Me equivoque pensando que estarías ahí para mí toda la vida. Así como alguna vez lo prometiste. Pero no te culpó, sé muy bien que en parte fue culpa mía. Creí erróneamente que podía jugar con tu presencia y tomar decisiones a la lijera, como algún día me lo dijiste. Sé perfectamente que ya hay alguien ocupando ese espacio vacío que dejé a tu lado... y no la culpo. No fue culpa de ella haberse encontrado con un hombre que pareciera que lo idealizas, pero no, tu escencia la atrapó. Fue culpa mía haberte dejado ir... no haber luchado por ti, no haber dado otro esfuerzo contra mi orgullo para regresar contigo. Pero quiero decirte algo; ella es una rosa recién cortada. Su aroma y su color siguen intactos... en cambio yo, soy como un cactus. Al principio, accediste a tocarme y no tuviste cuidado... y te espine. Pero ella, te impresionó con la delicadeza se sus petalos. Ella, aún guarda una historia. No sabes como puede realizarse, ni siquiera conoces el último detalle de su tallo... y ella tampoco te conoce en absolutamente nada. Ustedes conocen sólo la parte superficial de cada uno. Yo, por otro lado. Ya vivi una historia contigo, sé muy bien... que no fue como querías. Pero conoces hasta la última espina de este cactus. Sabes todo de mí; mi mal genio cuando no he comido, mis peores hábitos, mi adicción por el chocolate, mis ataques de azúcar, mi pasatiempo favorito, mis malas ganas de responder, mi voz de niña chiquita, mis gritos al cantar, mi sonrisa pícara, mi dedo grosero cuando responde a algo que me has hecho enojar, mi manera desenfrenada de hacer las cosas, mi atrevimiento... Vivimos una historia con altas y bajas pero pefecta. Tanto te conozco que sé que prefieres tomar la leche en el envase que servirte en un vaso. Te empeñas en hacerme enojar eligiendo un cigarrillo. Te encanta andar en calzoncillos. Y eruptas tan fuerte que podría escucharte hasta el otro lado del mundo. Odias pasar al baño en casa ajena. Sufres de tu maldita gastritis pero por nada dejarías de comer picante y eso te provoca unas agruras de mal gusto. Ella sólo conoce tu parte "elegante" de conquista. Tu dinero, tus lujos, los pequeños espacios de felicidad. Yo, conozco lo peor de ti. Tus problemas, tus preocupaciones, la necesidad de ciertas cosas, tu frustración, tus errores, tus malos ratos, tus defectos y tus debilidades. Lo que traro de decirte es que; con el tiempo ella se irá marchitando por mucho que intentes tenerla viva, por más cuidados que le des... las rosas al final, siempre mueren. Yo, siendo un cactus sin atracción a la vista. Sin importar el tiempo, el lugar ni el clima... seguiré con vida. Seguiré tan verde que al final de la estación: podré dar la flor más hermosa que hayas visto... Al final, ¿a quién elegiras?...