Las hadas y espíritus acuáticos femeninos son muy numerosos en España. Solo en los ríos encontramos gran variedad de “damas” de agua dulce, como pueden ser las xacias gallegas, las alojas catalanas o las donas d´aigo baleares. Por no hablar de las moras encantadas que se asocian a fuentes, lagos y rías, presentes a lo largo y ancho de toda la geografía nacional. Suelen poseer el aspecto de mujeres hermosas, muchas veces con poderes mágicos o la capacidad de leer el futuro y, en ocasiones, llegan a unirse matrimonialmente con seres humanos. Pero estos seres también tienen su lado oscuro. Prueba de ello es la Rucha, una malvada criatura que habitaba en las fuentes de la comarca de Sayago (Zamora).
A diferencia de las moras sanjuaneras, como se llama a las damas encantadas en la zona, este ser es abiertamente perverso y encontrarse con él no augura nada bueno. Curiosamente la Rucha no utilizaba la seducción para ahogar a sus víctimas, como sí hacen otras hadas lacustres con malas intenciones. Esto hace pensar que su aspecto, del que no tenemos muchos datos, no era especialmente hermoso ni podía camuflarlo. Pero la Rucha sí estaba muy versada en otro tipo de ardides para llevar a cabo sus malvadas acciones. Se decía que era capaz de hacer que el agua brillara de forma inusual, como si bajo esta se encontrara algún tesoro mágico, elemento muy habitual en esta clase de historias míticas. Así ocurre en una leyenda desarrollada en Avedillo, otro pueblo zamorano, que narra cómo una mujer decide no acercarse a estas aguas luminosas pensando que podía tratarse de uno de los engaños de la Rucha. Algo asustada, vuelve minutos después al lugar en compañía de un vecino, pero descubre que las aguas han vuelto a su tonalidad habitual. El vecino le reprende entonces: “¿Por qué no echaste un trapo negro? Se te hubiera convertido en oro. Eso era un encanto”. Y es que con los espíritus acuáticos, muy dados a castigar o recompensar a los humanos según les venga en gana, nunca se sabe.
Lo que sí tenemos claro es que la Rucha siempre ha estado asociada al peligro. Al igual que otros seres ya aparecidos en esta recopilación, como el Home marín asturiano o el Pauet catalán, la Rucha se incluye en la categoría de asustachicos acuáticos empleados para evitar que los niños jugaran cerca de aguas peligrosas. Los padres de Sayago utilizaban a la Rucha con el fin de que sus hijitos no se acercaran a las fuentes sin la compañía de un adulto, pues contaban que esta criatura podía agarrarlos del cuello y llevarlos consigo a las profundidades. Un método poco sofisticado para lo acostumbrado por las damas del agua, sí, pero igualmente efectivo para tan vil propósito.