Día 19 . San Simeón el Loco 1 de Julio
Patrón de los locos, actores y titiriteros
Uno de los santos más desconcertantes. Nacido en Emesa, Siria, a principios del VI, estuvo muy apegado a su madre hasta que falleció, cuando él tenía 30 años. Solo entonces partió con un amigo para visitar Jerusalén. En ese viaje conocieron a varios ermitaños que les inclinaron a dedicarse al ascetismo, cada uno en su propia cueva del desierto. Pasaron los años y, Simeón sintiendo que ese reto ya lo había superado, se traslada a la ciudad de Homs, esta vez solo. Allí se le recordaría como el Loco por su comportamiento. Se le solía ver arrastrando un perro muerto atado a una cuerda, o entrando a las iglesias para apagar todas las velas y salir después, o lanzando nueces a la gente durante los sermones. Los niños corrían detrás de él, insultándole. Un mercader lo contrató para vender alubias, pero se las comió todas, generando un pestilente olor en torno a él. En otra ocasión entró desnudo en un baño destinado a mujeres. Bailaba con prostitutas para demostrarse inmune a sus encantos, aunque luego les daba dinero para que abandonasen ese oficio. Incluso las llamaba sus “novias”, para provocar la indignación de los vecinos. Volcaba las mesas de los vendedores de ofrendas, regañaba a los borrachos por arruinarse con el alcohol mientras bebía un vaso vino, paseaba con ramas de palmera en la cabeza y collares de uvas y ajos. Al predicar se retorcía en risas, saltos y serpenteando por el suelo. A las jóvenes muy bellas las dejaba bizcas como por ensalmo y solo les devolvía su aspecto si se dejaban besar en los ojos, acercando su sucia barba, escandalizándolas. Pero además realizaba bondades, casi en secreto: exorcizaba demonios, repartía alimentos, contaba historias moralizantes con muñecos o sanaba enfermos. Como a un hombre con un glaucoma al que le untó mostaza en los ojos, agravando su enfermedad, pero al arrepentirse el enfermo de sus pecados de forma sincera, logró sanar. Otra vez una joven criada embarazada le acusó de ser el padre. Simeón no lo desmintió y se comportó como tal, cuidándola hasta que dio a luz y ella confesó que había mentido. Simeón le dio dinero con el que sacar adelante al bebé. Tenía el don de la profecía. Predijo un terremoto golpeando con un palo en las columnas de una escuela, diciendo: “tú caerás” o “tú quedarás en pie”, y besaba en la frente a los niños que morirían de peste. Pero, ¿era real su locura? Cuentan que antes de morir le confesó a un diácono amigo suyo, al que sanó milagrosamente, que actuaba así para apartarse del orgullo propio de los santos y reírse de la superioridad con la que otros predicaban. Compartió sus últimos años con prostitutas y mendigos. Fue enterrado en una fosa común. Llevando allí su cuerpo varias personas dijeron escuchar cánticos sobrenaturales. Loco o cuerdo, no se ha dejado de recordarle.
















