laura c vela, seismil
“Yo ya no creo que me muera de amor, mi amor ya se pasó, y no quiero más, ahora solo quiero pequeños amores que me recuerden al mío, pero que nunca sean an profundos como este que tuve. Así moriré como tu querido gil de biedma dice: en paz, como los que han amado mucho, y en el fondo creo que eso es lo que tú también quieres.”
“Caminar me ayuda a relajarme, a depurar la cabeza, a intercambiar algún saludo amable y alguna caricia a los perrillos del parque, a querer volver a casa a sentarme y leer, a cobijarme en ella. Respirar, sentir amor, sentir cuidado, ver algo bonito, charlar, quedarme absorta observando una gota de agua. Esto lo he aprendido de mi perra Tanizaki, que no sólo se alegra cuando se queda sola en casa y de pronto nos ve aparecer, sino que incluso se alegra cuando ella misma vuelve a casa de un paseo y comprueba que todo sigue allí: su manta, sus juguetes, su rutina.”
“¿Qué es ser una misma? ¿Cómo nos construimos? Nos encontramos solas en esta búsqueda. La lógica dice que nadie más que tú sabe cómo eres realmente, aunque a veces hay personas que parezcan saber cómo eres tú misma debajo de todo aquello que no eres tú y te instan a que, al fin, lo seas. M angustia no ser yo misma y estar siendo otra. ¿Pero qué otra? Para que haya una que no es debo poder compararla con la que sí que es, con la otra. Quién soy más yo, ¿la que salía de fiesta un día la mitad de la semana, se refugiaba en salir con desconocidos y trabajaba en el ropero de una discoteca? ¿O la que odia el ruido, disfruta de la soledad, apenas hace amigos porque le hastía hablar y solo balbucea tras la cámara? ¿Acaso no están, todas ellas, llenas de mí?”
“Según maya john en su estudio sobre violencia sexual desde una perspectiva marxista, «aunque nos plantee un desafío incómodo, es hora de que tengamos en cuenta el papel que juegan las inhumanas condiciones en las que un gran porcentaje de los habitantes de nuestras ciudades viven y trabajan. La ciudad, con sus ostentosos centros comerciales, oficinas climatizadas, sus adosados y su vida a todo tren por un lado, y sus suburbios, sus talleres clandestinos, sus decadentes albergues y su pobreza por otro, se han convertido en un refugio para los bárbaros crímenes sexuales. Por tanto, la naturaleza de los crímenes sexuales en las ciudades tiene sus propias características. Aquí, el haz de factores que se conjugan en las violaciones es más complicado (los agresores no son necesariamente de la casta dominante o los rebeldes de una comunidad). Y más que una expresión de poder, muchas de estas violaciones son producto de la frustración sexual de la gente, que desemboca en el abuso de mujeres y niños en situación vulnerable. El hecho de que la salvaje vida en la ciudad sea un criadero de potenciales violadores y víctimas en significativas proporciones, es uno de os factores que contribuyen al inmenso miedo en el que se desenvuelve la vida de la mayoría de las mujeres en una ciudad». (…) varias veces me he imaginado asesinando, estampando mi coche lleno de pasajeros frente al quitamiedos, y no lo he hecho. Varias veces he querido tener sexo con mi pareja cuando ella no quería, y no lo hemos tenido. Nosotras, seres deseados pero no deseantes. Las mujeres, por el mero hecho de serlo, no tenemos menos deseo sexual que los hombres. Ni somos santas y puras. Ni vamos a pasarnos la historia de la humanidad perdonando.”
“Tu recurso es la ironía. A estas alturas ya todas sabemos cómo somos. yo sé que doy una impresión de dureza, de bordaría a veces, de exigencia, pero soy una persona muy sensible. Eso es un mecanismo de defensa en mí. Con las personas con las que me siento unida afectivamente, soy muy vulnerable. Cualquier cosa me puede doler porque para mí son especiales.”
“Cuando estás en casa de tus padres no compartes, te cuesta escuchar porque lo que hablan no va contigo y lo que tú cuentas parece que no interesa. Y una cosa es hablar y otra compartir. Si no compartimos, nos metemos en el mundo de la interpretación. Tú interpretas lo que otros están viviendo según qué cosas, y te puedes equivocar, y ellos interpretan según qué cosas y también se pueden equivocar. Me parece también muy importante la ternura, porque nadie tiene ni idea de gestionar este tipo de situaciones.”
“Te lo digo porque hay una cosa muy loca que tenemos los caracteres: aquello que necesito lo evito porque me da miedo. Entonces dejo de enterarme, dejo de saber, dejo de ver, dejo de preguntar, dejo de informarme. No me quiero mirar a mí y tampoco te quiero preguntar a ti. Es algo que hacemos habitualmente y me parece importante que hoy veas qué importante es sabernos expresar y recibir información, cuánto te reconforta saber que tus padres sí estuvieron a su manera. Es importante que veas cómo cuando adquieres confianza o vínculo te animas a expresar más cosas.”
“Al perder el sentido es fácil mentir. Lo sigue siendo. Las palabras y las cosas nos hacen comprender el mundo, sentirnos parte de él, pero solo si lo entendemos. Solo si nos sentimos identificadas con lo demás. mi padre llegaba a la hora de la cena. Y su cena era diferente: él tenía alcachofas con jamón y nosotras lenguado a la plancha. Me daba envidia. Estaba todo el día fuera, no le veíamos, y su cena era mejor. Decía pocas cosas, pero las que decía eran graciosas porque solo las entendíamos nosotros. A mi madre la llamaba flubber porque, después de tres hijas por cesárea, su tripa era blanda como el moco arde. También oso panda, por las ojeras. A las personas gordas las llamábamos ibm: inmensa bola mantecosa. Y nosotros mismos éramos el equipo metralleta por la cantidad de pedos que nos tirábamos. Mi madre y mis hermanas eran el equipo de las niñas buenas. Sentirte parte de este léxico familiar te hacía fuerte, pertenecías a algo. Era un orgullo utilizar sus palabras allá donde fuera, extender nuestro diccionario con el poder del que sabe el significado.”
“¿Estás orgullosa de mí? Es una pregunta que querría hacerle a mi madre pero que nunca le he hecho. de la vida adulta espero llegar a sentir que soy suficiente.”
“Cuando los silencios son muy largos, tus oídos se preparan para comenzar a escuchar sonidos imperceptibles en condiciones normales: la sábana rozando tu cuerpo, las patas de un insecto tocando el suelo, una hoja movida por el aire, los pelos rozando con tu oreja que a la vez roza con el auricular, el ensanchamiento de un cristal por el cambio de temperatura, el crujir de una butaca en un concierto de john cage o la tensión de las cuerdas del piano que no se está tocando. Nunca hay silencio total en mi cabeza. Ni en la cabeza de nadie. Por eso a veces es mejor dejar un pequeño sonido, agradable y tenue, sin importancia, que tape al otro silencio que da pie a que comencemos a escuchar esas pequeñas cosas molestas. Diría que para mi madre ese tenue sonido es preguntarme cuándo me voy a sanear el pelo, hablar de sus nietos o de cocinas. El de mi padre son los documentales sobre la Segunda Guerra Mundial o catástrofes en aviones. Mis hermanas y yo colaboramos en este concierto de eterna cadencia con nuestras propias melodías: ropa, pisos, barriga de más, culo de más y, en mi caso, la cuota de autónomos y los muebles que quiero. Últimamente le he cogido el gusto a conducir, porque siento que es el momento más cercano al silencio total en la cabeza. Requiere tanta concentración que es difícil que otros pensamientos entren. Suelo hacer los viajes en total silencio, para así poder escuchar cada interacción del coche con el entorno, y la de mi persona con el coche. Los viajes en coche siempre me han gustado. Es fácil quedarse dormida. Escuchábamos discos enteros y en orden.”
“Hace poco, hablando con una amiga, recuerdo confesarle que me daban envidia mis sobrinos. Cuando creces tus padres dejan de cogerte en brazos y de achucharte. Como si entre adultos la ternura estuviese prohibida, y las muestras de cariño tuviesen que buscar nuevas vías. Será por eso que cuando hay un bebé en casa todos se abalanzan para cogerlo, no porque sean irresistibles, sino porque todo ese amor reprimido necesita un receptor legitimado. Estamos buscando quién queremos ser. Nunca antes tuvimos que preguntárnoslo, y solo esperamos un poco de ternura.”










