– Lo que necesito es que las cosas empiecen a funcionar de una maldita vez –comentó de mala gana, arrugando un pergamino y tirándolo al otro lado de la estancia, con frustración. Cerró los ojos con fuerza por un momento, respirando para recobrar la calma. La falta de sueño, el luto constante y la sensación de que todo estaba constantemente cuesta arriba le pasaban la cuenta– Perdón –se disculpó por lo seca de su respuesta. No tenía por qué desquitarse con otros, sobre todo con quienes no eran los culpables de la situación, y que además pasaban por lo mismo que ella. Después de todo, Sturgis también había estado ahí cuando encontraron... lo que quedaba de Benjy.