Allí donde los ojos se vuelven blancos.
El tiempo había transcurrido tan rápido que no estabas seguro de cuanto llevabas en aquella burbuja. Solo sabías una cosa; y era que todo era tan solitario que te hacía mella de una manera impresionante. ¿Por qué Terezi no estaba allí? Tú fuiste el espectador que pudo ver como aquella espada atravesaba partes vitales de la troll para luego ser tu el atravesado. ¿Acaso la de sangre turquesa se había salvado y tu, líder inútil, tenías que estar allí eternamente solo? Golpeabas tu cabeza con tus propias palmas, sentías una mezcla de ira y de tristeza naciendo en tu pecho. Ibas a tener mala suerte hasta después de muerto.
Sentías como tus ojos se humedecían estúpidamente a medida que un nudo insoportable crecía en tu garganta. No querías llorar, tenías que mantenerte fuerte, tenías que... Oh a la mierda, quien coño te iba a ver lloriqueando como un estúpido, si estabas solo.
Como si de una señal se tratara, sentiste como el viento mecía con fuerza, moviendo el césped que había bajo de ti. Por alguna razón, alzaste la mirada.
¿Era ella? Por un momento juraste que era tu maldito subconsciente pero, no, aquello era igual de real que tu maldita muerte y tus malditos ojos blancos.
Te levantaste, temblaste de una manera tan estúpida que hasta te sentiste gilipollas. Pero no podías evitarlo, todo mal sentimiento que recorría tu ser estaba siendo aniquilado por una alegría obvia.-- ¿TEREZI? --Te colocaste al lado derecho de la foránea, mirándola con toda la sorpresa pintada en tu cara.-- ESTÁS AQUÍ. --Por un momento ibas a decir que estaba viva, menudo chiste.-- JODER. POR QUÉ HAS TARDADO TANTO, IMBÉCIL. --Y dejando de lado tu habitual comportamiento tsundere, te agachaste hasta quedar a su lado, alzando tus brazos para brindarle el abrazo más fuerte que hayas podido dar en tu vida.