Noche súbita
Gael estaba ahogado en emociones inestables, tantas decepciones nublaron sus pensamientos que no lograba concebir ideas claras ni sentimientos definidos en su atormentada mente. La noche suspiraba en su ventana y la luna allanaba con su luz en un abrazo. Prendió un cigarrillo y se dejó dormir mientras el reloj de su muñeca se detenía en gotas de lluvia...
* * *
Varado dentro de un sueño lo vio caer del cielo o de uno de esos recuerdos que guardaba bajo llaves. Logró percibir un perfume familiar, impregnando la calle, estaba cerca. Caminando, corriendo, deambulando... buscando el rumbo. Como en esos momentos en que se enfrentaba a sí mismo. Pasó por una cuadra especial, donde el aroma penetraba en lo más profundo de sus pensamientos, pero existía un bloqueo que no lo dejaba recordar. Trataba de seguir pistas que lo llevaran a eso que no sabía qué es, pero lo necesitaba. Hasta que lo reconoció. Asustado intentó despertar, pero fue imposible. El miedo lo paralizó. Se oyó un estruendo que rompió el pulso de la noche, desatando la lluvia.
Lo vio. Indefenso yacía abandonado sobre la húmeda calle, sin fuerzas... la violenta lluvia lo hostigaba, hasta descompensarlo.
Observé como él se volvió ese niño pequeño que despierta de una pesadilla para correr hacia su madre. Pero, su madre no estaba allí y él ya no era un niño. Me compadecí de esa fragilidad y lo abrace, temí que tal vez quisiera que me aleje y lo deje solo, no emitió palabra alguna.
Lo solté.
En medio de esa respiración agitada trató de pedirme que lo vuelva a abrazar más fuerte, lo hice. Le susurré todo tipo de anécdotas y situaciones buenas, logré calmarlo un momento. Pero no fue suficiente, se convenció de que no había salida, intentó despedirse y con un beso dejarse ir, lo rechacé y le expliqué que no es el fin, que ya pronto saldría el sol, sería un nuevo día, sería el mejor día para hacer todo lo que siempre quiso y no lo hizo hasta entonces. No me creyó y volvió a sumergirse en su desesperación.
-Solo controla tu respiración, tus pensamientos, tus movimientos e imagínate hacer lo que más deseas y que ese deseo te envuelva, despégate de esas sensaciones físicas, tu pensamiento es el que manipula tu cuerpo, contrólalo -le dije.
Sus ojos se cerraron, dejando escapar lo que su alma había callado tanto tiempo. Sonrió, por fin, sin necesidad de forzar ningún gesto, parecía el cielo. La eternidad a veces solo dura unos minutos.
Con un beso sellé las puertas y me alejé.
La lluvia lo envolvió sobre esa fría acera donde yacía su cuerpo y de un abrazo las estrellas se lo llevaron.
Yo lo observaba entre sombras, en las copas de los árboles.
* * *
Despertó exaltado, en un instante de cordura notó como una pequeña llama traspasaba su ropa, solo la contempló en silencio, pudo sentir como penetraba en su piel, consumiéndola lentamente.
No reaccionó.














