Abrupta
Lograr ver la montaña
aun en la llanura citadina
que atropella
abrupta,
siniestra,
la parte aventurera de mi alma.
Sentir ese olor
que jamás volverá
y abrazar esos cuerpos
que hoy sólo viven adentro
tras cataratas de llanto
que nublan, incluso,
los nuevos deseos.
Responsabilizarse
ante las brasas encendidas
que instan a reavivar
el propio fuego sagrado.












