Sublime with Rome en el Teatro Flores: Holiday in the sun
Sublime with Rome tuvo su esperada presentación en la Argentina. El Teatro Flores volvió a vestirse de gala para recibir a estos referentes del reggae-punk californiano. Crónica de una noche en la que una banda estuvo a la altura de su pasado y de su presente al mismo tiempo.
A finales de los años ’90, la joven escena californiana se debatía entre el punk más hardcore y el que cruzaba caminos con géneros como el ska, el hip hop y el reggae. Lo que las unía a todos entre sí era la libertad y la abierta militancia por la legalización de la marihuana. El calor y las playas fueron caldo de cultivo para un movimiento cultural muy rico que surgió de la profundidad de los suburbios buscando alterar la imagen más glamorosa siempre asociada a la Costa Oeste de los Estados Unidos.
En ese sentido, bandas como Sublime siempre fueron diferentes a las surgidas bajo el ala del punk en ciudades como Nueva York o Londres, siendo su contexto ideológico, político y social radicalmente opuesto al característico de aquellas grandes ciudades. Conformada por Bradley Nowell, Eric Wilson y Brad Gaugh en 1988, supo ascender velozmente desde el underground, editar tres discos y chocar con un final trágico ocho años más tarde cuando Nowell falleció debido a una sobredosis de heroína.
Si bien sus dos compañeros –tal cual los integrantes de Nirvana al morir Kurt Cobain– decidieron terminar con Sublime ese mismo día, todo cambiaría dos meses más tarde. Poco antes de la muerte de su líder y amigo, los tres habían terminado de grabar su tercer disco titulado Sublime y como si nada, varias de sus canciones comenzaron a sonar en las radios de todo el país. Esto le dio a la banda una popularidad que no habían podido conseguir cuando estaban en actividad, con certificaciones de quíntuple platino incluidas y una ampliación exponencial de su base de fanáticos.
Poco tiempo después –sin alejarse del estilo original– Gaugh y Wilson se unieron a un conocido del camino llamado Rome Ramírez para continuar con su carrera. Un problema legal los obligó a cambiar su nombre a Sublime With Rome en el año 2010, retirándose el baterista de la formación poco tiempo después de haber finalizado la grabación de su debut Yours Truly (2011). Josh Freese lo reemplazó y junto a él realizaron Sirens (2015), pero luego de la segunda salida consecutiva de un baterista (por el pronto nacimiento de su hijo) encontraron reemplazo en el ex Tribal Seeds, Carlos Verdugo.
El pasado miércoles, Ramírez, Wilson y Verdugo desembarcaron en el Teatro Flores para entregarle a un público muy entusiasta una gran dosis de nostalgia y también la evidencia de que son mucho más que un homenaje a sus raíces. En épocas donde el punk es muy necesario, este power trío californiano supo prender fuego el recinto porteño, recorrió lo mejor de aquel emblemático disco y sumó –con mucho respeto– mucho material de la no menos interesante cosecha personal.
Con un nuevo disco en gateras, Sublime With Rome se subió al escenario apenas pasadas las nueve de la noche para dar inicio a la fiesta con “Date Rape”, uno de esos temas que conjuga a la perfección todos los elementos que hacen al estilo de la banda. Ska-punk, reggae-rock sazonado con un poco de heavy metal y muchísima actitud para poner a todos a bailar al ritmo de un riff cadencioso, una línea de bajo pesada y una trompeta enloquecida.
La ovación fue instantánea, lanzando sin pausa el cover de “Smoke Two Joints” (de sus pares de The Toyes), “Wrong Way” y “Murdera”, tríada en la que se lució el trabajo en las bandejas –un scratch violento y sucio– y en las que Rome Ramírez demostró que poco a poco comienza a llenar con holgura los difíciles zapatos del difunto Bradley Nowell. Los pedidos entre el público por mejoras en el volumen fueron lo único que empañaron un muy buen inicio, más allá de que poco a poco el sonidista pudo acomodar el micrófono principal y así vencer a un molesto eco que por momentos hizo del sonido una masa bastante deforme.
Luego del avasallante ska-punk, el reggae roots se asentó en el setlist, aunque no por ello Sublime With Rome dejó de lado la estructura de canciones cortas, poderosas y con los acordes tocados a máxima velocidad. Alcanzaron el carisma de Ramírez y Verdugo –el poder latino viviente, real al 100%– y el aplomo de un muy relajado Wilson para aclimatar a todos los presentes y dejar en claro que no estaban meramente de paseo en Buenos Aires.
La invitación a relajarse, prenderse un porro y disfrutar de la noche se hizo mucho más grande cuando sonaron los acordes de “54-46 That’s My Number/Ball And Chain”, sirviendo como un homenaje a los padres fundadores del reggae y también como una demostración de la versatilidad que el cantante y guitarrista ha agregado a la banda desde su llegada. Para los segundos finales quedó reservado el estallido bien trasher, uno que preparó a todos para mantenerse dentro del sendero de la destrucción marcado por “Panic”.
La montaña rusa de atmósferas volvió a transitar un segmento de tranquilidad y cuelgue con “You Better Listen”. Minutos más tarde, tomó primero una forma mucho más extraña y paranoide durante un clásico bien disruptivo –incluida la introducción con la llamada telefónica– como “April 29, 1992 (Miami)” y luego una más bien furiosa durante la rendición hacia Bad Religion con una versión de “We're Only Gonna Die” que tuvo al teclado como herramienta principal y al disc-jockey disparando efectos y scratchs de distinta naturaleza incesantemente.
Después de exclamar que se encuentra realizando el “mejor trabajo del mundo”, Rome junto al público “Take It or Leave It”, siempre demostrando que el punk posee muchas más variables de las siempre imaginadas por los más prejuiciosos. En ese sentido, fue duda destacable la capacidad que exhibió Sublime With Rome para esquivar el agotamiento auditivo, alternando con mucha inteligencia entre sus canciones más movidas y las más tranquilas.
La melodía misteriosa y bien groovy “Garden Grove” fue uno de los pasos más experimentales de una noche más concentrada en lo directo, chocando lo analógico y lo digital de frente y generando un clima pesado. Durante varios tramos, la banda quedó en formato trío, algo que en canciones como “Bad Fish” y “Let’s Go Get Stoned” dio lugar a una experiencia mucho más cercana al sonido original de los californianos y también a un poco más de claridad sonora entre tantos bajos.
La cara más experimental del trio californiano se pudo escuchar con mayor claridad en el tramo final de la lista. Conectando directamente con el hip hop original, el heavy metal clásico y la psicodelia de los años sesenta, cinco canciones fueron las elegidas para empezar a cerrar la noche: la desesperanza presente en “Doin’ Time” tuvo su contraste con el juego más directo de “The Ballad Of Johnny Butt”, el rockabilly sinuoso de “Skankin’ To The Beat”, la clase maestra por parte de Verdugo en “Scarlet Begonias” (ni más ni menos que de Grateful Dead) y el cruce con el soul presente en “Dynamite”. Sin lugar a dudas condimentos ideales para un plato bien picante.
Sabiendo que los tres músicos iban a regresar a la brevedad, el público se mantuvo muy tranquilo a la espera de un poco más de la banda que tanto habían esperado. La sonrisa de Ramírez encabezó el regreso al escenario, ya superando con holgura la hora de duración, para atacar una vez más con el combat rock (con esencia ibérica) de “Wicked Heart”. Nuevo single, recientemente estrenado, tuvo aceptación y fue cantado de principio a fin, dejando todo preparado para dos piezas más que inoxidables e inolvidables como “What I Got” y “Santeria” que transportaron a todos –aunque sea por algunos segundos– de la conflictiva Buenos Aires al fuerte sol de una California prendida fuego.
Por Rodrigo López Vázquez