XIII) 𝗦𝗖𝗘𝗡𝗧 𝗢𝗙 𝗝𝗔𝗦𝗠𝗜𝗡𝗘.
La tinta aún estaba fresca sobre el último pliego cuando la puerta se abrió sin previo aviso. No fue un golpe. Fue un deslizamiento suave, como si el viento la hubiese empujado. Pero sabía que no era el viento. El perfume de jazmín me lo confirmó antes de que siquiera levantara la mirada.
— Ya me ha contado tu padre la decisión que has tomado —dijo Elizabeth, con una calma que no prometía nada bueno—. Veo que abdicar no entraba en tus planes...
No levanté la cabeza. No por desdén, sino por costumbre. Nuestra relación siempre había sido como una partida de ajedrez en la que me enseñaron a no mostrar emociones. Ni interés. Ni vulnerabilidad.
— No lo vi necesario —respondí, escueto. El crujido del pergamino al ser enrollado fue más sincero que mi voz.
La oí caminar. Sus pasos suaves sobre la alfombra eran casi imperceptibles, pero había aprendido a reconocerlos desde niño. Siempre estaban ligados a conversaciones que no quería tener.
— Es curioso —añadió, recorriendo la estancia con los ojos—. Has pasado años encerrado en ti mismo. Y ahora, de pronto, lo resuelves todo con una propuesta de tratado. Como si fuera así de sencillo...
— No lo es. Pero es mejor que encadenar dos vidas por diplomacia.
Por fin la miré. Seguía erguida, impecable, como si nada la tocara jamás. Ni la emoción, ni la duda. Ni siquiera el paso del tiempo.
— La frialdad nunca fue mi fuerte —dije.
Ella sonrió. Brevemente. Pero no llegó a sus ojos.
— Te pareces más a mí de lo que crees —susurró.
No respondí. No quería confirmar ni negar nada. Solo volví la vista a los documentos. Quería acabar con eso antes de que la noche me tragara por completo.
Un silencio se instaló entre nosotros, denso como la niebla. Elizabeth soltó un suspiro. Largo. Casi aliviado.
— Me alegra que hayas encontrado una solución a aquello que te comía por dentro, hijo mío —dijo, y por un segundo, creí que hablaba en serio.
La miré. Dejé el pergamino a un lado y me acerqué, sin saber muy bien por qué. Tal vez porque esas palabras —tan fuera de lugar en su boca— merecían al menos un gesto de reconocimiento.
— Gracias —murmuré—. Aunque no lo creas, consuela oír eso. Viniendo de ti.
Ella abrió los brazos. Casi no lo procesé. Fue un acto reflejo acercarme, aceptar ese abrazo breve que parecía sacado de mis anhelos de cuando era pequeño.
— Oh... vamos —dijo ella, con una dulzura a la que no estaba acostumbrado—. ¿Qué sería de una madre si no escuchara a sus hijos?
Arqueé una ceja, como si mi cuerpo adivinara algo que mi mente aún no quería asumir. El olor a Jazmín me había taponado las fosas nasales. ¿Ya no usaba el perfume de siempre?
— Mi deber es protegeros de todo —añadió, con la voz más baja, susurrándome casi al oído. El bello de esa zona se erizó al instante.
Y entonces lo sentí. Un pinchazo. Pequeño. Apenas un instante de dolor en el cuello. Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente. Me aparté bruscamente, pero ya era tarde.
— ¿Qué…?
La palabra se disolvió. El suelo perdió su forma. La habitación giró, y su rostro se difuminó en una mezcla de sombras doradas por las velas. La oscuridad me engulló con la misma suavidad con la que ella me había abrazado.
Saga Crownfall: LI) 𝗧𝗛𝗘 𝗤𝗨𝗘𝗘𝗡’𝗦 𝗘𝗦𝗖𝗔𝗣𝗘. LII ) 𝗖𝗥𝗢𝗪𝗡𝗙𝗔𝗟𝗟. LIII ) «𝗔𝗡𝗚𝗘𝗟𝗜𝗖𝗔 𝗦𝗬𝗟𝗩𝗘𝗦𝗧𝗥𝗜𝗦» LIV ) 𝗘𝗔𝗦𝗧 𝗪𝗜𝗡𝗚. LV ) 𝗪𝗛𝗢 𝗜𝗦 "𝗘." LVI) 𝗧𝗛𝗘 𝗠𝗢𝗥𝗡𝗜𝗡𝗚 𝗔𝗙𝗧𝗘𝗥. LVI.I ) 𝐂𝐎𝐍𝐍𝐄𝐂𝐓𝐄𝐃? LVII ) 𝗗𝗜𝗦𝗔𝗣𝗣𝗘𝗔𝗥𝗔𝗡𝗖𝗘. LVII.I ) 𝗗𝗜𝗦𝗔𝗣𝗣𝗘𝗔𝗥𝗔𝗡𝗖𝗘 II. LVIII ) 𝗖𝗢𝗨𝗣 𝗗'𝗘́𝗧𝗔𝗧. LVIIII ) 𝗥𝗘𝗦𝗨𝗥𝗚𝗘𝗡𝗖𝗘. LX ) 𝗨𝗡𝗗𝗘𝗥 𝗧𝗛𝗘 𝗞𝗜𝗡𝗚'𝗦 𝗖𝗢𝗠𝗠𝗔𝗡𝗗. LXI) 𝙎𝙤𝙢𝙚𝙩𝙞𝙢𝙚𝙨, 𝙩𝙝𝙚 𝙜𝙧𝙚𝙖𝙩𝙚𝙨𝙩 𝙖𝙘𝙩 𝙤𝙛 𝙡𝙤𝙫𝙚 𝙞𝙨... LXII) 𝗧𝗛𝗘 𝗣𝗥𝗜𝗖𝗘 𝗢𝗙 𝗖𝗛𝗢𝗜𝗖𝗘.









