He encontrado esta maravillosa página Web llena de ideas y me he inspirado
Idea: “No te preocupes, nadie espera mucho de ti.” “¿Se supone que eso es una frase para subirme el ánimo?”
Recuento de palabras: 515
English Version: Pep Talk
“No te preocupes,” dijo Dean mientras acababas de maquillarte. “Nadie espera mucho de ti.”
Te volviste hacia la puerta del baño y le miraste fijamente. “¿Se supone que eso es una frase para subirme el ánimo?”
Dean levantó una ceja mientas miraba tu cara a medio maquillar. “Bueno, maquillada así, creo que todos esperarían incluso menos.”
“Qué te jodan. Winchester. Sabes que aún no he terminado.”
Murmuró algo que no escuchaste mientras volvías tu atención hacia el espejo. No podías creer que los Winchester te hubieran convencido de hacer de cebo como stripper en una de sus cazas. Si buscaras sexy en el diccionario, tu foto aparecería junto a la palabra antonimo. Sexy, no lo eras. La bolsa rosa brillante con la lencería se burlaba de ti desde la tapa cerrada del inodoro. Ibas a parecer una torpe idiota subida al escenario.
Con suerte, el monstruo te atraparía antes de que te tocara salir.
“¡Comida!” anunció Sam, entrando de repente en la habitación del motel. Hubo una agitación, que asumiste era Dean apresurándose a por su hamburguesa. Ya que estabas empezando a meterte en el personaje, les ignoraste y te centraste en el tutorial de YouTube sobre sexy smoky eyes.
“Aquí tienes tu batido y las patatas.” Sam entró en el baño y dejó la comida en la encimera. La bolsa de la lencería crujió cuando la levantó para sentarse el en el asiento. “Estás guapa, T/N.”
“¿Has oído eso, Dean? Así es como se le habla a una mujer que se prepara para salir esa noche,” gritaste hacia la habitación, recibiendo solo un gruñido de vuelta mientras el devoraba la hamburguesa. Ladeaste la cabeza hacia Sam y luego te inclinaste para mirarte al espejo tratando de hacer que ambos ojos parecieran maquillados igual. “Y gracias, Sam. Esta mierda es difícil de hacer. ¿Cómo lo hace la gente todos los días? En serio, puntos para la gente que consigue hacer que la raya de los ojos le salga bien todos los días.”
Se rio. “Puntos para ti por aceptar hacer esto.”
“Dean y tú me habéis convencido a la fuerza y lo sabes.”
“¿Y nos culpas?” Miró dentro de la bolsa y una sonrisa de medio lado apareció en su rostro. “Yo no puedo esperar a verte con esto puesto. Y estoy bastante seguro de que Dean está en el mismo barco.”
Poniendo los ojos en blanco con cuidado, le diste los últimos retoques a la sombra de ojos y el colorete. “Estas tan lleno de mierda.”
“Y tú estás tan ciega.” Mientras empezabas a cerrar las cajas del maquillaje, Sam se levantó para ponerse detrás de ti. Retiró con cuidado el pelo de tus hombros y te puso las manos en el cuello. Tus movimientos se ralentizaron mientas buscabas sus ojos en el espejo. “T/N, cualquier chico, qué demonios, cualquier chica también, tendría mucha suerte de ser quien te arruinara el maquillaje que te acabas de poner.
Y guiñándote el ojo, te dejó sola en el baño. Cogiste aliento, temblando un poco y murmuraste. “Eso si que es una frase para subirme el ánimo.”
Petición anónima: Hola, soy yo de nuevo, la que te envía las caritas haciendo gestos estúpidos. O puede que esté loca. En cualquier caso, ¿puedes escribirme algo en el que un demonio posea a Sam y la lectora y Dean intentan librarse de él, pero cuando lo hacen se dan cuenta de que a Sam le han envenenado la mente y se está lentamente volviendo loco?
Recuento de palabras: 4066
Advertencias: Smut implícito
N/A: Bueno… pensé que esto iba a acabar siendo super angustioso, basándome en la petición, pero a acabado siendo… ¿fluffy?
English Version: Demon Sickness
Con un satisfactorio ¡zas!, la cabeza del vampiro cayó al suelo, seguida por el resto del cuerpo. Bajaste el machete, jadeando.
“¡El último vampiro ha caído!” gritaste en la casa abandonada para que Sam y Dean pudieran respirar con tranquilidad y concentrarse en ayudar a las victimas. Arrugaste el gesto al mirar al cuerpo. Bueno, al menos serviría para algo, pensaste mientras limpiabas la sangre de tu cuchillo en la ropa del vampiro. Ya limpiarías el arma más minuciosamente cuando estuvieras de vuelta en el hotel. Pero por ahora, con eso bastaría.
“Menos mal que hemos traído dos coches,” dijo Dean cuando bajaste las escaleras. “Hay cinco víctimas que necesitan que las lleven a un hospital. Solo una no ha salido viva. Seca como un hueso.”
“Pero hemos salvado a cinco, Dean.” El hermano mayor a veces se centraba demasiado en la gente a la que no podíais salvar. Necesitaba que le recordaran que también estabais haciendo mucho bien a este mundo.
Sam había tenido sus momentos en los que el peso del trabajo se le había caído encima, pero generalmente se le daba mejor encontrar formas más saludables de hacerle frente. No es que sus mecanismos de defensa fueran 100% saludables, pero eran bastante saludables para un cazador.
“Sam y tú llevad a las victimas a la ciudad. Yo limpiaré antes de que lleguen los polis,” Dean miró el desastre que había en la casa.
“Vale. Ten cuidado.”
Dean asintió una vez. “Sí, tú también.”
La luz del sol te hizo daño en los ojos, un duro recuerdo de la vida inmersa en la oscuridad en la que vivían los vampiros. Ventanas cubiertas con tablones y viejos y mohosos sótanos no eran tu idea de una vivienda. Bajaste saltando los escalones hasta llegar a donde las cinco víctimas estaban acurrucadas al lado de los coches. Sam estaba de piel al lado, con gesto rígido, mirando en otra dirección. Qué raro. Generalmente él era quien se aseguraba de que todo el mundo estuviera bien y de que nadie estuviera en shock o algo así.
No importa. Todo el mundo puede tener un día raro de vez en cuando. Así que decidiste ocuparte tú del trabajo y caminaste hacia el grupo. “Eh, ¿Cómo lo lleváis?”
“¿Cómo lo llevamos?” la mujer de mediana edad con el corte típico de madre prácticamente te gritó. “Acabamos de ser retenidos como rehenes por esos—esas cosas durante una semana entera y tienes la audacia de preguntar ¿cómo lo llevamos?”
“Laura,” uno de los hombres la riñó en voz baja, “Solo está tratando de ayudar.”
“Entonces vale”, Laura se mofó. “¡Podías mejor haber ayudado hace una semana!”
“Estaba salvando a una familia con cinco hijos de menos de siete años de un Wendigo en Minnesota la pasada semana. Pero en cuanto mis compañeros y yo nos enteramos de lo de los vampiros, vinimos corriendo. Siento que no pudiéramos llegar antes.” El cuidado tras una caza iba mucho mejor cuando las victimas estaban agradecidas. “¿Cuál es tu apellido, Laura?”
“Carrillo,” contestó malhumorada.
Laura Carrillo, memorizaste su nombre. Lo escribirías en tu libreta más tarde. “¿Qué hay de tu familia? ¿Tienes hijos?”
“Tres hijas quinceañeras. Probablemente se estarán volviendo locas de preocupación por mí.” Apartar su mente de los vampiros y centrarla en lo que le esperaba en casa pareció acabar con el resto de su ira.
“Bien entonces, Laura, vamos a llevarte con ellos.” Mientras les ayudabas a subir al coche, sin ayuda de Sam, le preguntabas los nombres de los familiares, o en qué trabajaban. Cada detalle que te daban, lo apuntabas en la memoria para hasta que pudieras escabullirte un momento y apuntarlo todo.
Desde tu primera caza, te hiciste el propósito de conocer a cada persona que salvabas. Mantenías un archivo y así cuando te sentías de bajón y deprimida siempre podías abrirlo y recordarte a ti misma que no eras tan mala. Esa era la única forma de lograr permanecer cuerda durante los últimos años.
“Vale, Sam. Todo el mundo está listo. Tú te llevas el Impala. Dean está limpiando. Vamos a llevar a esta gente al hospital”
Tras lanzarle las llaves, te dirigiste de vuelta al coche de alquiler, pero Sam te agarró del brazo para detenerte. Incluso después de llevar cazando con él tantos meses, aún no te habías acostumbrado a la piel de gallina que se te levantaba cada vez que te tocaba. Tenía algo que te atraía hacia él. Aunque, por supuesto, nunca habías hecho nada.
Te diste la vuelta y esperaste para escuchar lo que fuera que te quisiera decir, pero había algo diferente en él, algo… fuera de lugar, de alguna forma. Estaba un poco intenso, pero no sabrías decir por qué. “¿Estás segura de que has acabado con todos los vampiros, T/N?”
“Sí…” respondiste arrastrando la palabra. Confundida. Sam nunca se había cuestionado tus habilidades. Siempre había confiado en ti. “¿Por qué?”
“Oh, por nada. Solo me aseguraba. Después de todo, después de la caza de Tulsa, no está de más asegurarse.”
Te llamearon los ojos. ¿Por qué demonios sacaba a relucir lo de Tulsa ahora? “A todos se nos pasó ese segundo rugaru. No fue culpa mía solamente.”
“Podía haberme engañado a mi también,” dijo Sam casualmente, antes de caminar hacia el Impala. Le miraste con la boca abierta, sin disfrutar la vista de su espalda como solías hacer. ¿A qué demonios había sido eso? Eso no era para nada típico de Sam.
Trataste de quítate la idea de encima mientras conducías a la ciudad, pero estaba allí presente en un rincón de tu mente. Algo iba mal con Sam. Incluso mientras Jacob Briely, el mecánico padre de dos hijos cuya esposa había fallecido el año anterior de un cancer de pecho, te hablaba del primer partido de softbal de su hijo mayor, tu mente estaba ocupada revisando las razones por las que Sam podía haber estado tan hostil contigo. Para cuando Sarah Haverly, una abogada de éxito que acababa de romper con su novia por que la estaba engañando con su hermano, empezaba a contaros como fue su cumpleaños favorito, ya habías decidido que Dean y tú ibais a tener que hacerle los test a Sam para a ver si averiguabais que estaba pasando.
Mientras aparcabas en el hospital detrás de Sam, alejaste por el momento esos pensamientos. Esa gente necesitaba tu ayuda y tú necesitabas tu cerebro funcionando a toda potencia para que la policía no os pillara.
Esta vez Sam ayudó a todos a entrar en el hospital. Justo antes de que llegaras a la puerta, las enfermeras se acercaron corriendo para hacerse cargo de todo. Una se quedó atrás para preguntar que había pasado y Sam y tú le contasteis la historia que ya habíais preparado, esperando que lo que fuera que estaba mal con Sam no le hiciera estropear vuestra coartada.
“No sé que ha pasado, en serio. Mi novio y yo estábamos conduciendo, y pasábamos por una carretera secundaria cuando oímos gritos así que entramos en la casa y les liberamos.” A parte de alguna mirada de medio lado, Sam parecía estar deseando seguirte el juego con esa mentira. Incluso se acercó hacia ti para jugar mejor el papel de tu novio. Recibiste un mensaje de texto y al mirarlo viste que Dean había ya limpiado la casa, y que probablemente estaría haciendo autostop para ir al motel. “Había un par de cuerpos, probablemente deberíais enviar a la policía…”
La enfermera os ordenó que esperarais a que volviera y corrió hacia recepción donde habló rápidamente con la secretaria que se puso a hacer una llamada.
“¿Has conseguido ya suficiente información para tu estúpido libro La Gente a la que he Salvado?” preguntó Sam fríamente.
“¿Qué—cómo te has enterado de eso?” ¿Estúpido libro? Creías que, si alguien lo iba a entender, sería Sam.
Sam se rio. “No eres tan sigilosa como te crees que eres.”
No tenías ni idea de cómo manejar esta faceta de Sam. No la habías visto nunca antes. Puede que sea porque no es realmente Sam.
“Voy a asegurarme de que todo el mundo está bien. Quédate aquí.”
“Sí señora,” respondió Sam con un gruñido.
Echando un vistazo atrás, te adentraste en el hospital. En cuando estuviste fuera de la vista de Sam, sacaste el teléfono y le enviaste a Dean un rápido mensaje de texto con unas cuantas instrucciones. Cuando estuvo hecho, te dirigiste a revisar a la gente a la que habíais salvado como dijiste que harías. Afortunadamente solo habían necesitado que les pusieran puntos y algunas transfusiones de sangre. Satisfecha de que todos estuvieran a salvo, les diste tu número en caso de que algo más ocurriera y volviste con Sam. Sacabais el coche del parking del hospital justo cuando llegaba la policía.
“¿Para qué sirve ese libro tuyo, de todas formas?” te preguntó Sam con condescendencia. “Si alguien se hace con él, podrían ir a por todos los que ya has salvado.”
“Está encriptado.” Murmuraste, girando una esquina más rápido de lo que habías planeado. Estar de nuevo en el Impala en lugar de en un coche cualquiera de alquiler era genial, pero la compañía no estaba a la altura en ese momento.
“Los códigos se pueden descifrar.”
Pensaste en tu código especial que habías construido tras años de aburrimiento en el colegio y en un montón de recuerdos y experiencias personales. “Este no. Te invito a que lo intentes durante un par de días.”
Después de que averigüemos que demonios pasa contigo.
La conversación cesó durante el viaje de vuelta al motel. En cuanto aparcaste, Sam salió del coche y se encaminó a toda prisa a la habitación que los tres compartíais. Tú te retrasaste, intentando ver si alguna de las trampas que Dean había colocado funcionaban.
Sam abrió la puerta y entró dentro, pero no había dado más de tres pasos cuando se detuvo, incapaz de moverse más allá. Entraste y cerraste la puerta detrás de ti, con cuidado de quedarte fuera de la trampa para demonios y lejos del alcance de los brazos de Sam.
“Sabía que pasaba algo,” le dijiste al demonio. “Sam nunca me hablaría como tú lo has hecho.”
“La pequeña y preciosa T/N con su estúpido cuelgue por Sam Winchester,” El demonio arrugó su rostro en un gesto de burla hacia ti. “Y ese libro tuyo tan idiota.”
“¿Qué quieres?” preguntó Dean, poniéndose a tu lado.
El demonio puso los ojos de Sam en blanco. “Causar estragos y jugar con los grandes y poderosos Winchesters. Ha sido tan fácil conseguir que una camarera sin pretensiones accidentalmente derramara el café hirviendo con un poco de algo en el pequeño tatuaje de Sam.”
“Será incluso más fácil exorcizarte.” Observaste de manera casual mientras empezabas con el exorcismo.
El demonio habló, pero tú no dejaste de recitar el encantamiento. “Te crees que eres muy lista, pero—” Sam tosió, el humo negro comenzaba a salir de su boca. “Pero estás pasando algo por alto. Como en Tulsa. No me sorprendería si—“
El exorcismo terminó y el humo negro revoloteó alrededor de la trampa para demonios antes de desaparecer en el Infierno, donde debía estar. Sam se tambaleó y casi se cae, pero Dean y tú avanzasteis rápidamente hacia él y le sujetasteis, ayudándole a llegar a la cama.
“Sammy, ¿estás bien?” Dean tenía una mano en el hombro de Sam y le miraba a la cara con gesto preocupado.
Sam le apartó con torpeza. “Chicos, dadme un poco de espacio.”
Todo en sus movimientos y en la inflexión de su voz había vuelto a la normalidad. Te relajaste por completo, dejándote caer en la cama con alivio. Pero había algo, algo que te rondaba en la cabeza, que te decía que todo lo que había pasado con ese demonio había sido demasiado fácil.
*****
“Demonio,” Sam te susurró, mirando al dependiente mientras os acercabais a la caja. Cada vez pasaba con más frecuencia. Desde que el demonio le poseyó, Sam creía ver demonios por todas partes. Pero nunca eran demonios y te estaba preocupando. Diablos, él mismo estaba preocupado. Pero no podía parar. Cada pobre persona en la que Sam creía haber visto los ojos completamente negros, tú tenías que hacerle las pruebas o se pondría tan ansioso que no podría ni funcionar.
Así que sacaste el frasco de agua bendita y te dirigiste hacia el dependiente.
“Hola. Mira, esto te va a parecer raro, pero, ¿puedo echarte un poco de esto en la mano? Mi amigo tiene esta extraña necesidad de limpiar todo lo que entra en contacto con él. No te dolerá. Es solo agua. Te lo prometo. ¿Ves?” Te echaste un poco del agua en tu propia mano y el asombrado dependiente mantuvo la suya extendida para que hicieras lo mismo. No pasó nada y Sam relajó los hombros aliviado.
Le fuiste pasando los artículos al pobre hombre que aún se estaba limpiando la mano en el delantal y rápidamente saliste de allí. Le pasaste las bolsas a Sam y te sentaste en el asiento del conductor. Desde aquel incidente en el que Sam pensó que había visto un demonio caminando por la calle y casi se da un golpe con el coche, Dean le había prohibido conducir.
“Tenemos que averiguar qué está pasando,” Sam suspiró una vez que estuvisteis en la carretera. “No puedo seguir haciendo esto.”
“Lo averiguaremos, Sam. Te lo prometo.”
Se pasó las manos por la cara y después las llevó hacia su pelo en un gesto de frustración.
“Oye, Sam.” Estiraste el brazo y soltaste los dedos que tenía enredados en el pelo para entrelazarlos con los tuyos. “Siempre sabemos cómo resolver estas cosas. Y esta vez no va ser diferente.”
“¿Estás segura?” preguntó con la mirada puesta en vuestras manos entrelazadas descansaban en el asiento vuestro lado.
Aparcaste en el parking del motel en el que os estabais quedando esta semana y apagaste el motor. Después te giraste y clavaste la mirada en los preciosos ojos de Sam. “Estoy segura. Lo superaremos.”
Te quedaste mirándole el tiempo suficiente para asegurarte de qué estaba de acuerdo antes de soltarle para salir. Pero Sam continuó sujetándote la mano. Con gesto de duda, te giraste hacia él. Mantenía los ojos fijos en vuestras manos y habló con suavidad, casi como si tuviera miedo de escuchar la respuesta. “Últimamente has sujetado mi mano un montón de veces. ¿Por qué?”
Porque creo que me gustas. “Sea lo que sea lo que está pasando, te crea ansiedad. Y a mí siempre me ayuda cuando tengo un ataque de pánico o un periodo de ansiedad saber que hay alguien conmigo. Y yo estoy aquí para ti Sam.”
Su mirada se suavizó y te apretó los dedos. “Gracias.”
“Venga. Vamos a ver si Dean ha encontrado algo.”
En cuanto caminasteis es alrededor del coche Sam te cogió de la mano de nuevo y no te soltó ni siquiera cuando Dean se dio cuenta y levantó una ceja.
Cas, sin embargo, no había estado allí cuando os marchasteis y no notó que hubiera algo diferente. “Dean me ha contado lo que está pasando. Si no te importa, creo que podría ayudarte si me dejaras echar un vistazo dentro de tu mente. Creo que sé que es lo que está pasando, pero me gustaría tener la certeza.”
“Hola a ti también, Cas,” le saludo Sam, dejando las bolsas en la mesa.
“Sí, hola. ¿Deberíamos ponernos a ello ya?”
Sam tiró de ti para llevarte hacia la cama y los dos os sentasteis. Cas arrastró una silla hacia donde estaba Sam y le puso dos dedos en la frente. La invasión hizo que Sam apretara sus manos, tratando de cerrarlas en un puño, pero tú seguiste agarrándole, intentando de masajeárselas para alejar la tensión.
Tras un par de minutos, Cas dio un paso atrás y Sam se tambaleó hacia ti. Soltaste su mano y le agarraste, rodeándole con los brazos. Su peso casi te hace caer de la cama, pero te balanceaste hacia delante justo a tiempo. No pasó mucho tiempo antes de que Sam se recuperara lo suficiente como para sostenerse él mismo apoyado en ti y dejaste caer los brazos hasta que le rodeaste la cintura en un gesto más de confort que para sostenerle.
“Hasta mañana no tendré los ingredientes necesarios para que el hechizo funcione—”
“Espera, espera,” Dean se sentó hacia delante y levantó la mano para detener al ángel. “¿Qué está pasando, Cas?”
“Enfermedad demoniaca.” Los Winchester y tú os mirasteis con gesto de confusión. Nunca habíais oído hablar de algo así. “Tus avistamientos de demonios se habrían hecho cada vez peores hasta que hubieras acabado por creer que Dean y T/N eran también demonios. Después te habrías mirado en un espejo y hubieras visto tus ojos negros. Los cazadores que pasan por esto raramente sobreviven porque no logran el antídoto.”
“¿Y tú tienes el antídoto?” Dean preguntó con voz tensa.
Cas asintió. “Estaré aquí mañana al mediodía, probablemente.”
Con esta despedida, Cas desapareció. Dean miró al reloj que había en la pared. “Esto nos deja con quince horas para mantener a Sam cuerdo.”
“Probablemente debería quedarme aquí,” Sugirió Sam. Dean y tú asentisteis. Dean comenzó a ofrecer quedarse el también, pero durante la última hora que habías pasado con Sam parecía que las cosas habían cambiado. Vale, es cierto que os habíais dado la mano más veces en el último mes o dos, pero Sam no te había soltado para nada desde que tuvisteis vuestra pequeña charla en el coche.
“¿Por qué no te vas a un bar, Dean? No te has ido a tomar algo desde hace mucho y ahora que ya tenemos la solución, ve a relajarte. Yo le haré compañía a Sam.”
Con una sonrisa de complicidad, Dean se levantó y agarró su chaqueta. “No os quedéis levantados hasta muy tarde. Tenemos un gran día mañana.”
“Te veo por la mañana,” dijiste nada sutilmente.
“¿A qué ha venido todo esto?” preguntó Sam en cuando la puerta se cerró detrás de Dean. Sam no estaba ciego, sabía exactamente de qué iba todo eso. Pero sabías que también tenía problemas para creer que alguien iba a poder quererle cuando supieran todo sobre él. Y tú lo sabías todo del él. Hasta conocías su historial con las mujeres. Pero tú eras diferente. Solo tenías que convencer a Sam.
“Nada. Venga, vamos a prepararnos para ir a la cama.”
Te pediste el primer turno en el baño, y te cambiaste y te cepillaste los dientes y después le cediste el turno a Sam. Se tomó su tiempo y después de unos minutos, llamaste a la puerta para asegurarte de que estaba bien.
“Pasa,” te dijo a través de la frágil puerta.
Cuando entraste, estaba simplemente mirándose en el espejo. Pero no era la clase de mirada que tendría si estuviera viendo sus ojos negros. Era más bien que se estaba imaginando lo que hubiera pasado si Cas no hubiera aparecido y se hubiera ofrecido a salvar el día.
“Sabes, nunca he sido capaz de decidir de qué color son tus ojos,” observaste, poniéndote detrás de él y pasándole un brazo por la cintura. Miró tu reflejo en el espejo con esa expresión que ponía cuando estaba tratando de averiguar algo particularmente desconcertante durante una caza. “Algunas veces son marrones. Algunas veces los veo castaños. Y de vez en cuando juraría que son verdes, como los de Dean.”
“Si lo que va a hacer Cas no funciona—”
“Va a funcionar,” insististe. Te olvidaste del espejo, necesitabas ver los ojos de Sam, no su reflejo. Sam aparentemente sentía lo mismo porque se giró para mirarte a la vez que tú. “Te lo prometo.”
Sam dio un paso adelante, sus ojos cada vez más oscuros fijos en los tuyos. “Sabes, la verdad es que te creo.”
Abriste la boca para decir… algo, pero Sam te interrumpió.
“Pero creo que me has mentido antes en el coche. A cerca de por qué me habías estado dando la mano más a menudo y buscando excusas para tocarme.” Sin quererlo, estiraste el brazo y le pusiste las manos en la cintura. Sam se rio y avanzó hasta que tu espalda tocó la pared y apenas cabía un soplo de aire entre los dos. “Sí, justo así.”
“Puede que mintiera.” Tus dedos recogieron la tela de su camisa hasta que tus manos descansaron sobre su piel. “¿Qué vas a hacer al respecto?”
Con la rapidez de le daba ser un cazador, Sam presionó sus labios contra los tuyos, en un beso que apenas podías seguir. Sus dedos se enterraron en tu pelo, haciéndote gemir. Esos sonidos parecieron estimularlo y sus besos se volvieron más desesperados hasta que apretó sus caderas contra las tuyas. Este lado más oscuro y áspero de Sam era nuevo para ti, pero definitivamente no era desagradable. Sus manos callosas recorrieron todo tu cuerpo de una forma que te hacía suplicarle más.
Tironeaste de su camisa hacia arriba hasta que rompió el beso el tiempo suficiente para quitársela y lanzarla hacia atrás. Después sus manos te sujetaron por la parte de atrás de tus muslos y tuviste que agarrarte a los músculos de sus brazos para mantener el equilibrio mientras te levantara como si no pesaras nada. Enrollaste las piernas en torno a él, gruñendo cuando deslizo sus labios por tu cuello. Sujeta con fuerza entre él y la pared, tus manos estaban libres para explorar de nuevo, y metiste los dedos en su pelo, tirando de él y retorciéndoselo.
Sin previo aviso, Sam se apartó de la pared y te llevo de vuelta a la cama. Desenrolló tus piernas de su cintura y te arrojó al colchón antes de arrastrarte depredadoramente sobre ti. “A lo mejor esta noche no es la mejor… a lo mejor deberíamos esperar hasta mañana—“
“Te lo juro, Sam, si no te desnudas pronto voy a gritar.” No podía dejarte así. Y era obvio que Sam solo intentaba hacer lo que pensaba que era correcto, pero a veces incluso los Winchester se equivocan.
Sam se tomó su tiempo para decidirse, repasando lentamente con la mirada tu cuerpo completamente vestido antes de volver a mirarte a la cara con una sonrisa diabólica. “Voy a hacerte gritar de todas formas.”
*****
Te despertaste cuando se abrió la puerta del hotel y Dean asomó la cabeza. “¿Estáis decentes?”
“Ni siquiera un poco,” murmuraste, tirando de las sabanas para cubriros a Sam y a ti. Sam comenzaba a despertarse, estirándose y enroscándose en ti aún más. Desde luego te podrías acostumbrar a despertante al lado de un Sam Winchester desnudo.
“Lárgate, Dean,” Sam murmuro en tu cuello.
Dean se rio. “Vale, vale. Iré a por el desayuno. Cas estará aquí en media hora. Vosotros dos igual queréis llevar algo de ropa puesta para entonces.”
“Vete,” Sam le ordenó con voz ronca.
Abrió la puerta del hotel y justo antes de que se fuera, le escuchaste decir, “Ya era hora.”
Sam y tú a penas habíais salido de la cama para poneros algo presentable cuando Cas se apareció en la habitación, cargado con los ingredientes de todas partes del mundo. Inmediatamente se puso a trabajar ordenándoos a ti y a los Winchesters como preparar el hechizo. El ángel parecía ajeno a la nueva dinámica de la habitación. Las constantes miradas de orgulloso hermano mayor de Dean a Sam o la forma en la que él te miraba a ti. O Sam, que nunca se apartaba de tu lado. Vuestros constantes roces, y ruborizarte cada vez que Sam te miraba intensamente.
Cas no se daba cuenta de nada.
Después, tras realizar el hechizo, Sam y tu caminasteis por la ciudad dados de la mano y Sam no vio ni un solo demonio.
“Gracias a dios que se ha terminado,” Sam respiró cuando os sentasteis para comer. “Ahora podemos volver a la normalidad.”
“¿Volver a la normalidad? ¿En plan las últimas semanas no han sucedido?” Le retaste, para ver si admitía, en voz alta, que las cosas habían cambiado.
Sam sonrió tímidamente. “En plan casi todo lo que ha pasado en las últimas semanas no ha sucedido. Aunque creo que podemos quedarnos con lo que ha pasado el último día.”
Enganchaste tu pie con el suyo por debajo de la mesa y sonreíste, dándole un bocado a la hamburguesa. La enfermedad demoniaca se había ido, podías volver a salvar gente y Sam era tuyo. ¿Qué podría ser mejor?
Drabble pedido por supernatualmarvelgirl: Hola, me gustaría pedir un drabble de Sam. He tenido un día de mierda y necesito un poco de confort tipo Sammy. Gracias.
Recuento de palabras: 771
English Version: Feel Better?
“¿Puedes callarte y dejarme hablar?” la irritación en tu voz hizo eco por el apartamento mientras le gritabas al teléfono para que se te pudiera escuchar por encima de los gritos de tu arrogante compañero de trabajo.
“Lo haría si tuvieras algo provechoso que decir,” replicó altivo.
Ya habías tenido suficiente. Era él el que había solicitad tu ayuda para su proyecto. Tu nombre no aparecería por ningún sitio, así que cuando el fallara estrepitosamente, no te arrastraría a ti en la caída. “Lo que quieras Bryan. Haz lo que quieras. Me encargaré de tus clientes cuando te abandonen.”
Le diste un golpe con el dedo a la pantalla de tu teléfono para finalizar la llamada, deseando poder dejar el teléfono dando un golpe en la base como en los viejos tiempos. Las pantallas táctiles no te daban la satisfacción que obtenías cuando podías golpear físicamente el teléfono en su base para terminar la llamada.
“Esa conversación sonaba divertida.”
“¡Sam!” La visión del Winchester alto de pelo largo apareciendo en tu puerta, alegró tu día astronómicamente y te lanzaste a sus brazos. Casi tan rápidamente como te habías lanzado hacia él, te apartaste a mirarle, buscando heridas. “¿Estás bien? ¿Ningún hueso roto o puntos que coser?”
Riéndose, tiró de ti para abrazarte de nuevo. “Estoy bien, T/N. Los ghouls no lo están pero yo sí. Y según parece, la carrera de Bryan tampoco va bien.”
Recodarlo te alteró de nuevo. Habías pasado un montón de semanas sin Sam, y el trabajo te ponía de los nervios. Así que comenzaste a despotricar mientras paseabas, totalmente consciente de que Sam te estaba mirando con gesto divertido todo el tiempo.
“No sé por qué me ha pedido ayuda si no iba a escuchar ninguna de mis ideas, y además sólo accedí a ayudarle porque mi jefe me ha estado pisando el culo durante semanas para que busque gente nueva y les ayude a ponerse al día rápidamente, pero estos bebés recién salidos de la universidad se piensan que su diploma en marketing con la tinta aún fresca les garantiza que saben cómo funciona el mundo de la publicidad mejor que alguien con una carrera sólida y no tienen ningún respeto por—“
“Respira,” Sam te recordó, poniéndote las manos sobre los hombros. Te detuviste a media frase para hacer lo que el decía.
Cuando tus pulmones estuvieron de nuevo llenos, no encontraste las palabras para seguir despotricando porque los increíbles ojos castaños de Sam te distrajeron. Una de sus manos te recorrió desde el hombro hasta la mejilla y se inclinó lentamente para darte un beso suave en los labios. “¿Te sientes mejor?”
“Mnnn, no del todo.” Le agarraste la nuca y tiraste de él para besarle mejor. Sus dedos se clavaron en tu cintura y tu cuerpo entero se relajó mientras tiraba de ti hacia él. Tres semanas sin Sam eran demasiadas.
Cuando se separó, dejaste escapar un gemido de protesta ante el cual él simplemente te sonrió y te dio un rápido beso en la nariz. “Tendrás más luego. Acabo de pasar diez horas en el coche con Dean y estoy muerto de hambre.”
“Vale,” hiciste un puchero y dejaste que tirara de ti hacia la puerta.
La suave luz de la luna flotaba entre las nubes iluminando la calle por la que Sam y tú caminabais. Sus dedos fuertes entrelazados con los tuyos, sus nudillos callosos rozando contra tu piel suave, convenciéndote de que realmente estaba allí y de que de verdad había vuelto a ti, como siempre hacía.
“Háblame de la caza.” Le sugeriste en voz baja. Parecía irreverente hablar más alto en el frío aire nocturno. Había algo en esos paseos nocturnos, y en la ligera brisa que traía el aullido distante de un búho que parecía cubrir el mundo con una manta de paz.
Mientras caminabais hacia el restaurante, Sam te fue contando en voz baja cómo Dean y él habían rastreado el ghouls. Te asombraba que Sam llevara una vida tan vibrante, tan dinámica y aún así, le encantara volver a casa contigo y escuchara las historias sobre tu trabajo que empalidecían al lado de las del suyo.
En algún momento durante el paseo, tiraste de él para deteneros bajo una farola y te pusiste de puntillas para besarle. Él se inclinó y recorrió con su mano libre tu brazo hasta que acabasteis con ambas manos entrelazadas.
“¿Y eso a que ha venido?” su voz baja y grave le añadió un toque a esa escena que parecía recién salida de un cuadro.
Encogiéndote de hombros ligeramente y con sonrisa de adoración, le contestaste simplemente, “Porque te quiero.”
Drabble pedido por theanniewisegirl: Si aún estas haciéndolos… podría pedirte un drabble? Podría ser con Sam y angst, con un poco de fluff al final? Quizás la lectora tiene miedo de algo o se paraliza durante una caza? ¡Muchas gracias!
Recuento de palabras: 1042
Advertencias: Depresión menor & sentimientos parecidos.
English Version: Far Removed From Reality
“Mira que chica tan bonita,” gruñó el fantasma, flotando a tu lado. “Está asustada hasta la médula.”
¡T/N! ¡Es un jodido fantasma! Puedes luchar, puedes ganar, tú—tu monólogo interior se interrumpió cuando los recuerdos de cada caza que había salido mal durante toda tu vida pasaban por delante de tus ojos. Todas las vidas que no habías sido capaz de salvar. Cada monstruo que aún seguía vivo porque no habías podido matarlo.
“!Mira, mira!” el segundo fantasma grito de alegría. Rebuscó aún más profundamente en tus más oscuros recuerdos que mantenías ocultos. Mientras las escenas cobraban vida como en una vieja película, tus músculos se tensaron. Oh, cómo te gustaría salir corriendo. Oh, cómo te gustaría que eso terminara. Pero no podías moverte. A penas podías respirar. Y los fantasmas se agarraron a eso. “Esta es divertida, ¡sí que lo es! Tantos malos recuerdos.”
“Me atrevería a decir que la ha liado más en su corta vida de lo que yo lo hice estado vivo.”
Uñas arañaron el cristal mientras los fantasmas cacareaban de alegría. “Y tú estuviste viva el doble de tiempo que ella lo va a estar.”
Cualquier otro día, la conversación entre esos dos fantasmas te hubiera hecho reír. Hubieras sido capaz de reconocer lo ridículos que eran. Lo lejos de la realidad que sus mentes estaban. Cualquier otro día, hubieras sido capaz de echar sal y quemar los huesos y seguir adelante.
Por supuesto, cualquier otro día, no te hubieras peleado con tu novio solo unos días antes ni te hubieras ido por tu cuenta. Cualquier otro día, no hubieras dejado que tus emociones se llevaran lo mejor de ti.
Cualquier otro día, hubieras sido capar de manejar esos horribles recuerdos que los fantasmas seguían sacando de tu mente.
“¿La matamos ahora o nos divertimos un poco más con ella?”
“Su mente ha estado marinando esos recuerdos reprimidos durante tanto tiempo. ¡Es absolutamente delicioso! No podemos acabar con la diversión aún.” Otra risita chirriante perforó tu conciencia mientras el fantasma abría la caja de los recuerdos que habías escondido en las oscuras profundidades de tu mente. Los recuerdos de tu familia.
En cuanto los recuerdos comenzaron a reproducirse en la habitación, los miembros de tu familia moviéndose como si ellos mismos fueran fantasmas, todo se disipó. Apenas fuiste consciente del eco de los disparos mientras caías al suelo. No importaba que las imágenes holográficas de tu familia hubieran desparecido. Aún podías verlo todo, reproduciéndose como si estuviera sucediendo de nuevo.
“T/N, ¿en qué estabas pensando?” Sam aulló. “¡No puedes salir huyendo y meterte en una caza como esta tu sola!.”
“Lo siento,” murmuraste entre lágrimas. No estabas segura de a quien le estabas pidiendo disculpas. ¿A Sam? ¿A la gente a la que no habías podido salvar? ¿A la gente que murió porque no habías sido capaz de hacer tu trabajo y matar al monstruo? ¿A tu familia?
“¿Lo siento? ¡Dean y yo hemos estado enfermos de preocupación desde que te fuiste!”
Las palabras de Sam fueron un clavo en el recuerdo de otra caza más que habías estropeado a lo grande. Otro recuerdo que tirar en la cada vez más grande pila de fallos de tu vida.
“Cuando te fuiste, pensé que volverías al día siguiente con resaca o algo así. ¡Podías al menos habernos llamado o al menos enviado un mensaje! Pero tal y como estaban las cosas, hemos tenido que—“
Sam se detuvo para disparar a uno de los fantasmas que acababa de reaparecer. El segundo fantasma apareció de nuevo, solo para arder en llamas. En un rincón de tu mente, donde la maquinaria que hacía trabajar la lógica aun funcionaba, supusiste que Dean debía haber encontrado los huesos que tú no habías encontrado.
“Hemos tenido que rastrearte y—“
“¡He dicho que lo siento!” le gritaste, incapaz de soportar un segundo enviste de su ira. “¿Vale? Siento ser una horrible excusa de cazadora e incluso una peor novia. ¡Siento haber preferido huir a tratar de arreglar las cosas! Siento haber matado a mi familia y siento que te estés dando cuenta ahora de que no soy una buena persona. ¡Siento haberte hecho perder el tiempo pero ya no soy problema tuyo, Sam!”
Sam comenzó a decir algo, pero desvió la mirada por encima de tu hombro y apuntó al fantasma justo antes de que ardiera en llamas. Soltó un gran suspiro, y respondió a Dean que le llamaba por teléfono. Tras asegurarle a su hermano que todo estaba bien, colgó y se acercó hacia ti. Dejándose caer al suelo a tu lado, Sam se estiró hasta alcanzar tu mano, ignorando tus intentos de poner algo de distancia entre vosotros dos.
“Estas equivocada, T/N. En todo. No estoy enfadado contigo. Estoy enfadado porque pensé que no podría hablar contigo nunca más y no podría hacerte entender que aún te quiero. Incluso después de nuestra pelea. Y no sé que es lo que esos fantasmas te han hecho, pero tu eres una de las mejores cazadoras que he visto nunca. Y estoy orgulloso de poder decir que eres mi novia.”
“Me escapé,” le recordaste, refiriéndote a tu comportamiento infantil de hace unos días.
“Sí, eso fue una mierda.” Sam te concedió. “Pero eso no cambia el hecho de que te quiero. Y sé que tú también me quieres. Podemos hacerlo, T/N. Sé que podemos. ¿Déjame que te convenza a ti también?”
Una nueva oleada de recuerdos recién extraídos te llegaron en cascada, pero a través del horror y la confusion, sentiste los ojos de Sam fijos en los tuyos. Su mano sujetaba la tuya. Podías escuchar su vos diciéndote que te amaba.
Y de repente, la oscura cascada comenzó a hacerse más ligera mientras que los recuerdos felices comenzaban a regresar. Recuerdos de Sam y tu riéndoos. Recuerdos de todas esas cazas que los Winchester y tú habíais podido celebrar. De la gente a la que habíais salvado. Recuerdos que te recordaban por qué aún te levantabas cada mañana.
Recorriste la distancia que te separaba de Sam y te sentaste en su regazo. Sujetándote a él como si fuera tu único salvavidas en el medio un océano atronador, tus lagrimas mojaron su camisa mientras sus brazos te rodeaban y grababan promesas en tu piel.
Drabble pedido anónimamente: ¿Podrías hacer un drabble con la lectora y Sam, en el que la lectora esté un poquito rellenita y él la ayude con sus problemas de autoestima?
Recuento de palabras: 950
Advertencias: Problemas de autoestima
English Version: The Woman Inside
Todo estaba mal. El tejido era demasiado estrecho en la parte del pecho y de tus hombros y demasiado ancho debajo de tus caderas. Por no mencionar tus piernas. Realmente no querías mencionar tus piernas, pero eran como difíciles de ignorar teniendo en cuenta la forma en la que parecían emerger desde la parte de debajo de tu vestido.
“¿Has encontrado algo ya?” te preguntó Sam desde el otro lado de la cortina del probador.
Girándote, intentaste ver qué tal te quedaba en la parte del culo—eso fue un error. Nada bien.
“A lo mejor Dean y tú deberíais ir esta noche. Yo me quedare en el hotel y buscaré información.” De ninguna manera ibas a ser capaz de perpetrar un milagro y encontrar un vestido que te quedara bien antes de la gala de esa noche.
“Tienes que venir. Todos tenemos que estar en el asunto, ¿recuerdas?”
Bufaste. “Por favor. Cómo si alguien fuera a querer hablar conmigo y mucho menos darme información jugosa sobre lo que sea que estamos cazando.”
Pantalones de yoga y camisetas. Eso era lo que te ponías. Desde luego no esos vestidos tan elegantes. Aunque, a lo mejor…
Te recogiste el pelo, probando si un recogido alto podría mágicamente cambiar tu apariencia por la de alguien que se merecía ir a la gala del brazo de Sam Winchester. Después de todo, tu pelo era tu mejor recurso.
Con un vistazo al espejo y una mueca te dejaste caer el pelo hasta que quedó en su sitio. Exponer tu cuello sólo acentuaba lo anchos que eran tus hombros y lo poco que estaban hechos para esos vestidos.
“¿Qué acabas de—? T/N, cualquiera tendría suerte de poder hablar contigo aunque fuera por un minuto en la fiesta de esta noche.”
“Lo que tú digas,” murmuraste, frunciendo el ceño ante tu reflejo. Se suponía que el negro te hacía más delgada, ¿verdad? Pues, quién lo hubiera dicho aparentemente no te conocía a ti. “Lo dices porque eres mi amigo y ya me conoces. Si no me conocieras, sería la última persona con la que querías hablar está noche. Especialmente en esta estúpida cosa que llevo puesta.”
“Vale, voy a entrar dentro.”
“Sam, ¡no!”
Pero era demasiado tarde. La cortina se movió y él se coló dentro. Viste con horror como sus ojos recorrían tu cuerpo. Y no era un repaso rápido de hacer porque había mucho cuerpo que recorrer. “Madre mía.”
“Lo sé, es horrible. Mis brazos parecen los del jodido Hulk si Hulk no fuera verde y estuviera gordo en lugar de musculado. Y mis caderas parecen como si alguien hubiera metido a presión una docena de globos dentro. Y no me hagas hablar de lo grandes que parecen mis tetas en este estúpido vestido. Dean y tú deberíais dejarme en el motel esta noche. Sacareis más de la gala si no estoy con vosotros asustando a la gente.”
“¿De qué coño estas hablando, T/N? El vestido te queda… estás deslumbrante.”
“Deslumbrante como el rayo de la muerte,” murmuraste. Sam sólo estaba siendo amable. Eso era lo que él hacía.
“Lo que puede que esté muerto es el sentido común.” Estaba deliberadamente avanzando paso a paso hasta que estuvo detrás de ti, imponente en el espejo. “Viéndote con ese vestido… T/N, digamos que no estoy teniendo pensamientos muy amigables ahora mismo.”
“¿Qué coño significa eso?”
¿No amigables? Lo opuesto a un amigo era un enemigo. ¿Qué demonios estaba diciendo? A lo mejor ese vestido era el que finalmente le hacía darse cuenta de lo enorme que estabas. A lo mejor se había dado cuenta de que tu sitio no era con Dean y con él, Los Winchesters, esos Dioses Griegos.
“Significa,” te susurró al oído, cálidas manos descansando sobre tus hombros y lentamente deslizándose por tus brazos. “Que me está costando mucho no arrancarte ese vestido aquí mismo.”
La caricia de Sam te trajo incredulidad y carne de gallina. Con la mandíbula caída y los ojos de par en par abiertos, no tenías ni idea de qué responderle. Le miraste en el espejo mientras él se armaba de valor para dar un paso atrás.
“Vas a llevar ese vestido a la gala,” te ordenó. “Todo el mundo va a querer hablar contigo y cuando lo hagan, se darán cuenta de que eres mucho más que una mujer preciosa porque tienes además cerebro y determinación. Se enamoraran de ti igual que—” Se quedó callado y tú estabas demasiado confusa y asustada como para pedirle que acabara esa frase. “Confía en mi, T/N. ¿Ese vestido y tu cerebro? Descubrirás quién y qué estamos cazando en la primera media hora.”
Vale. ¿Cómo coño respondías a eso? Sam solo estaba siendo tu amigo. Te estaba diciendo lo que pensaba que necesitabas escuchar. Eso era todo. Así que ya podías hacer que tu corazón se calmara, devolver el vestido rechazado a la percha, y prepararte para una noche cómoda en la habitación del hotel con los libros que necesitabas para buscar información.
“Creo que estás llena de mierda.”
“Estoy llena de algo, sí, pero no de mierda.” Sam te agarró del brazo y tiró de ti hasta que te giraste para mirarle. “Confía en mi, T/N. Serás el centro de atención esta noche en la fiesta y después—“
Se interrumpió de nuevo, pero esta vez no pudiste contenerte. “Después… ¿qué?”
Su leve carcajada resonó dentro del probador y desvió la mirada por un momento, pasándose la mano por el pelo. “Luego, si quieres, podría ayudarte a quitarte ese vestido. Podemos asegurarnos de que Dean se va con alguna chica de la fiesta y así yo puedo enseñarte exactamente lo que ese vestido y la mujer que va dentro me hacen.”
Pedido por andhiseyesweregreen: ¡Felicidades por los 4000 cariño! Mi número es el 13 y mi frase es “Nos alejamos y acercamos como hacen los imanes.”
Recuento de palabras: 1038
N/A: He cambiado la frase un poco para poder trabajar más fácilmente. Me encanta Ed Sheeran, pero la gramática en esta frase no sirve para nada más que para ayudar a la lírica. Además, Shape of You transmite una sensación completamente opuesta a la de Adrenalina, y es super interesante descubrirlo. Para este me he situado en la temporada 11/12 pero aún estoy en fase de negación respecto al hecho de que tanto Ellen como Jo se hayan ido para siempre así que es una especie de AU ya que en este definitivamente no están muertas. (El Roadhouse nunca se quemó, Ash aun duerme en la mesa de billar y los cazadores aún se pasan por allí cada poco, ¡maldición!)
N/A.2: Me acabo de enterar de que esta canción la han hecho en colaboración con Trevor McNevan, que es el cantante de Thousand Foot Krutch, que es, como, ¿una de mis bandas favoritas? ¿QUÉ? ¿Cómo es que no lo sabía? ¿Dos de mis favoritas bandas tienen una canción juntas que he escuchado incontables veces pero no me he dado cuenta? ¿WHAT?
English Version: Adrenaline
Canción 13: Adrenalina por Nine Lashes
Desde que conociste a Sam Winchester, tu vida parecía estar cambiando y era como si no pudieras respirar adecuadamente. La situaciones en cada momento nunca parecían alinearse y nada de lo que tú hacías parecía ayudar a que se juntaran las piezas.
Habías logrado escapar del poco glorioso negocio de tu familia que consistía en cazar monstruos y matar las cosas que acechan en la noche para estudiar derecho en Stanford. Bueno, un pregrado de derecho. Nunca llegaste a hacer derecho. Tu hermano había arruinado esos planes cuando fue mordido por un vampiro y tu padre te sacó de la universidad para dar caza a tu hermano y cortarle la cabeza.
Pero esos años de pre-grado en California habían sido un sueño. Habías conocido a tu primer novio durante la primera semana como estudiante de primer año. Después, durante el siguiente semestre, conociste a Sam en una de tus clases. Estaba soltero entonces pero tú no estabas disponible. Para cuando descubriste tus sentimientos por él y rompiste con tu novio él ya había encontrado a Jess. Y era tan feliz que no tú no podías ser la rompehogares. Después Jess murió, Sam desapareció y tu padre apareció una semana después.
Esos sueños de universidad sólo servían para enseñarte que de verdad eras una cazadora. Podías fingir que tenías material para ser una abogada todo lo que quisieras, pero tu vida no estaba hecha para ser simple o tranquila. Así que continuaste cazando con tu padre.
Desde entonces te habías tropezado con Sam Winchester un par de veces. Y siempre habías tenido que levantarte pronto al día siguiente para reunirte con tu padre para una caza en otro estado. Así que sólo te habías podido tomar un par de copas con Sam antes de dar por terminada la noche. Otras veces era el que se tenía que ir. La conferencia o reunión de trabajo por la que se hallaba en la ciudad había acabado ya y tenía que coger un vuelo a primera hora el día siguiente.
Pero siempre parecíais encontrar la forma de juntaros de nuevo aunque fuera por un par de horas.
“Sam Winchester vivito y coleando,” dijiste anunciando tu presencia con una sonrisa. Se giró en el taburete con una amplia sonrisa en el rostro.
“¡T/N!” levantó su largo cuerpo del taburete y te retuvo entre sus brazos, apastándote contra su perfectamente musculado pecho.
Sonriendo con ligereza, le rodeaste con los brazos también, disfrutando de la forma en la que sus músculos se movían bajo tus brazos. Puede que fuera un hombre de negocios que se había desviado de su ruta, pero encajaba a la perfección aquí, en este típico bar de cazadores. “Han pasado un par de años, ¿Qué demonios estas haciendo en este viejo tugurio en Nebraska?”
“Qué estas tú haciendo en este viejo tugurio en Nebraska?” preguntó él con cautela.
Echaste un vistazo al Roadhouse y trataste de encajar las piezas del puzzle. Sabías que había una explicación muy sencilla, pero no querías creerla. Querías creer que Sam tenía una vida normal. Era la única forma que tenías de tener un pie metido en esa vida simple con el trabajo de nueve a cinco que solías imaginar cuando eras pequeña.
“¡Sammy!” un hombre con una mandíbula que podía cortar cristal se acercó. “Ellen nos ha encontrado un caso en florida. ¿Qué te parece? ¿Matar algunos monstruos, perdernos en la playa, perdernos en unas cuantas tías buenas en bikini en la playa?”
Sam dejó escapar un sonido entre suspiro y gruñido y se volvió hacia ti. “T/N, este es mi hermano Dean. Dean, mi amiga de Stanford.”
¿Un caso? ¿Matar monstruos?
“Dios mío, somos idiotas,” dijiste, haciendo que Dean levantara una ceja y Sam ladeara la cabeza. Sacudiendo la tuya rápidamente para aclararlo, estiraste la mano para estrechar la de Dean. “Lo siento. Quiero decir que me alegro de conocerte, Dean. Soy T/N y acabo de llegar de una caza en Arizona que acabó siendo un espíritu antiguo del Africa Central.”
Lentamente deslizaste la mirada de Dean a Sam, para encontrártelos mirándote con los ojos muy abiertos mientras terminaba de encajar las piezas del puzle en su mente. “Espera, me estas diciendo que—“
“¿Los dos hemos estado ocultándonos que somos cazadores durante años? Sí.”
“Así que cuando dijiste que tenías que ir a sacar a tu padre de una situación peliaguda hace tres años—“
“Un hombre-lobo. ¿Y tú no estabas de broma cuando dijiste que tenías que ir a encontrarte con el mismísimo diablo?”
Ante eso, Sam se rió. “En absoluto. Y cuando dije que tenia que ir corriendo a hacer un trato con un demonio o mi jefe me despediría…”
“Dios mío, soy una idiota. Ni siquiera estabas intentando ocultarlo.”
De nuevo se rió y aunque había pasado más de una década desde que empezaste a tener un cuelgue con él, aún sentías como tú corazón daba volteretas.
Cuando Dean sutilmente se excusó y Sam y tú os sentasteis para ponerlos al día de las versiones sin censura de vuestras vidas, no pudiste evitar que tu mente se hiciera preguntas. Sam y tú atrayéndoos y repeliéndoos como imanes. Juntos pero sin tocaros nunca. Separados pero siempre en tu mente. Y siempre había habido algo en medio, una fuerza invisible reteniéndote.
Pero ahora no había nada. Sólo vosotros dos. Los dos teníais confianza en quienes erais. Y mientras te enterabas de más cosas sobre él, podías ver tu propio pasado como un reflejo del suyo. Dudando si realmente cazar era una vida hecha para ti. Intentando hacer del mundo un lugar mejor trabajando como abogado. Tratando de dejarlo. Pero después descubriendo que realmente era ahí donde tenías que estar. Los héroes de los que nadie hablaba.
La sangre palpitaba por tus venas mientras reunías el valor necesario para decirle lo que querías decirle. Era ahora o nunca. El momento de darle una oportunidad.
“Entonces, Sam. Tengo una caza en Oregon. Le iba a pedir a Jo que me cubriera las espaldas, pero quizás… quizás te podías venir. Sería como en los viejos tiempos. Sesiones nocturnas estudiando en la biblioteca. Sólo que apostando más alto. Más sangriento.”
Echó un vistazo a su hermano durante un segundo, considerando las opciones. Después una suave sonrisa apareció en sus labios y supiste que habías ganado. “Cuándo nos vamos?”
Sumario: ¿Qué ocurre la mañana después de que dos amigos se acuesten por primera vez? Pues que empiezas a darle vueltas, ¡por supuesto!
Recuento de palabras: 3.464
Advertencias: Smut implícito. El Maldito Sam Winchester (No es un nivel tan alto como el de El Jodido Sam Winchester pero casi, Sam es más mono que caliente en esta parte)
Tell Me English Masterlist – Dime Masterlist en Español
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que me desperté sintiéndote así de bien. Vale, estaba acostumbrado a despertarme dolorido. Viene aparejado a mi trabajo. ¿Pero despertarme dolorido por una noche como la noche pasada? No quiero sonar cursi, pero una noche así sólo había ocurrido en mis sueños.
Con cuidado me puse de lado y no pude evitar una pequeña sonrisa cuando miré a T/N. Habíamos sido amigos desde, bueno, desde siempre. Bobby la recogió hace años ya, y desde la primera vez que la vi, supe que estaba perdido. Sin embargo, sólo pensar en estar con una chica como ella estaba fuera de mi alcance. Así que me conformé con admirarla en la distancia.
Todo cambio cuando la pille mirándome mientras ayudaba a Dean con el coche un día. O, mejor dicho, cuando Dean la pilló mirándome y no paró de fastidiarme con ello. Sus bromas se colaron en mi cabeza y comencé a pensar que tal vez….
Pero no había sido capaz de atreverme a dar el salto aún. Y ver a T/N ruborizada se convirtió rápidamente en una de mis distracciones favoritas. Prefería tener una amiga ruborizada y mis pelotas azules a una noche que arruinara una amistad.
Ayer sin embargo… definitivamente la balanza se había inclinado. T/N se había vuelto un poco posesiva conmigo y eso era muy cachondo. Había planeado distraerla un poquitín durante sus clases, hacerla ruborizar, la rutina habitual.
Pero entonces ella comenzó a flirtear con su compañero…
Me sacó de mis pensamientos cuando comenzó a despertarse. Se estiraba poco a poco rozando su cuerpo contra el mío y sus suaves gruñiditos me volvían loco. Ella siempre me volvía loco.
Recuerdos de la pasada noche se proyectaban una y otra vez por mi mente. Siempre pensé que los dos tendríamos que estar un poco achispados para reunir el coraje suficiente para dar el paso y finalmente acostarnos juntos. Y aún así, allí estábamos, completamente desnudos en la cama y sin resaca a la vista. Cada palabra, cada toque, cada sonido. Nada de lo que pasó la pasada noche estaba cubierto por la bruma del alcohol.
Estiré el brazo y muy suavemente pasé la mano por su hombro, sobre su costado, por la curva de su cintura hasta que doblé mis dedos en torno a su cadera. Su suave y feliz gemido fue derecho a mi polla, y la forma en la que se echó hacia atrás contra mi cuerpo no estaba ayudando a arreglar la situación.
Entonces sus músculos empezaron a tensarse y supe que estaba lo suficientemente despierta para anticipar una incomoda mañana después de que dos amigos se acostaran por primera vez.
Pero bien podríamos dejarlo para después de que la hiciera gritar mi nombre unas cuantas veces más.
“Buenos días,” susurré abrazándola por completo de la cintura y tirando de ella hacia mi cuerpo mientras mis labios seguían donde lo dejaron la noche anterior en un intento de hacer un mapa completo de su cuerpo.
“Mmm, Sam.” No creo que haya escuchado nunca un sonido más bonito que el que hizo T/N gimiendo mi nombre con voz medio dormida.
Y fue entonces cuando su teléfono comenzó a sonar, destrozando el momento por completo. Se apresuró a alcanzarlo y apagarlo con un gruñido de desaprobación. “Tengo un proyecto de grupo al que no puedo faltar.”
Casi me rendí en ese momento.
Pero entonces recordé que ella siempre ponía la alarma con mucha antelación.
Y recordé el arco de su espalda y sus manos tirando de mi pelo la pasada noche.
Y recordé sus besos húmedos en mi piel mientras intentaba respirar.
Y supe que no podía dejarla irse tan fácilmente esa mañana.
“Tienes tiempo,” murmuré, ejerciendo una pequeña presión en su cadera hasta que rodó colocando la espalda sobre el colchón. Sin perder más tiempo, la besé y fue como si todo mi cuerpo estuviera ardiendo. Oh, las cosas que esa mujer me hace.
Sus manos se posaron en mis hombros y no estaba seguro de si me iba a apartar o a tirar de mi para acercarme más.
Bueno, decidí, no estaría mal hacerle la decisión más fácil. Mordiendo su labio inferior suavemente, me retrepé sobre ella, necesitando sentir su piel suave contra la mía. Una sonrisa satisfecha asomó a mis labios cuando ella separó sus piernas para recibirme.
“Que le den,” gruñó. “Puedo llegar tarde por una vez en mi vida.”
*****
“Siento mucho llegar tarde,” te disculpaste mientras te colabas en la sala de estudio donde el resto de tu grupo ya estaba sentado. “Ha sido… una locura de mañana.”
Greg te miró a los ojos y levantó las cejas haciéndote ruborizar al instante. “Apuesto que sí.”
“Tú,” dijiste apuntándole amenazadoramente, “Cierra el pico.”
“¿Qué ha pasado esta mañana?” Bugs os miró a ti y a Greg un momento pero Greg sabiamente se mantuvo en silencio, dejándote actuar como quisieras.
“Nada. La pregunta importante es qué me he perdido en los quince minutos que no he estado.”
De ninguna manera ibas a revelarles a un grupo de compañeros de clase ningún detalle sobre tu vida sexual. Especialmente dado que una noche (y un rato por la mañana) podían haber arruinado una de tus más preciadas amistados. No había habido tiempo de hablar a cerca de las repercusiones de la pasada noche (y mañana) entre Sam y tú. Apenas habías tenido tiempo de darte una ducha, coger una barrita de Granola e irte al campus. Tu pelo aún estaba mojado y odiabas haber dejado el apartamento tan desorganizado.
Pero había merecido la pena. Después de todo, si tu amistado con Sam iba a acabar muriendo, mejor joderlo a lo grande.
Valga el juego de palabras.
“Vaaaale,” Bugs entrecerró los ojos mirándote, sintiendo que allí había detalles jugosos. Nadie sabía cómo había acabado con el mote de Bugs, y nadie podía recordar su nombre real. Ambos eran detalles que se negaba a revelar. Así que era justo que tú te guardaras también algunos secretos.
Mientras Jenny te hacía un resumen del principio de la reunión, te sentaste en tu sitio y sacaste el cuaderno de notas y el ordenador, colocándolo todo. Durante los siguientes cinco minutos te dedicaste a ignorar las miradas de Greg, y finalmente él volvió al asunto del proyecto.
Entonces tu teléfono zumbó.
Y tú lo ignoraste.
Tenías te concentrarte en el proyecto de grupo. Si era Sam el que te mandaba mensajes, no podías permitirte estar distraída.
Análisis de la Cadena de Suministros ahora. Sam Winchester más tarde.
“Así que la siguiente pregunta en el caso a estudio es ¿Por qué Techron eligió la opción una antes que la opción dos?” leíste la pregunta en alto para dirigir la atención del grupo en la dirección adecuada.
¿Pero y si Sam necesitaba algo? ¿Y si era Dean? ¿Y si estaban de caza y necesitaban tu ayuda?
Acercaste la mano unos centímetros hacia el teléfono, pero la retiraste en el último momento. Eran los Winchester. Podían arreglárselas por si solos. Sacudiendo la cabeza, volviste a tu cuestionario.
¿Pero y si era Bobby? No importaba que él nunca enviara mensajes. El prefería llamar. Pero si estaba en una caza y no podía hablar, entonces a lo mejor te estaba enviando un mensaje con un 112.
El grupo estaba dando ideas sobre como responder a la pregunta y tú dejaste caer un par de comentarios sin importancia pero tenías la atención puesta en el teléfono y en el mensaje que no habías leído.
A la mierda. No serías capaz de concentrarte hasta que supieras que pasaba.
Sam: Si llego a saber que duchándome después de ti iba a oler así de bien lo hubiera hecho mucho antes.
Oh dios. Sam estaba en tu ducha, un Sam desnudo, con gotas de agua corriendo por su pecho… el pelo mojado de un tono más oscuro de lo normal.
Gestión de la Cadena de Suministros. Proyecto de grupo ahora.
Winchester luego.
Pero incluso mientras tratabas atrapar tu atención y llevarla de vuelta a la tarea, te picaban los dedos de las ganas de escribir una respuesta. No eras buena en eso de flirtear en persona, pero habías leído cantidad de libros, así que cuando tenías un minuto para pensar en la respuesta en lugar de soltar lo primero que se te pasara por la cabeza, tu mente sabía que hacer. Y cuánto querías responder con algo ingenioso como ¿por qué esperar hasta que yo esté fuera de la ducha? Pero sabías que nunca podrías enviar un mensaje como ese.
“T/N,” susurró Greg, dándote un codazo. Te sacó inmediatamente de tus pensamientos y le miraste. Él te sonrió. “¿Con quién te estás mandando mensajes?”
“Con nadie.” A la defensiva, deslizaste tu teléfono de nuevo en el bolsillo sin contestar a Sam e hiciste un esfuerzo por moverte por el PDF del caso que estabais estudiando.
Ni cinco minutos más tarde, te llegó otro mensaje.
Sam: ¿Por qué tienes cuatro botes diferentes de Salsa de Soja?
Ese era un mensaje más fácil de manejar. Era más como el viejo T/N-y-Sam. El T/N-y-Sam con el que te sentías a gusto.
T/N: ¿Por qué estás cotilleando en mi frigorífico?
Sam: Tengo hambre.
Sam: Esta creciendo moho sobre el moho que ya tenían tus sobras.
Sam: ¿Alguna vez limpias el frigorífico?
“Tierra a T/N,” Bugs ondeó la mano delante de tu teléfono trayéndote de vuelta al asunto que os traíais entre manos. El proyecto te grupo ahora. Winchester luego. “¿Una conversación interesante?”
“Si, perdón. Es sólo que—” cómo explicar esto sin dar demasiada información. “Tengo unos amigos en mi casa y están tratando de encontrar algo comestible en mi cocina. Dadme un segundo.”
Y/N: Los cereales están sobre el frigorífico y la leche no caduca hasta dentro de una semana. Si tanto te molesta tal vez deberías limpiar tu mismo mi frigorífico.
Ya puestos podías sacar algo de tanta queja suya.
Espera.
Mierda.
Habías puesto una carita con un guiño.
No era la primera vez, pero era la primera vez desde que os habíais acostado. Eso quería decir que esta vez significaba algo diferente, ¿verdad? ¿Leería Sam algo más de lo que realmente era? ¿Y si se pensaba que limpiar mi frigorífico era una especie de código obsceno para decir otra cosa? ¿Qué pensaba él? ¿Qué pensaba él que significaba? ¿Qué piensas tú que significa? ¿Qué quieres tú que signifique?
“A lo mejor deberíamos hacer una pausa de diez minutos para ir al baño,” le sugirió Greg al grupo. “Estoy algo agotado.”
“Yo también,” añadió Jenny inmediatamente. El resto del grupo asintió y los seis os repartisteis por la sala de estudio. Una vez estuviste en el pasillo, Greg te guió hasta una clase vacía y se giró a mirarte con una sonrisa.
“Tienes cara de que alguien acaba de atropellar a tu gato.”
“He puesto una cara haciendo un guiño,” estallaste, más cómoda compartiendo eso ahora que era sólo entre tu amigo y tú.
“¿Y?”
“Y he puesto una carita haciendo un guiño.” ¿Cómo es que no lo estaba pillando? “Antes, sólo era una cosa que solía hacer cuando estaba de broma pero nos acostamos anoche. Así que ya no es solo una carita haciendo un guiño. Es una carita haciendo un guiño.”
Greg sacudió la cabeza, riéndose. “Tío, no te había visto así de loca antes.”
“No estoy—” soltaste un bufido interrumpiéndote a ti misma. “Greg, no es divertido, Sam es uno de mis mejores amigos. Él es…” Greg no sabía que Sam era un cazador. Él le conocía como el Dr. Peralta. Tenías que atenerte a la historia. “…Él es un gran mentor y ahora voy y me acuesto con él y eso lo ha cambiado todo y yo. Le. Envio. Una. Cara. Haciendo. Un. Guiño.”
Te guió hacia una mesa y te sentaste en ella mirándole mientras se sentaba en otra. “Escucha, T/N, como tu gurú del amor te tengo que decir que te tranquilices.”
“¿Qué me tranquilice? No acabas de decirme eso.”
“Vale, eso no ha sido lo más inteligente.” Greg murmuró para si mismo. “Mira, T/N, no puedes hacer nada ahora. Olvídate de ello hasta que acabemos con este proyecto. No puedes cambiar lo que ya ha ocurrido y de verdad que quiero sacar buena nota en esta clase así que…“
La cuerda de ansiedad que se ceñía alrededor de tus pulmones se aflojó un poco mientras bufabas una risa. “Es cierto. Perdona. Se me olvidaba pensar en como mi crisis impactaría en tus notas.”
“Me alegra ver que estas de vuelta.” Greg te guiñó un ojo provocándote, y después jadeó y se llevó la mano a la boca. ”¡Oh, no! ¡Acabo de guiñarte un ojo! ¿Y si ahora te piensas que significa algo más? Oh, Dios, ¿Qué voy a hacer?”
“¡Cierra el pico!” soltaste una gran carcajada y le diste un golpe en el hombro, casi haciéndole caer de la mesa. “No sé cómo te aguanto.”
“Porque los dos queremos buenas notas y los dos somos increíblemente listos y además, yo he conseguido que echaras un polvo anoche.”
Instintivamente abriste la boca para corregirle porque tenía que haber algún error en lo que decía. “Yo…maldición, tienes razón,”
“¿Cómo has dicho?” Greg se puso la mano detrás de la oreja y se inclinó hacia delante. “Di la última parte de nuevo. Creo que no te he oído bien.”
“Eh, ya que fuiste tú el que lograste que echara un polvo la noche pasada, ¿qué tal si arreglas el lío que ha causado?”
“No tocaría ese lio ni con un palo de tres metros.” Saltó de la mesa y caminó hacia la puerta. “Pero podemos evitar que nuestras notas sigan a tu vida amorosa al profundo, oscuro e inflexible pozo de desesperación.”
Con un dramático suspiro, le seguiste. “Vale.”
Sin embargo, aún no te dejó pasar. Le lanzaste una mirada interrogativa y él te tendió la mano como respuesta. “Dame tu teléfono. No estaba bromeando al decirte que quería sacar buenas notas en esta clase. Necesitamos tener una buena puntuación en este proyecto lo que significa que te necesitamos en tu mejor momento en el juego. Y, por lo que he visto, este tal Peralta te distrae demasiado. Así que necesito que dejes tu teléfono en tiempo muerto.”
Otra vez Greg tenía razón. Así que cediste con un, “Vale.” Y cómo si se lo hubiera olido, el teléfono zumbó, indicando que tenías otro mensaje de Sam. “¿Pero déjame mirar esto antes?”
Greg asintió mientras te entraba un segundo mensaje.
Sam: Si lo limpiara, no quedaría nada. Y un frigorífico limpio es un frigorífico triste.
Sam: En serio, necesitas comida.
“Vale. No ha dicho nada acerca de la carita con guiño.”
“¿Lo ves? No tienes nada de lo que preocuparte. Ahora dámelo.” Greg ondeó los dedos con impaciencia, haciendo un gesto para que pusieras el teléfono en su mano. Tan pronto como lo hiciste, presiono el botón para apagarlo. “Concentrémonos en la tarea ahora, ¿vale?”
*****
“¡Bobby!” en cuanto escuchaste abrirse la puerta, gritaste para que tu padre te prestara atención. “No puedes deducirte los gastos en munición de tus impuestos. No creo que los de Hacienda lo vean como un gasto aceptable a deducir.”
“No sabía que Bobby pagara sus impuestos.” dijo una voz profunda que desde luego no era la de Bobby. Asomaste la cabeza del viejo ordenador en el que estabas revisando las finanzas de Bobby para ver a Sam de pie en el marco de la puerta de la oficina. Te saludó con una sonrisa torcida. “Hola, T/N.”
“Sam.” ¿No se suponía que tu corazón tenía que estar latiendo? ¿Y a qué venía tanto sudor repentino? “¿Qué haces aquí?”
Una caza le había obligado a alejarse de ti antes incluso de que llegaras a casa de vuestro grupo de estudio hacía unas semanas y las cosas entre vosotros dos estaban… sin acordar. No tenías ni idea donde os encontrabais. ¿Erais amigos? ¿Con beneficios? ¿Algo más? ¿Estaba completamente acabado?
Bueno, teniendo en cuenta la forma en la que te sonreía probablemente no estaba acabado.
“Por fin tenemos un par de días sin ninguna caza, así que Dean y yo pensamos en pasarnos y haceros una visita. Especialmente cuando Bobby nos dijo que estabas en casa para pasar el verano.”
Durante un rato, los dos os mirasteis el uno al otro sin saber muy bien qué decir. El silencio que creció entre vosotros estaba lleno de palabras no dichas y semanas de no tener ningún contacto hasta que finalmente tuviste que romperlo. Te levantaste y comenzaste a rodear la mesa. “Bueno, Bobby ha ido a la ciudad para ir al super—”
“Si, Nos lo encontramos según veníamos. Dean está con él ahora mismo.”
Así que ahí estabais los dos. Solos. De nuevo.
“Oh, ¡espera! Casi se me olvida.” Sam se agarró la camisa por detrás de la cabeza y empezó a tirar de ella.
“¿Qué… qué estás haciendo?” Sam y tú. Solos. De nuevo. y él estaba quitándose la ropa. ¿A dónde demonios os llevaba eso?
“Según Dean y tú misma, aparentemente es mi Modus Operandi no llevar camisa cuando estoy aquí.” Te guiñó un ojo y tiró la camisa detrás de él.
El tonteo que llevaba implícito era algo que podías manejar. Claro, estaba rozando la línea entre lo que teníais antes de que os acostarais y a donde quiera que fuera que os dirigierais ahora, pero podías manejar esta clase de tonteo.
“¡Cierra el pico!” le diste un empujón a su hombro desnudo con una sonrisa. “Te lo has buscado tú solito.”
En un suspiro, las manos de Sam se apoyaron en tu cintura y te giró hasta que el marco de la puerta quedó a tu espalda y mientras él se inclinaba sobre ti. “Ha merecido la pena, sin embargo.”
Ese era un momento de tómalo o déjalo.
“No hemos tenido tiempo de hablar,” te atropellaste con tus propias palabras mientras tus dedos recorrían su pecho desnudo.
Habías estado planeando este momento desde que Sam te mandó el mensaje diciéndote que Dean le había arrastrado a una caza. El último mes de ese semestre te lo habías pasado tratando de averiguar qué era lo que querías y qué era lo que Sam quería y planeando la conversación perfecta que tendríais cuando finalmente os juntarais.
Pero se te olvidaron todas esas frases que habías elaborado con tanto cuidado en ese momento.
“Tú y yo,” susurró Sam. “¿Sí o no?”
Subiendo los ojos hacia los suyos, pensaste en su pregunta tan simple. Estaba tan cerca y esas semanas sin él de repente parecían tan lejanas. Pero había años de amistad entre vosotros a tener en cuenta. Años de amistad que se podían ir por el desagüe si eso no funcionaba.
O años de amistar que habrían formado unos sólidos cimientos para algo más. Años de amistad que eran solamente el prologo para la siguiente parte de vuestra historia.
Sam se apartó y rozó tu nariz con la suya. “Yo voto sí, si es que eso ayuda.”
Pensaste en la primera noche. Lo enfadada y lo molesta que habías estado cuando Sam pareció rendirse al pensar que estabas con otro chico. Lo preparada que habías estado para lanzarte a algo nuevo y cómo Greg te había enseñado a soltarte. Habías estado preparada para algo nuevo. Ibas a irte a ese bar sin pensar en las consecuencias.
A veces, pensabas demasiado.
A veces, era mejor actuar.
A veces, meterte de un salto en una situación que te daba miedo merecía la pena.
A veces, tenías que centrarte en el ahora y olvidarte del después.
Alzando el brazo, enredaste los dedos en el pelo largo de Sam y posaste los labios en los de él. Era fácil perderte en ese beso, y a penas te diste cuenta cuando te abrazó rodeando con sus brazos tu espalda, separándote del marco de la puerta y tirando de ti hacia su cuerpo. Se ajustaba al tuyo como una pieza de puzle.
“¿Qué estáis haciendo en mi oficina, par de idiotas?” La voz ronca de Bobby os separó, justo a tiempo, y te ruborizaste.
“Bueno, en palabras del famoso policía de Brooklyn, Jake Peralta, ahora estamos oficialmente poniéndonos las botas,” contestó Sam sin dejar de abrazarte ni un segundo.
La referencia a Brooklyn Nine-Nine te hizo soltar una carcajada, quitándole parte de la incomodidad al hecho de que tu padre os pillara enrollándoos. Te preguntaste si ya había visto tu programa favorito cuando vino a clase a presentarse, pero preguntárselo no se te había pasado por la cabeza con todo las distracciones y provocaciones y el flipar de ese fin de semana.
“Sea lo que sea lo que estabais haciendo, a Dean y a mi nos vendría bien un poco de ayuda con las bolsas.”
“Iremos en un minuto,” dijo Sam.
Mientras Bobby se apartaba le escuchaste decir detrás de ti, “Hijo, si sólo vas a tardar un minuto, estás haciendo algo mal.”
Sumario: Sam tiene la costumbre de distraerte cada vez que viene de visita. Entrenando, olvidándose de ponerse una camisa, ya sabes, ese tipo de cosas. Pero, ¿qué pasa cuando encuentra la manera de distraerte cuando estas en clase también?
Recuento de palabras: 5.263
Advertencias: Smut implícito. El jodido Sam Winchester. (Seamos honestos, él sólito ya es una gran advertencia.)
N/A: El fic “Sexy Bastard” de dancing-the-hellfire-rumba es el que lo empezó todo. En serio, en cuanto leí en su resumen “Sam es un jodido provocador, ¿vale?” supe que ya estaba hecho. He estado trabajando en esto toda la semana porque era algo que tenía que hacer. Además, ¡justo a tiempo! Feliz cumpleaños, Sam Winchester, ¡provocador!
Tell Me English Masterlist -- Dime Masterlist en Español
“¿Qué tal la tarea de anoche?” te preguntó Jonathan mientras se sentaba en su sitio de siempre a tu lado.
“Ugh, no me lo recuerdes,” Nelly gruñó girándose en la silla para hablar con vosotros. “Lil y yo estuvimos trabajando en ello seis horas y aún no sé si lo hicimos bien.”
“¿Verdad?” asentiste con empatía ya que estabas teniendo una sucesión de flashbacks en los que batallabas con las hojas de cálculo de Excel. “Te lo juro, no hemos aprendido ni la mitad del temario que se nos pedía que estudiáramos.”
Rhetta acercó la silla hacia vosotros y te contuviste para no poner los ojos en blanco. Ya llegaba ella con su actitud santurrona y su sermón de yo soy mejor que tú. “De hecho, estudiamos ya el análisis regresivo la semana pasada y es sólo cuestión de hacer un salto, omitirlo y pasar a contestar la pregunta número cinco.”
¿Qué tal si eres tú la que saltas, y te alejas de nosotros?
De ninguna manera ibas a decir eso en alto. Como persona cerrada y tímida que eras, evitabas los conflictos a toda costa, así que decirle a Rhetta que se perdiera por ahí sólo prendería la mecha y era cuestión de tiempo antes de que os enzarzaseis en una pelea.
Cuando nadie contestó, Rhetta sonrió y se echó el pelo hacia atrás. “Por lo menos yo creo al menos que era fácil.”
“Por lo menos uno de nosotros se siente bien,” dijiste finalmente. Eso satisfizo su necesidad de sentirse superior, y finalmente se alejó. Nelly y Jonathan comenzaron a discutir la tarea, compartiendo así el sufrimiento. Estabas a punto de unirte cuando escuchaste una voz muy familiar que te hizo volver la cabeza hacia el sitio del profesor.
“Hola a todos, soy el Doctor Peralta. Creo que habéis recibido mi email en el que se os informaba de que iba a estar de observador en la clase de hoy.”
Allí de pie, presentándose como un falso profesor, estaba nada menos que Sam Winchester. Miró hacia donde estabas e hizo un guiño, logrando que te ruborizaras al instante. Cuando tu profesor le contestó, Sam dejó de mirarte. Aprovechaste que ya no te estaba mirando para observarle.
Observarle en plan averiguar qué hacía allí. No observarle como, observarle.
Aunque para ser honesta contigo misma, le observaste un montón.
Y maldita sea si no se te secó la boca sólo con mirarle. Habías visto a Sam Winchester muchas veces desde que Bobby te llevó a vivir con él tras la muerte de tus padres, pero nunca le habías visto con traje. La camisa blanco puro contrastaba con su piel ligeramente bronceada y el tejido gris oscuro se estrechaba sobre sus hombros. Teniendo en cuenta todas las veces que le habías visto caminar por la casa de Bobby sin camisa, haciendo flexiones en el cuarto de estar o ayudando a Bobby con los coches, sabías que lo que llenaba el traje no eran hombreras. El hombre era todo músculo.
Sus dedos—dios, sus dedos—empezaron a desabrochar los botones del traje y levantaste la mirada. Le miraste fijamente a los ojos y te ruborizaste aún más al darte cuenta de que te había pillado echándole un repaso. Como hacia siempre que te pillaba mirándole, giró la cabeza un poco y levantó las cejas, como si fuera a hacerte una pregunta. Pero no te iba a preguntar nada. Sabía que ponerte en evidencia te hacía sentir aún más avergonzada y al parecer ese era su misión en esta vida.
“¿Quién es ese?” preguntó Rhetta, una vez más colándole en el grupo.
La forma en la que miraba a Sam, como si se lo fuera a llevar a casa esa noche, hizo que sintieras fuego en tu interior. No tenía derecho a mirar a Sam así. Vale, Sam no era tuyo. Pero que se helara el infierno si era suyo.
“¿No sabes quién es?” por el tono de tu voz, se podía decir que pensabas que la respuesta era obvia. “¿En serio, Rhetta? Ese es el Doctor Peralta.”
“¿Doctor Peralta?”
“Sip.” Era el momento de inventarse una historia que con suerte no chocara con la que Sam había preparado para si mismo. “El Doctor Peralta. Es, como, el consultor de negocios más buscado en el hemisferio norte. Le consulta Google y Berkshire y Koch and Apple.”
Achicó los ojos. Mientras pensaba en tu explicación, le echaste una mirada a Sam a tiempo para verle riéndose de algo que tu profesor le acababa de decir, y Sam Winchester riéndose, bueno, era algo que se colaba en tu cuerpo y mataba un par de miles de neuronas.
La clase de hoy iba a ser un desastre. No había manera de que fueras capaz de concentrarte en algo durante el resto del día.
“No lo encuentro en Google.” Rhetta dijo volviendo a llamar tu atención.
Por una vez, sabías algo que ella no sabía, así que mientras vuestro profesor os pedía que le prestarais atención, le susurraste algo, a sabiendas de que la iba a volver loca. Se enorgullecía de siempre ser capaz de encontrar la respuesta. Siempre tenía que tener razón. Bueno, pues esta vez no. “A lo mejor es que estás deletreando su nombre mal.”
Tu victoria sobre Rhetta, sabiendo que era demasiado orgullosa como para preguntarte como se deletreaba su nombre, fue breve ya que Sam te llamó la atención una vez más. Y en vuestra extraña relación, él tenía el poder, lo supiera él o no.
“Clase, este es el Doctor Peralta. Estará como observador en nuestra clase hoy como contribución a su investigación.”
“¿Investigación?” Rhetta te susurró al oído. “No consultoría. Parece que tampoco tú le conoces.”
Sam clavó los ojos en ti mientras empezaba su mini discurso, deslizando la mirada a donde estaba Rhetta sentada detrás de ti por un momento. “Hola a todos. Como vuestro professor ha dicho, soy el Doctor Peralta. Estoy tomándome un año sabático en mi trabajo de consultoría para trabajar en la investigación de varios programas de post-grado en toda la nación. Haced como que no estoy aquí y poneros a lo vuestro. No dejéis que el hecho de que yo esté aquí mirándoos os distraiga de vuestras tareas.”
Por supuesto que esa última parte te la decía a ti. Mantuvo los ojos fijos en los tuyos un tiempo peligrosamente más largo de lo necesario, considerando que había otros veinte estudiantes en el aula.
Cuando empezó la clase Sam se sentó en una silla vacía al fondo de la habitación directamente en frente de ti. Esa clase con las mesas puestas en forma de U era genial para un aula de discusión, pero no era nada buena para evitar la mirada de alguien.
Intentaste prestar atención, de verdad que sí, pero tu profesor no era ni remotamente tan interesante como ver a Sam quitándose la chaqueta y deslizándola en el respaldo de la silla vacía que había a su lado. No podías concentrarte en los problemas de prácticas cuando la camisa blanca de Sam no hacía absolutamente nada para ocultar la curva de sus músculos cada vez que se movía.
Finalmente tuviste que girar la cara hacia la pizarra, apoyar un codo en la mesa y usar tu mano como escudo para evitar mirar a Sam. Durante unos buenos tres minutos te las apañaste para mantener los ojos en pizarra. Y estabas finalmente empezando a entrar en la materia cuando tu teléfono vibró.
Sam: Hey.
Maldición. Bajaste la mano y le miraste para ver que estaba mirando a cualquiera menos a ti y que lo hacía a propósito. Sabías por su forma de sonreír que a penas era capaz de contenerse.
T/N: ¿Qué estás haciendo aquí?
Sam: Cazando. Fantasma.
Eso era bastante difícil de creer. Este edificio era el más nuevo del campus. Había docenas de edificios mucho más viejos.
Hiciste ver claramente que dejabas tu teléfono en la mochila y volvías a tu tarea de tratar de ignorar a Sam. En lo que fallaste estrepitosamente, podrías añadir. Podías sentir los ojos de Sam sobre tu piel cada vez que te miraba. Incluso a través de la habitación podías jurar que escuchabas el tap, tap, tap de las teclas de su portátil según escribía sus notas falsas. Y maldición, estaba increíble, incluso bajo la luz del fluorescente.
Finalmente acabó la clase y empezó la charla mientras todo el mundo empezaba a guardar sus libros y apuntes. Deslizaste despacito tu carpeta en la mochila, sin dejar de mirar a Sam por el rabillo del ojo. No te iba a pillar con la guardia baja.
Le vigilaste mientras avanzaba hacia ti. Cuando se paró en frente de ti y dio un golpecito con los dedos en la mesa, le miraste.
“Señorita T/N/A, es un placer verte de nuevo.”
Vale. Así que así iba a ir la historia. Aparentemente T/N T/A había conocido al Doctor Peralta alguna vez en el pasado. Era el momento de seguirle el juego. “Lo mismo digo, Doctor Peralta. ¿Cómo le va a su hermano?”
“Bien, bien. Está haciendo un trabajo, ya sabes. ¿Y tu padre?”
“Pregunta por ti cada vez que hablo con él.” Eso no era una mentira. Los Winchester salían a menudo en las conversaciones que mantenías con Bobby, tu única figura paterna viva. “Le ayudasteis mucho.”
“Discúlpeme” Rhetta se coló de nuevo. “Doctor Peralta, soy Rhetta Esquire. Soy la estudiante número uno en el programa de estudios. Si tiene alguna pregunta, estaré encantada de ayudarle con su investigación.”
Sam a penas se fijó en ella. “Gracias, pero de hecho, ¿esperaba que la señorita T/N/A estuviera libre?”
“¿De qué os conocéis?” preguntó Rhetta, sin darte la oportunidad de contestar a Sam.
“Oh, es algo que viene de lejos.” Replicó Sam guiñándote un ojo. Tu apartaste la mirada, gritándote a ti misma que ¡tenías que comportarte!
Lo que fuera. Dos podían jugar a esta juego. Estabas en el curso de post-grado, por dios santo. En el despiadado y molesto curso de post-grado. Podías manejar a Sam Winchester.
“Si. Deberías haber visto al Doctor peralta aquí presente intentando cambiar el pañal de su sobrino por primera vez. Nadie le había dicho que los bebés se convierten en fuentes tan pronto como el pañal desaparecía. Le olió el pelo a pis durante días.”
“Oooh, ¿tienes un sobrino?” Rhetta se quedó con la imagen de Sam con un bebé y—¡maldición! Ahora tú no podías quitarte esa idea de la cabeza. Se estaba abriendo paso hacia la porción de tu cerebro donde todas las imágenes de Sam sin camisa bailaban con las otras de un Sam relajado que se reía con una botella de cerveza en la mano. Ahora la imagen de un Sam con su falso sobrino, tranquilizándole y siendo adorable, se había colado en la mezcla y tus fantasías se habían echo de repente mucho más grandes.
Bueno, tu plan de seguirle el juego se había vuelto magníficamente contra ti.
“Sí,” Sam te echó una mirada confundida. “Es adorable cuando no está gritando.”
“De todas formas me tengo que ir a mi siguiente clase. Empieza en unos minutos.” Tenías que alejarte de Sam por tu propia salud mental. “¿Te llamo cuando salga del trabajo esta noche y me preguntas lo que sea?”
Y entonces Sam sonrió y se te cayó el estómago a los pies. “Claro. Pero ¿puedes indicarme donde está el aula 483? Tengo que ir de observador a la clase del Profesor Braker ahora.”
No había absolutamente ningún motivo por el que tuviera que ir a esa clase como parte del trabajo en un caso. De ninguna manera. Si fuera para un caso, Sam no te estaría siguiendo. Aun así, tenías que darle tu mejor sonrisa tirante ya que Rhetta aún estaba allí. “Claro. Yo te llevo.”
Como el caballero que era, Sam agarró tu mochila y se la colgó al hombro. Tan pronto como estuvisteis en el pasillo lleno de ruido y gente, con la mano de Sam descansando ligeramente en la parte baja de tu espalda, le preguntaste en un siseo. “Sam, ¿qué demonios?”
“Ya te lo he dicho. Una caza.”
“¿De un fantasma en el edificio más nuevo del campus? Creo que me estás espiando.”
“¿Y por qué iba yo a hacer eso?” Preguntó manteniendo los ojos al frente. Pero ahí estaba esa sonrisa exasperante, asomando en sus labios.
“Lo que sea. Espero que te guste la Gestión estratégica de la Cadena de Suministros, porque te vas a pasar dos horas escuchando hablar de ello.”
Sam se detuvo justo delante de la puerta de entrada y te tendió tu mochila. Tan rápidamente que pensante que te lo estabas imaginando, pasó los dedos por tu mejilla, retirándote el pelo de la cara. “T/N, si crees que me voy a concentrar en la clase, es que no eres tan inteligente como yo pensaba.
Y tras eso, se fue. Con sus palabras resonando en tu cabeza, le seguiste dentro del aula y te sentaste en tu sitio habitual. Mientras lo hacías, le dirigiste una calculadora mirada mientras se presentaba a tu profesor. ¿Qué había querido decir con eso?
“¿Greg?” te giraste en la silla para mirar a tu amigo. ”Tengo que pedirte un favor.”
“Un… segundo…” Greg acabó de escribir lo que fuera que estuviera escribiendo en su portátil antes de prestarte toda su atención. “¿Qué pasa?”
“Necesito que flirtees conmigo. Quiero decir, no flirtear-flirtear. Sólo flirtea. De una forma completamente platónica, ¿sabes? Como, no en serio pero—“ Tío , que mal lo estas haciendo.
Afortunadamente para ti, Greg era un tío bastante fácil de llevar. Sólo se ponía intenso cuando discutíais a cerca del mercado de valores. Así que ahora sólo parecía estar confundido por tus divagaciones en lugar de preocupado. “¿Qué pasa, T/N?”
Con un suspiro, te inventaste una explicación que pudiera servirle. “Necesito probar una teoría. Si flirteas conmigo y yo flirteo contigo puede que alguien se ponga celoso. Y entonces sabré si llevo razón o no.
“¿Quién?”
“No me juzgues,” murmuraste. “Es el Doctor Peralta. Ese tipo que está con el Profesor Braker. Es un viejo amigo de la familia y estoy bastante segura de que se ha pasado los últimos años, no sé, ¿provocándome? Haciendo cosas como entrenar cuando viene de visita. No lleva camisa la mitad del tiempo. Es increíblemente inteligente y lo sabe así que se asegura de que yo también lo sé. Y creo que también sabe que, bueno, me gustan los chicos así.”
Greg se inclinó hacia atrás en la silla y miró a Sam por el rabillo del ojo durante un momento, y desde luego, tú también lo hiciste. La ligera risa de Sam recorrió la habitación hasta caer sobre ti.
“Hey, T/N,” la voz de Greg era algo más alta que antes. “¿Qué vas a hacer esta noche?”
Recién salida del aturdimiento que te provocaba Sam, al principio estabas un poco confundida. Después recordaste que tú, literalmente, le habías pedido que hiciera eso. “Nada. Probablemente hacer algo de tarea. ¿Por qué? ¿Tienes alguna idea mejor?”
“Si que la tengo.” Greg empujó la silla hacia delante un poco. “Un amigo mío se acaba de mudar a la ciudad y vamos a celebrarlo en ese bar de la cuarta. ¿Qué te parecería ser mi cita para que yo no sea el sujeta velas cuando esté con él y su mujer?”
“Oh, vamos. Tú nunca serías el sujeta velas,” le asegurase, mientras le tocabas el brazo suavemente.
“No si tú estás allí.” Ladeó la cabeza y levantó una ceja como haciendo una pregunta.
Con una sonrisa tímida, miraste hacia abajo, hacia tus libros, un momento antes de volver la mirada hacia Greg como lo hubieras hecho si realmente él te estuviera pidiendo salir. “Sí. Suena divertido”
“¿Casi tan divertido como nuestras sesiones de estudio?”
Eso te hico reír de verdad. “Pero con alcohol.”
Mientras tu profesor ponía orden en la clase, Greg acercó la silla aún más, pasó los brazos por tus hombros y se inclinó para susurrar en tu oído. “Por cierto, puedes venir de verdad esta noche, pero me lo tomaré como una mala señal si apareces porque tienes al tal Peralta comiendo en la palma de tu mano.”
Miraste inmediatamente a Sam y notaste que tenía la mandíbula apretada y estaba intentando no mirarte. A lo mejor Greg tenía razón. A lo mejor tú tenías razón. Puede que Sam te estuviera provocando más que con la intención de hacerte sonrojar.
Tan pronto como Sam comenzó a presentarse a si mismo y la razón por la que estaba allí, te volviste a susurrarle a Greg a propósito, manteniendo tu cara tan cerca de la suya como podías. “Soy nueva en todo… esto. ¿Cómo hago mi siguiente movimiento sin que parezca raro?”
“¿Qué soy yo, tu gurú del amor?”
“Sí,” le dijiste con falsa seriedad. “Como mi amigo y compañero de estudios es tu obligación ser también mi gurú del amor.”
Poniendo los ojos en blanco, Greg lo pensó durante un momento. Después de echó una sonrisa maligna. “¿Has visto Como Conocí a Vuestra Madre?” Cuando asentiste el continuó. “El hombre desnudo.”
Su inesperada sugestión te hizo soltar una carcajada, interrumpiendo a Sam. Con una mirada tímida y tratando de esconder tu sonrisa murmuraste un “Lo siento.”
Sam te miró con sus ojos color avellana un momento antes de dar por terminada su presentación y sentarse en el lado opuesto de la habitación. Sentías como te quemaban sus ojos, pero volviste a centrar tu atención en Greg.
“No puedo hacer el hombre desnudo.” Te imaginaste a ti misma esperando a Sam en tu apartamento, completamente desnuda, y sencillamente no podías. Demonios, si hasta necesitabas ayuda para saber cómo hacer el siguiente movimiento. Esperar a un chico completamente desnuda estaba demasiado lejos de tu zona de confort.
Justo entonces cometiste el error de imaginarte a Sam haciendo el hombre desnudo. Te lo podías imaginar. El crujido de la puerta cuando la cerrabas al entrar, girando el cerrojo. Entrando en la habitación para ser recibida con la gloriosa vista de Sam Winchester y su irresistible mueca que sería lo único que llevaría puesto.
Tus ojos vagaron hasta él y la forma en la que sus músculos llenaban su camisa. La forma en la que el pelo le rozaba el cuello. La forma en la que los dedos pasaban por las teclas de su portátil. Y la forma en la que sus ojos quemaban los tuyos, viendo mucho más de lo que debería ver.
Ladeó la cabeza un poco, mirándote esperanzado.
“Espera a que acabe la clase antes de quitarte los pantalones.” Susurro Greg divertido, sacándote de la vision.
“¿Qué?” ante tu pregunta Greg te echó la mirada de me tomas el pelo antes de volver a prestar atención a la clase. Desafortunadamente para ti, Sam escogió ese momento para subirse las mangas hasta los codos, manteniendo los ojos clavados en ti todo el maldito rato. No había forma de que pudieras prestar atención a la clase de hoy.
*****
El sonido de la puerta principal abriéndose te puso en estado de alerta y buscaste el arma que tenías escondida en el cajón del cuarto de baño, pero cuando escuchaste la voz que hablaba te relajaste.
“¡Soy yo!” gritó Dean. Rápidamente se acercó hasta el baño donde estabas acabando de retocarte el maquillaje. “¡Vaya! Que buenas estás, T/N.”
Intentaste esconder tus mejillas enrojecidas con una sonrisa tímida. “Gracias, Dean. ¿Dónde está Sam?”
Se apoyó en el marco de la puerta, pasando los ojos por tu cuerpo apreciativamente. La atención de Dean te era desconocida y te hizo ruborizarte, pero no tanto como la de Sam lo hacía. “Está cogiendo algo en el coche, ¿Qué pasa? ¿Tienes una cita esta noche?”
“Algo así” dijiste, desenroscando despacio tu máscara de pestañas.
“¿Algo así? ¿Qué clase de cita es esa?”
Miraste al reflejo de Dean y viste que te estaba mirando con atención, tratando de entender la situación. Por mucho que te encantaría confiar en la evaluación de Greg sobre tu extraña relación con Sam, confiabas en la opinión de Dean mucho más. A lo mejor era preferible que comprobaras tu teoría antes de acabar pareciendo una tonta delante de Sam.
“Tengo una pregunta.”
“Dispara.” Dean se separó de la pared y se sentó en el retrete.
¿Cómo preguntar algo como eso? “¿Cómo es Sam cuando yo no estoy delante?”
Dean levantó una ceja, pidiendo más información. Te rendiste al hecho que de ibas a tener esa conversación y dejaste la máscara para prestarle a Dean toda tu atención. “Por ejemplo, ¿camina sin camisa tanto como lo hace cuando venís de vista a casa de Bobby? ¿Hace de verdad tanto entrenamiento como lo hace cuando estoy yo por allí? ¿O es solo una cosa de macho, en plan lucirse? ¿Y a que viene el espiarme en clase hoy?”
Justo entonces la puerta principal se abrió cerrando al hacerlo tu oportunidad de saberlo. Dean simplemente se rió, se levantó y caminó hasta estar detrás de ti. Con una mano en tu cintura y los labios en tu oído le hizo un guiño en el espejo. “Tienes muy buen instinto, T/N. Confía en ti misma”
“Pues he encontrado una leyenda de—hala.” Sam dobló la esquina y se detuvo tan pronto como te vio.
La reacción de Sam y el guiño que Dean te hizo justo en ese momento te hicieron ruborizarte y te giraste hacia el espejo tratando de concentrarte en la máscara de pestañas. “Vosotros dos si que sabéis cómo hacer que una chica se sienta bien.”
“Ya que T/N tiene una cita esta noche, me iré a por algo de cena,” dijo Dean. Te abrazó de la cintura y se inclinó para besare la mejilla. Según se apartaba susurró sólo para tus oídos. “Volveré mañana por la mañana.”
Miraste mientras Dean se iba y sentiste una repentina sensación de confianza. Si Dean pensaba que no ibas ni siquiera a salir del apartamento y Greg no esperaba ni siquiera que aparecieras, entonces a lo mejor Sam estaba realmente haciendo algo que no solía hacer para impresionarte porque le gustabas.
“¿No crees que ese vestido me queda muy ajustado?” preguntaste, girándote a mirarle y levantando las manos. Te habías decidido por un vestido negro de cuello redondo con tirantes anchos. Era ajustado hasta la cintura y por abajo tenía una falda que era más corta por delante que por detrás. Por delante era un vestido perfectamente adecuado para por el día. Pero cuando te dabas la vuelta, aparecía un montón de piel ya que la espalda estaba al aire porque los tirantes en la parte de atrás se convertían en pequeñas tiras.
El vestido había estado escondido en tu armario durante un año, desde que tu amiga te convenció para que te lo compraras incluso si pensabas que nunca tendrías la ocasión de ponértelo.
Pero ahora se lo agradecías profundamente.
“Eh, no. No es ajustado en absoluto.”
Mientras Sam pasaba los ojos por tu cuerpo—y definitivamente se lo estaba tomando con calma—intentaste reunir el coraje necesario para hacer tu movimiento. Pero cuando sus ojos se posaron en los tuyos, de repente te quedaste en blanco y te acobardaste.
Parece que al final Greg iba a tener una cita esa noche.
Intentando que no se te notara la decepción, acabaste de ponerte la máscara y volviste a arreglarte el pelo. Te lo habías recogido usando una plétora de horquillas para hacerte un moño que parecía deshecho. Sin embargo las estúpidas horquillas no se quedaban en el sitio que tú querías.
“Espera,” Sam se puso detrás de ti, y te quedaste inmóvil cuando sentiste el calor de su cuerpo en tu espalda. “Déjame a mi.”
Te quitó la horquilla que tenías entre los dedos e intentaste no reaccionar demasiado cuando con cuidado te sujetó el pelo en su sitio, completamente concentrado. Sólo con sentir sus dedos en tu pelo, acariciándote la nuca, apoyados en tus hombros desnudos…
Dio un enérgico paso atrás y se detuvo, y el aire corrió entre los dos. “Tu cita es un chico afortunado.”
Eso te hizo enfadar. Sonaba tan desolado y celoso y un poquito enfadado. Era el tono de la derrota. Y fue el momento en el que toda tu timidez y tus instintos de protección desaparecieron y te giraste empujando a Sam. Tu movimiento le cogió por sorpresa y se tambaleó hacia atrás hasta que su espalda chocó con la pared.
“¡Que te jodan, Sam!”
“¿P-Perdón?”
“No te puedes poner celoso. No te puedes enfadar o contrariar o, o, o lo que demonios sea que estás sintiendo ahora mismo. Te has pasado años provocándome. Años haciéndome ruborizar y haciéndome enamorarme de ti. ¿Y en cuanto parece que me gusta otro chico te apartas y te rindes? ¿Te doy una cucharada de tu propia medicina durante menos de un día—una horrible cucharada de tu propia medicina debería añadir porque dios sabe que no soy capaz de flirtear aunque sea para salvar mi vida—y eso es todo? ¿Te rindes? Pues sí. Que te jodan.”
A toda prisa saliste del baño y te dirigiste a tu habitación a por los zapatos de tacón con tiras que habías comprado con el vestido. Aparentemente sólo eras un juego para Sam. En cuanto no eras una mosca atrapada en su red, perdía el interés. En cuanto parecía que no estabas girando entre sus dedos, ya no le importabas.
Bueno, ¿pues sabes qué? A lo mejor era el momento de utilizar tu frustración y tu ira para vivir la vida. Salir un poco de tu coraza. A lo mejor Greg podía ayudarte a hacerlo. Ayudarte a soltarte un poco.
Cogiste los zapatos y las llaves y te diste la vuelta sin ni siquiera molestarte en ponerte los zapatos. Ya lo harías después. Ahora mismo lo que querías era alejarte de esta situación tan embarazosa. En algún momento tu cerebro se iba a poner de acuerdo con tu boca y querías estar medio borracha para cuando eso sucediera.
¿Quién iba a pensar que tres personas inteligentes como lo erais Greg, tú y Dean, podíais estar tan terriblemente equivocados con Sam?”
Cuando te volviste para salir de la habitación, Sam estaba en la puerta, bloqueándote la salida.
“Apártate.”
“No.” Se había cruzado de brazos y te preguntaste si estaba flexionando los músculos a propósito o si era algo natural.
“No te lo voy a pedir amablemente si es lo que estás esperando.”
“Dime que quieres que me aparte. Dime que quieres irte a ese estúpido bar con ese chico. Dime que no te quieres quedar aquí conmigo, a solas en tu apartamento.” Comenzó a caminar despacito hacia a ti, igual que un depredador lo haría avanzando hacia su presa. Con cada palabra, su voz sonaba cada vez más como un rugido y te quedaste en el sitio inmóvil.
“Dime que no quieres mi manos sobre tu cuerpo. Dime que no has pasado horas preparándote para mi. Dime que prefieres estar en ese bar mugroso que en tu cama aquí mismo.”
Tus pies parecían estar clavados al suelo cuando Sam vino a pararse justo en frente de ti. La tela de su camisa a penas rozaba tu vestido y pasó las manos por tus brazos y hombros, apenas tocándote. Inclinó la cabeza y tú inconscientemente levantaste la barbilla hasta que sentiste su frente y su nariz rozando la tuya, su aliento cayendo como una cascada sobre tus labios.
“Dime que no has imaginado como sería. Tener mis dedos clavados en tu piel. Sentir mis labios en cada centímetro de tu prefecto cuerpo. Gritar mi nombre.”
Sam se echó hacia atrás y clavó su mirada en la tuya con un brillo peligroso. “Dime que no es lo que quieres. Y entonces me moveré.”
El aire tenia esa pesadez de justo antes de la tormenta. Se te olvidó como respirar y tu cuerpo clamaba por el de Sam. Exhalaste su nombre, a penas un golpe de aire, pero bastó para que Sam sonriera con esa mueca insufrible que él hacía.
“Te he visto, ya sabes,” continuó. “Cómo me miras cuando entreno. He notado cómo te ruborizas. Apuesto a que quieres sentirme, ¿verdad?” Apoyó por fin una de sus manos sobre ti, bajando por la piel de tu espalda y estabas tan perdida sólo escuchando su voz que tuviste que morderte el gemido que pugnaba por salir. No ibas a dejarle ganar aún. “Quieres sentir mi cuerpo sujetando el tuyo en la cama o contra una pared o incluso en una mesa. Quieres saber como me muevo dentro de ti.”
Tu corazón ya latía demasiado rápido cuando de repente Sam te atrajo hacia él tambaleándote, con la mano que tenía en tu espalda. La ligera tela del vestido y la fina camisa que el llevaba haciendo de barrera. Esos firmes e intoxicantes músculos que habías pasado horas memorizando todos estos años atrás, estaban ahora pegados a tus suaves curvas. Te agarraste a su cintura buscando equilibrio, aunque por la forma en la que te estaba sujetando no hubieras podido moverte de todas formas.
La voz de Sam era poco más que un gruñido en tu oído y sus dedos se deslizaban masajeando tu espalda. “Te haría suplicar, T/N. Te llevaría al borde muchas veces, hasta que no pudieras aguantar más. E incluso entonces, me tomaría mi tiempo. Para aprenderme tu cuerpo. Cómo te mueves. Qué te gusta. Qué te vuelve completamente loca.”
“Joder, Sam.” Tu voz era a penas un suspiro.
“¿Crees que te he estado provocando, T/N?” Mordisqueó tu cuello. “No tienes ni idea de lo que soy capaz.” Y de repente dio un paso hacia atrás casi te caíste hacia delante. Con una voz casi normal continuó hablando. “Deberías irte ya. No querrás hacer esperar a tu cita.”
Honestamente, deberías. Deberías agarrar los zapatos que se te habían caído al suelo en algún momento durante todo ese espectáculo y alejarte de él caminando. Enseñarle lo que es provocar.
“Que te jodan, Sam.” Le soltaste, acortando la distancia que os separaba y tirando de él para besarle. No perdió ni un instante en besarte. Las manos de Sam por todas partes, tirando y empujándote y agarrándote y volviéndote loca.
Habías soñado con esas manos durante años, pero sentir de verdad sus manos callosas y músculos era mucho mejor. Y esos labios… labios que habías visto explicando leyendas cientos de veces. Labios que te volvían loca cuando hacían esa mueca al sonreír cada vez que te pillaba mirándole. Labios que te estaban haciendo quedar sin oxigeno, demandando tu atención, cerrándose sobre los tuyos.
Junto las manos bajo tus piernas y te levantó con facilidad. El mundo tembló mientras te giraba hasta apoyarte contra la pared y sus labios succionaron la piel de tu cuello. En algún lugar al fondo de tu mente, te diste cuenta de que no podrías ocultar esas marcas al día siguiente pero en ese momento no te podía importar menos. El pelo de Sam enredado en tus dedos y tus piernas rodeando su cintura cruzadas por los tobillos sobre su culo, y el empujando su cuerpo hacia el tuyo, haciéndote olvidarte de todo.
“Oh, Dios, Sam.”
Sam se apartó para mirarte con una oscura y diabólica sonrisa. “¿Cariño, te gusta esto?” la forma en la que gemiste cuando el hizo girar sus caderas contra las tuyas de nuevo fue toda la respuesta que necesitaba. “No he hecho más que empezar, T/N. Para cuando haya acabado contigo, serás capaz de sentirme durante el resto de la semana.”
“¿Estas solamente provocándome o estás dispuesto a probar esas palabras?” le preguntaste con voz temblorosa.
Se rió divertido. “Paciencia cielo. Tenemos toda la noche.”