Nunca logro comprenderte. Esperas que crea cada una de las mentiras que me has dicho, vienes, te disculpas por el daño y sigues como si te hubiera dado una señal para continuar haciendo exactamente lo que me disgusta. No puedo decírtelo de nuevo porque lo niegas, actúas como si todo estuviera únicamente en mi mente y cuando resulta tan obvio que no puedes ocultarlo, solo decides culparte una y otra vez cual merecedor del más profundo odio, como si fueras al pobre que han lastimado mil veces, después borras cualquier rastro y yo soy la lunática por seguir desconfiando.
Intento hacer las cosas bien, lucho conmigo misma para dejar de equivocarme en las decisiones que tomo por ambos, lucho por dejar de lastimarte al decirte que me has hecho daño, cuando lo único mal que he hecho es seguir creyendo en ti.