Strómboli versus Pepe Grillo
Strómboli la tenía facilito. ¿Cuán difícil puede ser convencer a unos imberbes de ir a la isla de la fantasía o al mar de la felicidad? “¡Vamos, acompáñenme!” conminaba Strómboli a sus presas. Curiosamente, él se aprovechaba de los más débiles convenciéndoles fácilmente de seguirlo, porque eran incapaces de ver más allá de sus narices y discernir acerca de su tentadora oferta. Con mayor dificultad, también convencía a los que se creían más vivos que él. Estos pensaban que podrían aprovechar la oportunidad de oro que se les presentaba y que luego se zafarían de las consecuencias que seguro yacían a la vuelta de la esquina. Sin embargo, para Strómboli eso era más que suficiente para cubrir la cuota de asnos que requería conseguir para hacerse rico. No hay duda que el poder que otorga don dinero siempre fue su gran motivación. Y poco le importaba el destino de sus presas. “Podrán comer todas las golosinas que desean y no tendrán nada que dar a cambio”. “Los llevaré a un lugar fascinante, en el que no es necesario trabajar, ni estudiar, y podrán tragar todas las chucherías que les venga en gana, porque están ahí, a disposición de todos ustedes”. El mensaje de Strómboli, dirigido a las presas fáciles y a los vivos y sabidos era sencillo y al grano. Que en realidad ese mensaje estuviera compuesto por algunas mentiras y medias verdades poco importaba. Lo único que realmente importaba era cubrir la cuota de votos requerida para mantener el flujo de asnos, de dinero, y de poder. Para eso era necesario mantener, por el mayor tiempo posible, la ilusión de fantasía y felicidad, de golosinas y chucherías, de casas y carros. Una vez convertidos en asnos, las presas de Strómboli poco podían hacer. Atrapados sin salida en el infierno del mar de la felicidad, de la isla de la fantasía, haciendo colas por unas golosinas cada vez más escasas. Asnos apresados y hambrientos, sin una voz que les guiara para recuperar su cordura y libre albedrío.
En cambio, Pepe Grillo la tenía cuesta arriba. ¡Qué difícil convencer a alguien a quien sólo se le promete sangre, sudor y lágrimas! No hay fantasía, no hay golosinas. El mensaje de Pepe Grillo es sencillo y profundo a la vez. Él te dice que la verdadera felicidad se deriva del esfuerzo y del logro propio. Si sigues a Strómboli te conviertes, sin saberlo, sin darte cuenta, en asno a la vuelta de la esquina. Pero si sigues a Pepe Grillo, ¿en qué te conviertes? El mensaje de Pepe Grillo es abstracto. No es tan fácil de entender. Hay que vivirlo, hay que experimentarlo. Su mensaje no se basa en una meta tangible llena de golosinas, sino en un camino intangible lleno de obstáculos. Pepe Grillo nos habla de un camino que nos hará mejores personas, mejores ciudadanos, que nos hará un poco menos animales, y más humanos todos los días.
Somos afortunados en esta tierra de gracia, por contar con 112 Pepe Grillos. Esos 112, unidos en una sola voz, sentados en una misma mesa, son quienes asumieron la responsabilidad de guiar a los demás por el intangible camino de Pepe Grillo, hacia la recuperación de nuestro libre albedrío. ¿Les haremos caso a los 112? Eso sólo depende de cada uno de nosotros. Lo único cierto es que al final del cuento, fue Pinocho y nadie más, quien asumió las consecuencias de sus decisiones. Él decidió seguir el camino trazado por Pepe Grillo y correr despavorido de las garras de Strómboli.






