CONSTRUIR DESDE LAS GRIETAS - OCUPAR LOS ESPACIOS ROTOS
Los festivales siempre nos brindan un panorama de cierto estado del cine. Para quienes tenemos como deber ser la búsqueda constante de lo nuevo porque rechazamos cualquier forma de conservadurismo, el recorrido va entre la pregunta sobre cómo llegó a programarse eso, y las películas reveladoras y milagrosas. La retrospectiva dedicada al director argentino Carlos Schlieper se encuentran entre las segundas. A pesar de estar ante películas hechas hace 60 años o más, su cine sigue siendo nuevo, revelador y milagroso.
A esas cualidades de la película, hay que sumarle su vínculo con los espectadores. La verdadera fiesta del cine pasa en las salas y no en los cocktails. La sala grita y aplaude, se ríe a carcajadas y a la salida todos sonríen felices. Pocas películas generan este efecto, y La serpiente de cascabel es una de ellas.
La serpiente de cascabel es una película en un Colegio de Señoritas, en el que muere sospechosamente la celadora. El policía a cargo de la investigación, Robledo (Juan Carlos Thorry), se infiltra haciéndose pasar frente a las jóvenes como profesor de música. La llegada del hombre despierta el deseo sexual de las autoridades del colegio y de las estudiantes. La muchacha sospechada del crimen, Olga (María Duval), entablará con el policía una ambigua relación.
Schlieper hace una bandera de las grietas que construye en sus relatos. En La serpiente de cascabel las grietas pueden leerse en, al menos, dos sentidos. Por un lado desde la inscripción de discursos fuertemente progresistas en una película que es en apariencia una comedia clásica. Por el otro, desde su propio contexto histórico y las grietas sociopolíticas que se abrían en pleno peronismo.
Las grandes películas de género, en este caso una screwball comedy, una forma particular de la comedia de enredos, dan una vuelta de tuerca al género al que adscriben. La grieta en esta película es Olga, el personaje de María Duval, que arranca la película fumando en clase sin que la vean. Olga es una provocación, sabe hacerse su lugar a los tiros si no se corren. Cuando la encuentran rezando en la iglesia, la directora sin más afirma “¡Se ha vuelto loca!”. Olga es la peor alumna de la historia del colegio, y quizá del cine. Olga desafia todas las normas tradicionales.
Y por otro lado, ya no sólo propio de las grandes películas de género sino de todas, La serpiente de cascabel (quizá toda la filmografía de Schlieper) puede leerse como un documento histórico. La serpiente de cascabel muestra cómo en 1948 la mujer se abría paso en una Argentina que avanzaba progresivamente. Al campo de la representación cinematográfica llegan los miedos e inquietudes de la época, que Schlieper no los ve así sino como potencias. Las mujeres de Schlieper son las mismas que unos años después votaron por primera vez.
Schlieper es nuevo, renovador, milagroso y hace grandes fiestas de cine. Y sin embargo, y lamentablemente, no tiene herederos. Es algo que quizá no estemos diciendo por primera vez, pero que es necesario seguir discutiendo. Hoy la construcción de la herencia de Schlieper es una tarea de primer orden. El cine del futuro cercano y lejano debe aprender de las grietas schlieperianas y abrir las propias de la época. Abrirlas y habitarlas, pensar en Schlieper y, sobre todo, en lo nuevo.
Por Matías L. Marra
Este artículo hace una referencia a los festivales porque La serpiente de cascabel (1948) la vi en el BAFICI 2014, y formaba parte de una compilación de textos sobre el festival que iba a publicar una revista de cine pero nunca salió. Hoy, dos años después, quise publicar nuevamente este artículo que fue fundacional en mis voluntades como cineasta en formación.
También vale aclarar que “la grieta” a principios de 2014 no se usaba en el sentido que hoy lo hacemos. De todos modos elegí no actualizarlo.
La serpiente de cascabel está actualmente disponible en youtube.