Este pequeño hijo del autor Thierry Robberrecht y del ilustrador Philippe Goossens publicado por editorial Edelvives nos describe la visión de un niño acerca de su padre (el mejor del mundo). El mejor padre del mundo siempre ha sido el mejor compañero de juegos y aventuras para nuestro narrador, pero todo cambia cuando dos caballeros estirados le sugieren a su padre convertirse en un rey. No nos estamos preparando para una lista de complicados eventos de su reinado, sino para cómo lo verá su hijo desde la distancia.
Algunas páginas más tarde, vemos en Mi Padre Fue Rey una gran combinación de colores verdura en las imágenes, con descripciones personales del protagonista quien se lamenta por los cambios en la interacción con su padre, ahora monarca (probablemente así se sienten muchos padres cuyo título se les va a la cabeza y abdican al trono de mejores padres del mundo).
Es un consiente trabajo de ángulos desde los cuales el niño protagonista ve y sufre los cambios en el tamaño de su padre rey, sin él convertirse en su príncipe. Los separan grandes distancias, incomodidades de ocupar el mismo lugar, compañías innecesarias y las consecuencias de ser alguien poderoso, incluso para su madre.
El tamaño es una amenaza en este libro que argumenta a favor de lo cercano, lo pequeño, lo íntimo y sentido en contra de todas esas ventajas que pueden convertirse en amenazas disfrazadas. Una bonita voz en versión de los pequeños, que nos recuerda la importancia de la familia y las consecuencias indirectas de dirigir toda nuestra atención hacia las obligaciones y no hacia los que llamamos nuestros seres queridos.