EXPOSICIÓN #2 Language Granada, El Templo.
Frente al concepto de “Lenguaje” que se ofrece para este segundo proyecto de trabajo y exposición mi referencia inicial se centra en Wittgenstein el filósofo, lingüista y matemático discípulo de Russell. Concretamente en su obra “El Tractatus lógico-filosófico ” .
Partiendo de la teoría de la Filosofía como praxis analítica y crítica del lenguaje, un estilo de vida y de pensar, no una doctrina. Se llega así a los “juegos del lenguaje”, múltiples juegos dentro del propio lenguaje que designan las palabras utilizadas en cada contexto o sentido del mundo. Juegos que conllevan sus propias reglas y que deben conocerse para poder “jugarse”. Es la razón la que marca esas reglas en relación a una forma de vida concreta o de darse la realidad.
Wittgenstein pretende cuestionarse la razón misma, la certeza o creencia de un sentido único. Las palabras nos designan acciones, deseos, fines concretos. Pero debemos entender que este lenguaje común aparece con múltiples usos.
Para comprender eso debemos utilizar la Filosofía como una terapia del espíritu, serena convivencia en soledad donde nos damos cuenta que esos “juegos del lenguaje” se dan en un contexto social compartido aunque la realidad de cada uno es decidida. Del mismo modo que los propios juegos nacen, envejecen y mueren.
Ante una definición mediante palabras, la cual conlleva la necesidad de que se conozcan las palabras utilizadas y sus definiciones para llegar a comprenderla, o como diría Wittgenstein “definiciones ad infinitum”. Se propone una “definición ostensiva”, es decir, relacionando palabras con el objeto, uso o contexto. Del mismo modo que una madre enseña a su hijo a conocer y utilizar todo lo que le rodea.
Estudiar el lenguaje no es centrarse en buscar sus leyes inamovibles, si es que las tiene. Si no entenderlo como algo vivo y que cambia o muta según nuestra forma de vivir y los contextos en los que estamos.
De esta última reflexión surge una frase que pone título a mi instalación: “No nos libraremos de Dios mientras sigamos creyendo en la gramática”.
El lenguaje no se centra sólo en las palabras y en conocerlas, es algo más. Es una conexión de ideas y la experiencia de vida propia de cada uno y en conjunto.
Mi instalación está formada por ocho espejos de distintos tamaños colocados en una mesa y por las paredes. Todos ellos con mensajes que no son los habituales que la gente suele imaginar en ese contexto delicado de espejos de tocador y carmín rojo.
“Vete de mi casa”, “La peor experiencia de mi vida” o “Te rajo la cara” son algunas de ellas.
Mi intención en todo momento fue adentrarme en ese juego y cambiar alguna regla esencial.
Jugar mostrando que no hay nada obvio y que el contexto y su relación con la vida pueden modularse.
El lenguaje como algo nuestro, vivo y cambiante como nosotros mismos.