Ahora Y Luego
Secuela de Dime
Inglés autor: @imagining-supernatural Traducido por: @kclaire1
Sumario: ¿Qué ocurre la mañana después de que dos amigos se acuesten por primera vez? Pues que empiezas a darle vueltas, ¡por supuesto!
Recuento de palabras: 3.464
Advertencias: Smut implícito. El Maldito Sam Winchester (No es un nivel tan alto como el de El Jodido Sam Winchester pero casi, Sam es más mono que caliente en esta parte)
Tell Me English Masterlist – Dime Masterlist en Español
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que me desperté sintiéndote así de bien. Vale, estaba acostumbrado a despertarme dolorido. Viene aparejado a mi trabajo. ¿Pero despertarme dolorido por una noche como la noche pasada? No quiero sonar cursi, pero una noche así sólo había ocurrido en mis sueños.
Con cuidado me puse de lado y no pude evitar una pequeña sonrisa cuando miré a T/N. Habíamos sido amigos desde, bueno, desde siempre. Bobby la recogió hace años ya, y desde la primera vez que la vi, supe que estaba perdido. Sin embargo, sólo pensar en estar con una chica como ella estaba fuera de mi alcance. Así que me conformé con admirarla en la distancia.
Todo cambio cuando la pille mirándome mientras ayudaba a Dean con el coche un día. O, mejor dicho, cuando Dean la pilló mirándome y no paró de fastidiarme con ello. Sus bromas se colaron en mi cabeza y comencé a pensar que tal vez….
Pero no había sido capaz de atreverme a dar el salto aún. Y ver a T/N ruborizada se convirtió rápidamente en una de mis distracciones favoritas. Prefería tener una amiga ruborizada y mis pelotas azules a una noche que arruinara una amistad.
Ayer sin embargo… definitivamente la balanza se había inclinado. T/N se había vuelto un poco posesiva conmigo y eso era muy cachondo. Había planeado distraerla un poquitín durante sus clases, hacerla ruborizar, la rutina habitual.
Pero entonces ella comenzó a flirtear con su compañero…
Me sacó de mis pensamientos cuando comenzó a despertarse. Se estiraba poco a poco rozando su cuerpo contra el mío y sus suaves gruñiditos me volvían loco. Ella siempre me volvía loco.
Recuerdos de la pasada noche se proyectaban una y otra vez por mi mente. Siempre pensé que los dos tendríamos que estar un poco achispados para reunir el coraje suficiente para dar el paso y finalmente acostarnos juntos. Y aún así, allí estábamos, completamente desnudos en la cama y sin resaca a la vista. Cada palabra, cada toque, cada sonido. Nada de lo que pasó la pasada noche estaba cubierto por la bruma del alcohol.
Estiré el brazo y muy suavemente pasé la mano por su hombro, sobre su costado, por la curva de su cintura hasta que doblé mis dedos en torno a su cadera. Su suave y feliz gemido fue derecho a mi polla, y la forma en la que se echó hacia atrás contra mi cuerpo no estaba ayudando a arreglar la situación.
Entonces sus músculos empezaron a tensarse y supe que estaba lo suficientemente despierta para anticipar una incomoda mañana después de que dos amigos se acostaran por primera vez.
Pero bien podríamos dejarlo para después de que la hiciera gritar mi nombre unas cuantas veces más.
“Buenos días,” susurré abrazándola por completo de la cintura y tirando de ella hacia mi cuerpo mientras mis labios seguían donde lo dejaron la noche anterior en un intento de hacer un mapa completo de su cuerpo.
“Mmm, Sam.” No creo que haya escuchado nunca un sonido más bonito que el que hizo T/N gimiendo mi nombre con voz medio dormida.
Y fue entonces cuando su teléfono comenzó a sonar, destrozando el momento por completo. Se apresuró a alcanzarlo y apagarlo con un gruñido de desaprobación. “Tengo un proyecto de grupo al que no puedo faltar.”
Casi me rendí en ese momento.
Pero entonces recordé que ella siempre ponía la alarma con mucha antelación.
Y recordé el arco de su espalda y sus manos tirando de mi pelo la pasada noche.
Y recordé sus besos húmedos en mi piel mientras intentaba respirar.
Y supe que no podía dejarla irse tan fácilmente esa mañana.
“Tienes tiempo,” murmuré, ejerciendo una pequeña presión en su cadera hasta que rodó colocando la espalda sobre el colchón. Sin perder más tiempo, la besé y fue como si todo mi cuerpo estuviera ardiendo. Oh, las cosas que esa mujer me hace.
Sus manos se posaron en mis hombros y no estaba seguro de si me iba a apartar o a tirar de mi para acercarme más.
Bueno, decidí, no estaría mal hacerle la decisión más fácil. Mordiendo su labio inferior suavemente, me retrepé sobre ella, necesitando sentir su piel suave contra la mía. Una sonrisa satisfecha asomó a mis labios cuando ella separó sus piernas para recibirme.
“Que le den,” gruñó. “Puedo llegar tarde por una vez en mi vida.”
*****
“Siento mucho llegar tarde,” te disculpaste mientras te colabas en la sala de estudio donde el resto de tu grupo ya estaba sentado. “Ha sido… una locura de mañana.”
Greg te miró a los ojos y levantó las cejas haciéndote ruborizar al instante. “Apuesto que sí.”
“Tú,” dijiste apuntándole amenazadoramente, “Cierra el pico.”
“¿Qué ha pasado esta mañana?” Bugs os miró a ti y a Greg un momento pero Greg sabiamente se mantuvo en silencio, dejándote actuar como quisieras.
“Nada. La pregunta importante es qué me he perdido en los quince minutos que no he estado.”
De ninguna manera ibas a revelarles a un grupo de compañeros de clase ningún detalle sobre tu vida sexual. Especialmente dado que una noche (y un rato por la mañana) podían haber arruinado una de tus más preciadas amistados. No había habido tiempo de hablar a cerca de las repercusiones de la pasada noche (y mañana) entre Sam y tú. Apenas habías tenido tiempo de darte una ducha, coger una barrita de Granola e irte al campus. Tu pelo aún estaba mojado y odiabas haber dejado el apartamento tan desorganizado.
Pero había merecido la pena. Después de todo, si tu amistado con Sam iba a acabar muriendo, mejor joderlo a lo grande.
Valga el juego de palabras.
“Vaaaale,” Bugs entrecerró los ojos mirándote, sintiendo que allí había detalles jugosos. Nadie sabía cómo había acabado con el mote de Bugs, y nadie podía recordar su nombre real. Ambos eran detalles que se negaba a revelar. Así que era justo que tú te guardaras también algunos secretos.
Mientras Jenny te hacía un resumen del principio de la reunión, te sentaste en tu sitio y sacaste el cuaderno de notas y el ordenador, colocándolo todo. Durante los siguientes cinco minutos te dedicaste a ignorar las miradas de Greg, y finalmente él volvió al asunto del proyecto.
Entonces tu teléfono zumbó.
Y tú lo ignoraste.
Tenías te concentrarte en el proyecto de grupo. Si era Sam el que te mandaba mensajes, no podías permitirte estar distraída.
Análisis de la Cadena de Suministros ahora. Sam Winchester más tarde.
“Así que la siguiente pregunta en el caso a estudio es ¿Por qué Techron eligió la opción una antes que la opción dos?” leíste la pregunta en alto para dirigir la atención del grupo en la dirección adecuada.
¿Pero y si Sam necesitaba algo? ¿Y si era Dean? ¿Y si estaban de caza y necesitaban tu ayuda?
Acercaste la mano unos centímetros hacia el teléfono, pero la retiraste en el último momento. Eran los Winchester. Podían arreglárselas por si solos. Sacudiendo la cabeza, volviste a tu cuestionario.
¿Pero y si era Bobby? No importaba que él nunca enviara mensajes. El prefería llamar. Pero si estaba en una caza y no podía hablar, entonces a lo mejor te estaba enviando un mensaje con un 112.
El grupo estaba dando ideas sobre como responder a la pregunta y tú dejaste caer un par de comentarios sin importancia pero tenías la atención puesta en el teléfono y en el mensaje que no habías leído.
A la mierda. No serías capaz de concentrarte hasta que supieras que pasaba.
Sam: Si llego a saber que duchándome después de ti iba a oler así de bien lo hubiera hecho mucho antes.
Oh dios. Sam estaba en tu ducha, un Sam desnudo, con gotas de agua corriendo por su pecho… el pelo mojado de un tono más oscuro de lo normal.
Gestión de la Cadena de Suministros. Proyecto de grupo ahora.
Winchester luego.
Pero incluso mientras tratabas atrapar tu atención y llevarla de vuelta a la tarea, te picaban los dedos de las ganas de escribir una respuesta. No eras buena en eso de flirtear en persona, pero habías leído cantidad de libros, así que cuando tenías un minuto para pensar en la respuesta en lugar de soltar lo primero que se te pasara por la cabeza, tu mente sabía que hacer. Y cuánto querías responder con algo ingenioso como ¿por qué esperar hasta que yo esté fuera de la ducha? Pero sabías que nunca podrías enviar un mensaje como ese.
“T/N,” susurró Greg, dándote un codazo. Te sacó inmediatamente de tus pensamientos y le miraste. Él te sonrió. “¿Con quién te estás mandando mensajes?”
“Con nadie.” A la defensiva, deslizaste tu teléfono de nuevo en el bolsillo sin contestar a Sam e hiciste un esfuerzo por moverte por el PDF del caso que estabais estudiando.
Ni cinco minutos más tarde, te llegó otro mensaje.
Sam: ¿Por qué tienes cuatro botes diferentes de Salsa de Soja?
Ese era un mensaje más fácil de manejar. Era más como el viejo T/N-y-Sam. El T/N-y-Sam con el que te sentías a gusto.
T/N: ¿Por qué estás cotilleando en mi frigorífico?
Sam: Tengo hambre.
Sam: Esta creciendo moho sobre el moho que ya tenían tus sobras.
Sam: ¿Alguna vez limpias el frigorífico?
“Tierra a T/N,” Bugs ondeó la mano delante de tu teléfono trayéndote de vuelta al asunto que os traíais entre manos. El proyecto te grupo ahora. Winchester luego. “¿Una conversación interesante?”
“Si, perdón. Es sólo que—” cómo explicar esto sin dar demasiada información. “Tengo unos amigos en mi casa y están tratando de encontrar algo comestible en mi cocina. Dadme un segundo.”
Y/N: Los cereales están sobre el frigorífico y la leche no caduca hasta dentro de una semana. Si tanto te molesta tal vez deberías limpiar tu mismo mi frigorífico.
Ya puestos podías sacar algo de tanta queja suya.
Espera.
Mierda.
Habías puesto una carita con un guiño.
No era la primera vez, pero era la primera vez desde que os habíais acostado. Eso quería decir que esta vez significaba algo diferente, ¿verdad? ¿Leería Sam algo más de lo que realmente era? ¿Y si se pensaba que limpiar mi frigorífico era una especie de código obsceno para decir otra cosa? ¿Qué pensaba él? ¿Qué pensaba él que significaba? ¿Qué piensas tú que significa? ¿Qué quieres tú que signifique?
“A lo mejor deberíamos hacer una pausa de diez minutos para ir al baño,” le sugirió Greg al grupo. “Estoy algo agotado.”
“Yo también,” añadió Jenny inmediatamente. El resto del grupo asintió y los seis os repartisteis por la sala de estudio. Una vez estuviste en el pasillo, Greg te guió hasta una clase vacía y se giró a mirarte con una sonrisa.
“Tienes cara de que alguien acaba de atropellar a tu gato.”
“He puesto una cara haciendo un guiño,” estallaste, más cómoda compartiendo eso ahora que era sólo entre tu amigo y tú.
“¿Y?”
“Y he puesto una carita haciendo un guiño.” ¿Cómo es que no lo estaba pillando? “Antes, sólo era una cosa que solía hacer cuando estaba de broma pero nos acostamos anoche. Así que ya no es solo una carita haciendo un guiño. Es una carita haciendo un guiño.”
Greg sacudió la cabeza, riéndose. “Tío, no te había visto así de loca antes.”
“No estoy—” soltaste un bufido interrumpiéndote a ti misma. “Greg, no es divertido, Sam es uno de mis mejores amigos. Él es…” Greg no sabía que Sam era un cazador. Él le conocía como el Dr. Peralta. Tenías que atenerte a la historia. “…Él es un gran mentor y ahora voy y me acuesto con él y eso lo ha cambiado todo y yo. Le. Envio. Una. Cara. Haciendo. Un. Guiño.”
Te guió hacia una mesa y te sentaste en ella mirándole mientras se sentaba en otra. “Escucha, T/N, como tu gurú del amor te tengo que decir que te tranquilices.”
“¿Qué me tranquilice? No acabas de decirme eso.”
“Vale, eso no ha sido lo más inteligente.” Greg murmuró para si mismo. “Mira, T/N, no puedes hacer nada ahora. Olvídate de ello hasta que acabemos con este proyecto. No puedes cambiar lo que ya ha ocurrido y de verdad que quiero sacar buena nota en esta clase así que…“
La cuerda de ansiedad que se ceñía alrededor de tus pulmones se aflojó un poco mientras bufabas una risa. “Es cierto. Perdona. Se me olvidaba pensar en como mi crisis impactaría en tus notas.”
“Me alegra ver que estas de vuelta.” Greg te guiñó un ojo provocándote, y después jadeó y se llevó la mano a la boca. ”¡Oh, no! ¡Acabo de guiñarte un ojo! ¿Y si ahora te piensas que significa algo más? Oh, Dios, ¿Qué voy a hacer?”
“¡Cierra el pico!” soltaste una gran carcajada y le diste un golpe en el hombro, casi haciéndole caer de la mesa. “No sé cómo te aguanto.”
“Porque los dos queremos buenas notas y los dos somos increíblemente listos y además, yo he conseguido que echaras un polvo anoche.”
Instintivamente abriste la boca para corregirle porque tenía que haber algún error en lo que decía. “Yo…maldición, tienes razón,”
“¿Cómo has dicho?” Greg se puso la mano detrás de la oreja y se inclinó hacia delante. “Di la última parte de nuevo. Creo que no te he oído bien.”
“Eh, ya que fuiste tú el que lograste que echara un polvo la noche pasada, ¿qué tal si arreglas el lío que ha causado?”
“No tocaría ese lio ni con un palo de tres metros.” Saltó de la mesa y caminó hacia la puerta. “Pero podemos evitar que nuestras notas sigan a tu vida amorosa al profundo, oscuro e inflexible pozo de desesperación.”
Con un dramático suspiro, le seguiste. “Vale.”
Sin embargo, aún no te dejó pasar. Le lanzaste una mirada interrogativa y él te tendió la mano como respuesta. “Dame tu teléfono. No estaba bromeando al decirte que quería sacar buenas notas en esta clase. Necesitamos tener una buena puntuación en este proyecto lo que significa que te necesitamos en tu mejor momento en el juego. Y, por lo que he visto, este tal Peralta te distrae demasiado. Así que necesito que dejes tu teléfono en tiempo muerto.”
Otra vez Greg tenía razón. Así que cediste con un, “Vale.” Y cómo si se lo hubiera olido, el teléfono zumbó, indicando que tenías otro mensaje de Sam. “¿Pero déjame mirar esto antes?”
Greg asintió mientras te entraba un segundo mensaje.
Sam: Si lo limpiara, no quedaría nada. Y un frigorífico limpio es un frigorífico triste.
Sam: En serio, necesitas comida.
“Vale. No ha dicho nada acerca de la carita con guiño.”
“¿Lo ves? No tienes nada de lo que preocuparte. Ahora dámelo.” Greg ondeó los dedos con impaciencia, haciendo un gesto para que pusieras el teléfono en su mano. Tan pronto como lo hiciste, presiono el botón para apagarlo. “Concentrémonos en la tarea ahora, ¿vale?”
*****
“¡Bobby!” en cuanto escuchaste abrirse la puerta, gritaste para que tu padre te prestara atención. “No puedes deducirte los gastos en munición de tus impuestos. No creo que los de Hacienda lo vean como un gasto aceptable a deducir.”
“No sabía que Bobby pagara sus impuestos.” dijo una voz profunda que desde luego no era la de Bobby. Asomaste la cabeza del viejo ordenador en el que estabas revisando las finanzas de Bobby para ver a Sam de pie en el marco de la puerta de la oficina. Te saludó con una sonrisa torcida. “Hola, T/N.”
“Sam.” ¿No se suponía que tu corazón tenía que estar latiendo? ¿Y a qué venía tanto sudor repentino? “¿Qué haces aquí?”
Una caza le había obligado a alejarse de ti antes incluso de que llegaras a casa de vuestro grupo de estudio hacía unas semanas y las cosas entre vosotros dos estaban… sin acordar. No tenías ni idea donde os encontrabais. ¿Erais amigos? ¿Con beneficios? ¿Algo más? ¿Estaba completamente acabado?
Bueno, teniendo en cuenta la forma en la que te sonreía probablemente no estaba acabado.
“Por fin tenemos un par de días sin ninguna caza, así que Dean y yo pensamos en pasarnos y haceros una visita. Especialmente cuando Bobby nos dijo que estabas en casa para pasar el verano.”
Durante un rato, los dos os mirasteis el uno al otro sin saber muy bien qué decir. El silencio que creció entre vosotros estaba lleno de palabras no dichas y semanas de no tener ningún contacto hasta que finalmente tuviste que romperlo. Te levantaste y comenzaste a rodear la mesa. “Bueno, Bobby ha ido a la ciudad para ir al super—”
“Si, Nos lo encontramos según veníamos. Dean está con él ahora mismo.”
Así que ahí estabais los dos. Solos. De nuevo.
“Oh, ¡espera! Casi se me olvida.” Sam se agarró la camisa por detrás de la cabeza y empezó a tirar de ella.
“¿Qué… qué estás haciendo?” Sam y tú. Solos. De nuevo. y él estaba quitándose la ropa. ¿A dónde demonios os llevaba eso?
“Según Dean y tú misma, aparentemente es mi Modus Operandi no llevar camisa cuando estoy aquí.” Te guiñó un ojo y tiró la camisa detrás de él.
El tonteo que llevaba implícito era algo que podías manejar. Claro, estaba rozando la línea entre lo que teníais antes de que os acostarais y a donde quiera que fuera que os dirigierais ahora, pero podías manejar esta clase de tonteo.
“¡Cierra el pico!” le diste un empujón a su hombro desnudo con una sonrisa. “Te lo has buscado tú solito.”
En un suspiro, las manos de Sam se apoyaron en tu cintura y te giró hasta que el marco de la puerta quedó a tu espalda y mientras él se inclinaba sobre ti. “Ha merecido la pena, sin embargo.”
Ese era un momento de tómalo o déjalo.
“No hemos tenido tiempo de hablar,” te atropellaste con tus propias palabras mientras tus dedos recorrían su pecho desnudo.
Habías estado planeando este momento desde que Sam te mandó el mensaje diciéndote que Dean le había arrastrado a una caza. El último mes de ese semestre te lo habías pasado tratando de averiguar qué era lo que querías y qué era lo que Sam quería y planeando la conversación perfecta que tendríais cuando finalmente os juntarais.
Pero se te olvidaron todas esas frases que habías elaborado con tanto cuidado en ese momento.
“Tú y yo,” susurró Sam. “¿Sí o no?”
Subiendo los ojos hacia los suyos, pensaste en su pregunta tan simple. Estaba tan cerca y esas semanas sin él de repente parecían tan lejanas. Pero había años de amistad entre vosotros a tener en cuenta. Años de amistad que se podían ir por el desagüe si eso no funcionaba.
O años de amistar que habrían formado unos sólidos cimientos para algo más. Años de amistad que eran solamente el prologo para la siguiente parte de vuestra historia.
Sam se apartó y rozó tu nariz con la suya. “Yo voto sí, si es que eso ayuda.”
Pensaste en la primera noche. Lo enfadada y lo molesta que habías estado cuando Sam pareció rendirse al pensar que estabas con otro chico. Lo preparada que habías estado para lanzarte a algo nuevo y cómo Greg te había enseñado a soltarte. Habías estado preparada para algo nuevo. Ibas a irte a ese bar sin pensar en las consecuencias.
A veces, pensabas demasiado.
A veces, era mejor actuar.
A veces, meterte de un salto en una situación que te daba miedo merecía la pena.
A veces, tenías que centrarte en el ahora y olvidarte del después.
Alzando el brazo, enredaste los dedos en el pelo largo de Sam y posaste los labios en los de él. Era fácil perderte en ese beso, y a penas te diste cuenta cuando te abrazó rodeando con sus brazos tu espalda, separándote del marco de la puerta y tirando de ti hacia su cuerpo. Se ajustaba al tuyo como una pieza de puzle.
“¿Qué estáis haciendo en mi oficina, par de idiotas?” La voz ronca de Bobby os separó, justo a tiempo, y te ruborizaste.
“Bueno, en palabras del famoso policía de Brooklyn, Jake Peralta, ahora estamos oficialmente poniéndonos las botas,” contestó Sam sin dejar de abrazarte ni un segundo.
La referencia a Brooklyn Nine-Nine te hizo soltar una carcajada, quitándole parte de la incomodidad al hecho de que tu padre os pillara enrollándoos. Te preguntaste si ya había visto tu programa favorito cuando vino a clase a presentarse, pero preguntárselo no se te había pasado por la cabeza con todo las distracciones y provocaciones y el flipar de ese fin de semana.
“Sea lo que sea lo que estabais haciendo, a Dean y a mi nos vendría bien un poco de ayuda con las bolsas.”
“Iremos en un minuto,” dijo Sam.
Mientras Bobby se apartaba le escuchaste decir detrás de ti, “Hijo, si sólo vas a tardar un minuto, estás haciendo algo mal.”
Spanish Tag: @starswirlblitz @cristinabl









