos todes les que hemos sido, pero sobre todo porque ahora escribe la rabia de todes les que no nos habéis dejado ser. Esto es algo que sale de repente, sin aviso ni permiso, y sin un fin concreto: quizá huir del vacio de esta vida programada, quizá aportar un granito de arena a la destruccion de una hegemonía cultural que nos ahoga, quizá las ganas de dejar de estar siempre a la contra y crear algo. Como deciamos es más bien un grito de rabia visceral, de desahogo, pero aunque instintivo, consciente, lleno de fuerza, combativo, de ganas de cambiar y de crear. No hay detrás de estas palabras mucha reflexión, escribo como escupo, pero la poca que hay es clara: cualquier cosa divertida, creativa, interesante, atractiva, cualquier cosa que realmente llene de alguna forma nuestras aspiraciones, que nos llene a nosotres mismes, ocurre al margen de lo establecido, de esta mediocridad impuesta, del poder, de la costumbre y de la norma. Siempre al margen, siempre, cuando no directamente en contra: frente al imperio de lo normal, la venganza de les rares (como dice Perro Lobo). Porque estamos cansades de este aburrimiento crónico y este vacio, creados por quienes luego nos imponen el consumo de sus productos fabricados en serie, plastificados y envueltos para regalo como única forma de llenarlo. Porque hemos decidido dejar de ser tan solo espectadores pasives de este circo de luces y sombras (sobre todo sombras). Porque queremos ser protagonistas y no testigos en el escenario de nuestras vidas. Porque somos.
VII Salón Refractario de Granada
Desde que emprendieran su andadura a finales de la década de los 90 del siglo pasado (ver orígenes…
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