Call The Police en el Coliseo: Stand (very) close to me
Acompañado por los brasileños Rodrigo Santos y Joao Barone, Andy Summers le regaló a un Teatro Coliseo repleto una noche a pura nostalgia. El intensivo repaso por la historia de The Police permitió disfrutar del talento del guitarrista y comprender la total vigencia de las canciones que creó junto a Sting y Stewart Copeland.
Luego de que una gran mayoría de público mayor a los 35 años, fanáticos originarios de The Police, se terminase de acomodar en las butacas del Teatro Coliseo, las luces se apagaron quedando solamente una introducción grabada sonando en los parlantes con el telón todavía cerrado. Como un reloj perfectamente sincronizado, Call The Police salió a escena para dar inicio a lo que terminaría siendo una verdadera fiesta con fieles versiones de “Synchronicity II” y “Demolition Man”.
La faceta más cercana al punk y al combat rock clásico del trío británico se vio reflejada a la perfección por los notables punteos de Andy Summers, que acompañados por la velocidad de Joao Barone (baterista de Paralamas Do Sucesso) en la batería y las fintas precisas y voz cavernosa de Rodrigo Santos (líder de Barao Vermelho), honraron a la perfección la memoria de los dos ausentes con largo aviso. El mismo Summers se encargó de explicar en diversas entrevistas previas al show que una reunión sobre los escenarios con Sting y Copeland es imposible, pero sobre las tablas no tardó nada en demostrar que este nuevo proyecto suyo es mucho más que un intento de vender entradas.
Luego de saludar con un rudimentario y simpático español, el recorrido nostálgico continuó con el reggae de “Spirits In The Material World”, donde una vez más el trío logró canalizar el sonido de aquellos años de oro agregándole una vibra latina novedosa e interesante. El excelso guitarrista se lució con el primer solo de la noche, instalando un clima muy festivo y de complicidad con un público fascinado y dispuesto a acompañar con mucho entusiasmo hasta en los momentos en los que se salió de guión con picardía.
Mientras llegaban gritos y pedidos por un show más de la formación original de The Police, “Walking On The Moon” sirvió como un regulador de emociones, aunque no por ser un tema más tranquilo estuvo exento de distorsión durante un muy técnico cierre instrumental. La admiración de Santos por Andy se notó durante cada tema, animándose por momentos a salirse de la piel de Sting y sazonar algunas de las canciones con sus aportes sobre todo desde los graves.
Una estruendosa ovación precedió a la lúdica “De Do Do Do, De Da Da Da”, idéntica al track original, que hizo que varios de los presentes se levantasen de sus cómodas butacas para aplaudir y ensayar algún que otro salto. El frontman quedó maravillado ante esta situación, respondiendo con un divertido “¡Que buena onda!” para terminar de meterse en el bolsillo al público porteño e iniciar al instante la climática “Invisible Sun”, pieza que define a The Police a pies juntilla.
La aceleración llegó durante el estribillo, luego de un primer tramo cercano a la balada, con la batería y la guitarra maniobrando ambas atmósferas –por completo opuestas – a la perfección. Desde los tambores, el viaje mantuvo su rumbo con la más psicodélica “Driven To Tears”, donde se acercaron a la cara más pesada, manteniendo la compostura con elegancia hasta un final a toda velocidad en el que el teatro entero sintió la necesidad de ponerse a saltar al ritmo de una masterclass impecable de Barone en los platillos y el poderío de Summers en las cuerdas.
El control total por parte del nacido en Lancashire fue otro de los aspectos a destacar, quedando por momentos aislado y ajeno a algunas de las tantas ovaciones que recibió simplemente por estar muy metido en su propio mundo sonoro. El misterio y oscuridad de “Tea In The Sahara” y la combinación letal entre el funk y el rock presente en “King Of Pain” iniciaron un segmento donde la crudeza y el juego más directo fueron los que predominaron.
Fue inevitable emocionarse durante “So Lonely”, ya que con facilidad la banda pudo capturar la rabia juvenil de los inicios, conectando con el adolescente que todos alguna vez supieron ser. Santos y Summers terminaron zapando juntos delante de la batería en una fotografía perfecta, quedando el recinto preparado para la llegada de la muy bella y melódica “Can't Stand Losing You”. Barone se lució una vez más, pero fue el gran protagonista de la noche el que se llevó todas las miradas merced de dos solos (uno probando su capacidad como velocista y otro bastante más pesado), mientras desde el bajo el cantante le entregaba fintas perfectas para complementar.
La sonrisa cómplice entre los tres confirmó la unidad que han logrado en muy poco tiempo, más allá de que es claro que los dos músicos brasileños jamás podrán reemplazar a quienes escribieron todas esas canciones de las que claramente son muy fanáticos. Con las luces rojas encendidas a máxima potencia, “Roxanne” representó un punto muy alto de la noche, pues desde las seis cuerdas el objetivo fue probar los límites de la melodía y entregar un solo más bien maquínico y distinto al original.
Dos clásicos inoxidables como “Every Breath You Take” y “Message in a Bottle” cerraron la primera parte de una lista que supo dar en la tecla a la hora de exhibir todas las facetas de una banda tan rica y versátil como The Police. Después de saludar y chocar todas las manos que se estiraban para alcanzarlo –incluida una firma de discos y vinilos express–, Andy Summers encabezó el regreso para regalarle a sus fieles una más que enérgica versión de “Every Little Thing She Does Is Magic” y un verdadero bonus track con la inesperada “Truth Hits Everybody”.
Sin jamás acercarse ni un poco a la autoparodia y dándole un sentido artístico fenomenal a cada canción, Andy Summers demostró que el propio legado está más vivo que nunca. Call The Police se ha consolidado como algo más que un tributo sólido que posee la particularidad de tener como líder a uno de los homenajeados. Ha logrado ni más ni menos que resignificar la obra de una banda legendaria como The Police sin que pierda ese aura que le permitió quedar grabada a fuego en los anales de la historia del rock and roll.