La noche era fría a la par que solitaria: viento aullante, manos heladas, calles vacías, luces tenues, murmullos en la lejanía.
Bastien se encontraba apoyado de espaldas sobre un farol, con las manos en los bolsillos de su chaqueta y la vista perdida en algún lugar de la plaza. Un charco a su derecha reflejaba aquella figura que no era suya, aquel rostro que había tomado prestado, que bien podría considerarse más un robo que un préstamo. Podía ver la ropa estrecha del antiguo pintor que ya no era. Sus obras se encontraban expuestas en la acera, sobre un manto grisáceo. Obras que no estaban firmadas, por supuesto.
La cabeza aún le daba vueltas al joven, la poción multijugos siempre le dejaba aturdido. Cuando ya pensaba que nadie más aparecería por el lugar, una muchacha joven y radiante se acercó hasta el pequeño puesto improvisado.
La chica rubia que se encontraba observando sus cuadros, levantó la mira hacia el muchacho y sonrió al agacharse junto a uno de sus dibujos. Era una marina, le recordaba al paisaje que sus amigas y ella observaban desde el salón todas las tardes del pasado verano. Era perfecto. Era exacto. Las pinceladas eran suaves, gentiles con la tela, como si fuera real…
- Vaya…- Miró al chico.- ¿Los pintas tú o sólo los vendes?
- Los pinto, y con el profundo dolor de mi corazón he de venderlos -Reconoció esbozando una tenue sonrisa a la muchacha-. ¿Te gustan? -Bastien no solía sonreír a nadie a excepción de sus hermanos. Sin embargo, una sonrisa cada vez más pronunciada adornaba el rostro que no era suyo, el rostro de Stephen. Debía conseguir vender algún cuadro aquella noche, los ingredientes de las pociones no eran baratos y su moral, a diferencia de la de Theo, no le permitía delinquir. Así que si tenía que ser amable, lo sería.
- Me gustan las marinas.- Se incorporó y le miró de frente.- Me llevé todo el verano tratando de pintar uno como este, pero no lo conseguí.- La chica se reía en alto, de sí misma, como siempre.- Dime que no es muy caro, por favor, ¡por favor!
El cuadro del que hablaba la joven lo había pintado Bastien hacía unos meses, en una visita que hicieron Line y él a Edimburgo. El lugar le pareció tan fantástico que no pudo evitar echar mano del pincel y del óleo.
- ¿También pintas?- Preguntó mirándola a los ojos.- Si pudiera, realmente te lo daría sin pedir nada a cambio.- El joven se rascó la nuca.- El arte no debería tener un precio, ¿no crees? -Una risa surgió de sus labios.- No es caro, no es tan bueno como para serlo.
- ¡Bah!- Negó con la cabeza, volviendo a mirar el lienzo.- ¡Eres mucho mejor que yo!- Volvió a reír, mirándolo.- Supongo que habrás estudiado algo referente al arte, ¿me equivoco?- Sonrió casi con pena porque ella nunca había podido hacerlo.- El arte no debería tener precio, pero los pintores tiene que comer.- Se encogió de hombros.
- No tuve esa suerte. -El chico se encogió de hombros.- Aunque me hubiese encantado. Todo lo que sé, lo aprendí por mí mismo.- Asintió sin eliminar la sonrisa.- Los pintores tenemos que comer... Porque eres tú, y porque esta noche es esta noche, te dejo el cuadro de las marinas a veinte galeones, con la única condición de que algún día me enseñes alguna obra tuya.
- ¿Lo dices en serio?- Le miró realmente sorprendida.- No puedes decirlo en serio. ¿Veinte galeones? ¿Qué?
- ¿Es demasiado caro? -Cuestionó el pintor, observando los rasgos suaves de la joven, su mirada profunda, su cabello de oro, su tez blanquecina.
- No, no lo es… Espera.- Sacó del bolsillo del vaquero las monedas y comenzó a contarlas lentamente para asegurarse de que no le daba de menos. Se acercó a él con la mano extendida.- Trato hecho…- Alzó las cejas para que le diga su nombre.
El chico estuvo a punto de revelar su verdadero nombre, pero en un acto tan fugaz como inconsciente, convirtió la "B" en una improvisada "S".
- Stephen -Dijo finalmente rozando la mano de la joven para recoger el dinero. Su piel era suave, y a pesar del frío que acontecía, era extrañamente cálida.- Ya es tuyo el cuadro, señorita... ¿Cuál es tu nombre? -Cuestionó tras recoger el cuadro.- Nombre por nombre, es lo justo.
- Robin, pero llámame Rob.- Sonrió abiertamente y colocó un mechón de pelo tras su oreja.- Nombre por nombre, pero tendrás que esperar más para ver mi cuadro y yo me llevo ya el tuyo.- Dejó escapar una suave risa de sus labios y se agachó para tomarlo entre sus manos.- Gracias.
- Gracias a ti. -Bastien hizo un ademán con la mano en la que portaba el dinero.- Espero que ese día no tarde demasiado en llegar.
Rob le miró a los ojos un momento, oyendo una especie de segundo mensaje en esa última frase y colocó el cuadro bajo su brazo. No podía retirar la mirada rápidamente, pues había algo intrigante en él.
- Encantada de conocerte, Stephen.
Las miradas de ambos permanecieron cruzadas durante unos segundos eternos. La noche seguía helando, las calles continuaban vacías. Había algo en aquella chica, quizás vitalidad, quizás sinceridad, quizás simplemente amabilidad, Bastien no estaba seguro.
- ¿Vienes por aquí a menudo?
La chica se echó a reír ante aquella pregunta, pensando qué edad le echaría el joven pintor.
- Todos los fines de semana, concretamente.- Alzó las cejas y dejó que lo adivinara.
Una risa del pintor acompañó a la de la muchacha.
- No lo sé, no me gustaría faltar al respeto a una dama… ¿Diecinueve quizás?
- Diecisiete. Vengo todos los fines de semana porque aún voy a Hogwarts.- Se encogió de hombros, como queriendo decir que ya sabía lo que se le estaba pasando por la cabeza, y agarró mejor el lienzo, incómoda y avergonzada.
- ¿Diecisiete? Vaya, pareces mayor. Nunca habría dicho que aún siguieras en Hogwarts -La sonrisa no desapareció de sus labios. Bastien guardó el dinero en el bolsillo de su gabardina y volvió a dirigir la mirada hacia la chica.- No hay nada malo en eso.- Dijo ante la patente incomodidad de Rob.- No es que yo sea mucho mayor.
- ¿Adivino yo?- Torció la cabeza.- Veinte. Pero a penas consigues dinero vendiendo cuadros en Hogsmeade, así que empiezas a preguntarte cómo vas a pasar el invierno. Y te voy a dar un consejo: ¡muggles! Entienden más de arte.
- Casi, veintiuno. -"Veintiuno tengo yo, este cuerpo… Francamente no tengo ni la menor idea".- Muggles... No lo sé, no lo tengo yo tan claro. Si consideramos el arte como la magia que es... Los magos tendrían que ser los que mejor lo entendieran, ¿no? Pero realmente, y en eso debo darte la razón, mis ganancias no son elevadas. Así que quizás deba expandir mis horizontes.- El joven pronunciaba el inglés casi como un nativo, pero las erres, las malditas erres, aún le seguían sonando con un deje afrancesado.
La chica notó que tenía un acento algo extraño, pero no le prestó demasiada atención al asunto.
- Los muggles te sorprenderán. El mundo mágico aún no comprende el arte como una profesión, ni siquiera se estudia. Los muggles lo toman más en serio. Tienen escuelas impresionantes, universidades...- Le miró un momento e hizo una pausa para reírse por lo estúpida que debía estar sonando.- Prueba con los muggles esta semana y cuando vuelva el viernes, me dices si vendes más o menos, ¿trato?
- Trato hecho.- Dijo el joven ocultado de nuevo sus manos en el interior de la chaqueta, tan negra como la misma noche.- ¿Significa eso entonces que volveré a verte el viernes que viene? -La pregunta surgió desde su interior y se escapó de sus labios sin que el joven francés fuera capaz de retenerla.
Rob sonrió casi al instante con la pregunta.
- Volveré el viernes. Tú lo habrás vendido todo y podemos sentarnos en algún sitio un poco menos frío, ¿vale?- Ríe entonces.- Y traeré mis dibujos para que tu ojo experto los examine.- Recolocó el lienzo bajo su brazo.
- Espero que así sea. -Respondió el joven.- Que no se te olvide traer tus dibujos. -La Luna brillaba, el viento mecía los cabellos de los dos muchachos al unísono, el frío acariciaba sus cuerpos.
- Eh… -Miró hacia abajo, cohibida.- Debería irme. Encantada de conocerte, Stephen…- Alzó la vista y sonrió levemente a través de la oscuridad.- Gracias por rebajarme el cuadro. Es precioso, en serio.
- Lo mismo digo, Rob.- El joven llevó su diestra al mentón para rascarse la barba.- Muchas gracias a ti por acompañarme en esta fría noche. Hasta… Hasta el viernes.- Bastien dio la conversación por zanjada con una tibia sonrisa en sus labios y un amable gesto de despedida.
Robin asintió y cogió aire. Le miró un momento, pero no tenía nada más que decirle, por lo que decidió dar media vuelta para volver al castillo en plena noche con el cuadro bajo el brazo. En el camino fue pensando dónde iba a colgarlo. Y con ello, a pensar en que quizás sus dibujos no fueran lo suficientemente buenos para mostrarlos. Suspiró mirando al cielo. De todas formas, tenía hasta el viernes para mejorar.