Reprimí tantas veces lo que sentía, que cuando salieron los sentimientos y emiciones, estás explotaron como bomba y ya no hubo vuelta de hoja. Lo peor de todo, es que no hubo nadie para sostener mi caída, mi derrumbe. Quedé hecha papilla, aplastada en el suelo y tarde años en recuperarme.
Jamás debemos permitir que eso nos suceda. Tenemos el don de la palabra, hay que usarla a nuestro favor y sacar lo mejor de ella.
Actualmente solo vivo la calma después de la tormenta, lo malo se fue y la paz me acompaña.
Leregi Renga

















