¿Por que dejamos de luchar por nuestros sueños?
En los recovecos del alma, donde habitan los sueños, se fragua una tristeza, un dolor inmenso, cuando la vida se quiebra y el corazón se desgarra, y los sueños se desvanecen, como sombras en la nada.
Acontecimientos tristes, como puñales en el pecho, dejan cicatrices profundas, que se arrastran en el tiempo, y en el fragor de la pena, los sueños se desvanecen, como estrellas apagadas, en el cielo que enmudece.
El alma, herida y cansada, deja de perseguir sus anhelos, se oculta en la penumbra, envuelta en negros velos, y el fuego que arde en el pecho, se apaga lentamente, mientras el sueño se desvanece, como un suspiro que se pierde.
Pero, ¿acaso es justo que renunciemos a lo que amamos, a nuestros sueños más profundos, a lo que nos hace humanos? No, no debemos claudicar ante las sombras del pasado, pues en cada herida se oculta un aprendizaje abrazado.
Aún cuando el alma se rompa en pedazos, en mil fragmentos, debemos encontrar fuerzas, resurgir con alientos, porque en la adversidad se forja el espíritu valiente, y los sueños renacen, en una danza persistente.
No permitamos que los sucesos tristes nos silencien, que las lágrimas apaguen la luz que nos define, mantengamos la pasión ardiente en nuestro pecho, y persigamos los sueños, como un deseo satisfecho.
Aunque nos hieran el alma, y nos rompan el corazón, dejemos que el amor y la esperanza sean nuestra canción, y sigamos adelante, con valentía y determinación, pues los sueños merecen vivir, a pesar de la desilusión.
No dejemos que el pasado nos robe la ilusión, sigamos persiguiendo nuestros sueños con pasión, porque en la fragilidad reside nuestra fortaleza, y en cada caída, encontraremos la grandeza.
Así, en la senda de la vida, cuando todo parece en vano, recordemos que aún podemos alcanzar el anhelo lejano, y que en cada cicatriz y herida se esconde el aprendizaje, mientras el alma renace, con fuerza y coraje.
No dejemos que las tristezas nos arrebaten la luz, sigamos persiguiendo nuestros sueños, sin excusas, y aunque el alma se quiebre, jamás nos detengamos, porque los sueños merecen ser vividos, sin atajos ni reclamos.














