Héctor Z. Siluchi, artista audiovisual, se sirve de imagen y palabra, reinterpretación simbólica de experiencias personales autobiográficas que se convierten en universales al ser compartidas por miles de hombres y mujeres, en su mayoría de las zonas rurales, que se han visto obligados al exilio. Se trata del alejamiento de una cultura propia para iniciar un proceso de incorporación a otra ajena, sufrida y sentida por los inmigrantes de todos los tiempos en la historia de la humanidad.
Exiliado de su país de orígen, Chile, desde 1984 durante la dictadura militar, vive y trabaja actualmente en Estocolmo. Sus obras siempre están marcadas por la reivindicación de la identidad cultural, la nostalgia del pasado, la memoria, el abandono, la belleza, la pertenencia a un lugar concreto desde la perspectiva de alguien de fuera, un visitante.
En sus obras documenta, de forma muy reflexiva, acontecimientos relacionados con la nación, la religión, el tipo de actos o rituales que componen un patrimonio cultural y la base de la construcción de una identidad propia.
Y la impronta de recuerdo siempre presente, la fractura con el pasado y el simbolismo de la diáspora en la travesía del océano, en la larga espera de la gaviota que espera su alimento, una especie inteligente de ave que recorre grandes distancias y posee complejos métodos de comunicación y una estructura social muy desarrollada.
El artista polaco y comisario independiente Gregor Wroblewski nos recita “La Cantiga de la Merenjena”, en un homenaje a la abuela materna de Siluchi que cantaba esta canción tradicional en ladino, una exaltación de la tradición oral y escrita, la permanencia en el tiempo de este recetario, la pérdida y la ausencia.
Se recogen treinta y cinco formas diferentes de cocinar la berenjena, verdura que tradicionalmente ha sido plato predilecto de los judíos españoles y sefardíes. Mediante formulaciones mayoritariamente burlescas, se identifica en cada estrofa a las personas que preparan el guiso, sin que se pueda determinar si se trata de personas reales, a las que se denomina en ocasiones por sus motes o si sus nombres son inventados, tras ello se indica someramente en qué consisten las distintas preparaciones y con qué bebida se aconseja acompañar.
Las características de la gastronomía sefardí van íntimamente ligadas a las prácticas del judaísmo y la berenjen resulta habitual encontrarla como ingrediente en los recetarios medievales. El artista maneja de forma simbólica este recuerdo transmutando su sentido en una seña de identidad más.
Siluchi nos hace una propuesta artística audiovisual múltiple, basada en su experiencia en relación con el paisaje y la vida, la magia de la fotografía y la palabra, sirviéndose de la documentación fotográfica de su familia, sus padres, biznietos de exiliados sefardíes.
La rememoración del pasado y la capturación del presente para comprender el futuro son sus señas de identidad artística personal.
** texto: Griselda Coro Niembro (extracto del texto razonado de la exposición Eingedenken/Recordación. trabajar para comer)
fotos: cortesía del artista.