A fragment of Afonso de Albuquerque's 1511 speech in Magellan (2025, Lav Diaz)
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A fragment of Afonso de Albuquerque's 1511 speech in Magellan (2025, Lav Diaz)
en El libro de imagen todos los libros, las imágenes y los sonidos constituyen una memoria en movimiento sin dueño reenviada a nuestro presente para incitarnos a pensar de otro modo. En efecto, la palabra ya no es la única fuente de transmisión de una tradición. La imagen también. El tema es qué hacer con todo esto.
Roger Koza, sobre El libro de la imagen de Godard
Octubre 11, 2018
Doc Buenos Aires | 18ª Edición “Bienvenidos a la Argentina”
El Doc Buenos Aires dio a conocer este martes la programación de su 18ª edición que se verá entre el jueves 18 y el miércoles 24 de octubre, en esta ciudad argentina. Dos enlaces in fine de este post llevan a sendos sitios con toda esa información. Pero, además, el director artístico de la muestra, Roger Koza, presentó un verdadero manifiesto sobre una idea de cine, y de cine documental en particular; sobre la visión de conjunto que animó a esta edición del Doc Buenos Aires y sobre la inscripción de todo esto en la cultura y en la vida política de la ciudad y del país. Algunas de sus respuestas acabaron por ser una especie de definición de su cinefilia. De estas cosas, hablamos acá.
“¿Qué palabra, que password, podría sintetizar un concepto tan vasto, tan magno, como el de CINE?”. La pregunta es un poco curiosa para la ocasión; parece, sin embargo, como si Roger Koza hubiera estado esperándola. Se tiene la sensación de que la responde antes incluso de que acabe de formularse. “Chaplin” -dice veloz, casi automático. Enseguida, al de Chaplin, suma los nombres de Bazin, de Straub, de Favio...
Cuando se inicia este diálogo singular, llevamos alrededor de una hora en la presentación para la prensa del Doc Buenos Aires, que Koza asume en solitario al frente de la sala. Carmen Guarini y Marcelo Céspedes -los directores generales de la muestra y sus responsables últimos desde hace 18 años- lo escuchan desde sus butacas. Koza les ha agradecido la libertad con la que trabajó en la programación y, repetidamente, ha encomiado la calidad y el esfuerzo de su labor, sobre todo, en el contexto de crisis y de penuria económica en que se ha llevado adelante este año. También había agradecido al comienzo la generosidad de los miembros de su Consejo Asesor: Luciano Monteagudo -anterior director de la muestra, desde la primera edición- Eduardo Stupía, Eduardo Russo y Nicolás Prividera.
Pero, decía, llevamos cerca de una hora escuchando a Koza hablar de la muestra y de las películas y de los directores, y, a esta altura, cuando la pregunta dice “cine”, suena así, CINE, con mayúsculas. Esto es -para bien o para mal, cada cual tendrá su opinión- responsabilidad de Koza, que ha preparado -o a quien le ha salido- la presentación más implicada, más rigurosa, detallada y llena de amor de una muestra o festival que yo recuerde. También, la más peculiar.
La verdad es siempre concreta. Y si hemos llegado a esas mayúsculas no es por el expediente de una metafísica del cine, sino por el tránsito particularizado, en el que Koza nos ha involucrado, de la experiencia de construir este nuevo Doc Buenos Aires, en unas circunstancias concretas, con unas personas concretas, con unas películas concretas que fueron elegidas por razones que se anudan muy bien con la imposición -ineludible- de vivir o de morir en este mundo y en este país, en Argentina.
Segunda vez/ Second Time Around, Dora García, 2018
Y, si no se sabe de antemano qué es la verdad, lo que sí parece saber bien el Doc Buenos Aires es que el arte -y el cine en especial, y el cine documental, más especialmente, eso dice Koza- “tienen que ver con” la verdad. Que si la verdad es algo que se busca, antes que algo que ya se sabe, esa busca ancla en una voluntad de consciencia acerca de la relación entre lo que se registra, lo que se filma, y lo que se monta con algo que excede a ese trabajo. Ese exceso no es sino lo real. Y lo real -bien y con dureza lo sabemos todas- es lo que resiste. Resiste al deseo de la que mira, a la confianza ingenua de quienes creemos captarlo, al arbitrio de la que se proponga inscribirlo. Para la programación de la muestra, esta es su premisa central. Se trata de un programa que, por lo tanto, es agenda; que discute con lo real, que pone en juego ideas de verdad. “Estas son las intenciones políticas, si se quiere, la política de la programación. O la programación política de la política de la programación”. Algo así.
Pero lo real se vuelve, incluso, demasiado real a lo largo de toda la presentación, que abunda en referencias a las enormes dificultades económicas de preparar y llevar adelante la muestra, en este último año. Dificultades geométricamente mayores que las que implicaba hacerla en 2005, 2008, 2011, o 2014. Y hoy, solo compensadas con esfuerzos de una enormidad similar: con la multiplicación del trabajo y con el incremento del alcance de los compromisos personales, que hicieron posible que la muestra exista. Y es que, cuanto más el pragmatismo indique que no hay que embarcarse en empresas semejantes, más necesarias son esas empresas. Esta es la gran “paradoja de los inconvenientes”.
Sin embargo, no se trata de catalogar esfuerzos para agigantar resultados, sino de multiplicarlos para que esa “agenda cinematográfica” que el Doc Buenos Aires ha construido pueda ser evaluada por el público más amplio posible, en un momento tan difícil. Koza había apelado a ese esfuerzo al subrayar la importancia del boca a boca para hacer posible una expansión de la convocatoria al Doc, en medio de la oferta mainstream de lo siempre igual que cuasimonopoliza las salas de exhibición; en medio del “desgano colectivo” en el que parece sumirnos el deterioro económico, pero también -agrego- el deterioro cultural, de las ideas y de la convivencia al que quiere precipitarnos la voluntad institucional gobernante.
Y, tan real, la realidad hasta nos hace un regalito porque si esa lista de calamidades se completaba con una mención a esos cuya “actitud (es la) de estar mirando en otro país, estando en este país; esos a los que probablemente no les interese esta propuesta, así que pueden seguir viendo Netflix”, al día siguiente el -dizque- presidente argentino Mauricio Macri se encargó de confirmar el diagnóstico ofreciendo como caso su misma persona.
Hombres jugando/ Playing Men, Matjaz Ivanišin, 2017
Chaplin, Bazin, Daney, Straub, Favio... No una lista de nombres, sino los nombres que evocan a unas personas, reales, que nos acompañan en la vida; que la hacen no simplemente mejor, sino incluso posible. Lo que se dice a medias, lo que apenas se llega a sugerir, es que de no haber existido estas personas -de no existir ellas- quizá sería mejor el suicidio. Esas personas, reales, y los mundos no menos reales que ellas alumbraron muestran que no todo es “vileza” y hacen, por lo tanto, posible rechazar y responder a la retórica fascista del envilecimiento. Y aun, al fascismo.
Tampoco nosotros, al menos no acá, erramos, ni nos excedemos. Quiero retenerlo así, como fue dicho, con esa presencia:
¿Qué serían nuestras vidas sin esa gente? Yo me quisiera... no sé... Lo digo en serio. Un plano de Chaplin acompaña fuera del cine. Es como el amigo invisible cuando uno era niño. Yo quisiera un festival, una muestra, del que uno saliera con amigos invisibles. Uno sale de la sala un poco más acompañado, en el sentido más amoroso. Que una película sea una compañía. Y creo que en esta muestra hay películas que tienen esa cualidad. Hombres jugando, por ejemplo. Los últimos diez minutos de esa película son inolvidables. Al que le guste Howard Hawks, va a llorar con esa película, no le queda otra. Va a salir cantando una canción y va, además, a recordar qué diablos le importaba a Pasolini cuando filmaba, que era el pueblo. Esa película evoca a ese pueblo, ese pueblo que no tiene..., a veces, no tiene ya, quién lo represente. Pero ahí está, esa película viene a eso.
Bienvenidos al Doc Buenos Aires, “Bienvenidos a la Argentina” de ese fotograma que es “la glosa del estado del lugar al que llega la muestra en esta ocasión”, una Argentina -y una ciudad de Buenos Aires- “como devastada”.
Ah, la programación del Doc Buenos Aires es buenísima. Se puede consultar y descargar completa, acá.
Y acá, una presentación y reseñas y artículos de algunas de las películas programadas, en el blog Con los Ojos Abiertos.
cm
Por Roger Koza 27/03/2013 00:00
Sólo falta que empiece el legendario cineclub La Quimera para que la vida cinéfila de la ciudad (y la provincia) alcance su esplendor. La cartelera comercial de esta semana es un poco más de lo mismo, pero la oferta alternativa es apabullante: un ciclo dedicado a una mente brillante como Chris Marker, otro focalizado en el genio cinéfilo de Brian De Palma y excelentes reposiciones en todos los espacios que no le rinden pleitesía al cine reducido al consumo de pochoclo y nachos.