#suyuariq https://www.instagram.com/p/ByGsqZJltUz/?igshid=1rs272jcqp7q8

seen from India
seen from Romania
seen from United Arab Emirates
seen from Yemen
seen from Sweden

seen from Germany

seen from United States
seen from United States
seen from China

seen from Malaysia
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United Kingdom
seen from Colombia

seen from Türkiye
seen from Vietnam

seen from Türkiye

seen from Türkiye
seen from United States
#suyuariq https://www.instagram.com/p/ByGsqZJltUz/?igshid=1rs272jcqp7q8
Blasfemia
No logré esconderme a tiempo cuando la calle se volvió sombras sombras errantes que envolvían como el humo a los pulmones o la sangre a chorro a las heridas. Aceleré mi marcha, aterrorizado si bien eso sólo aceleró su accionar: Frenaron mis pasos sus zarpazos mientras mis oídos sintieron sus voces. Pus escupían sobre ellos al hablar y al corroer mi piel, quemar la carne sus gritos se volvieron palabras que jamás podría pronunciar. Entre todas las blasfemias que pronunciaban en susurros una voz arenosa dijo mi nombre. Caí en la cuenta de comprender que mi nombre y el de todos eran sólo una herejía del hombre en busca de diferenciarse de Adán y de las bestias del día y de la noche que me acechan hoy, envidiosas. Me despojaron de mi vestimenta y, por si acaso, de cabello y piel mis sesos machacaban y revolvían; al sentir negro cada recuerdo perdí las palabras y tan sólo rugía. Supe que Elías sólo era blasfemia libre de la mentira de creer cuerdo pensar en una humanidad divina o en una divinidad que nos amaría más allá de sólo ser carne que muere y se pudre, traiciona y olvida.
Colegio
No sé por qué creí con inocencia que al pararme entre los árboles sobre el pasto que otrora pisé y entre los aromas de mi niñez habría de sentir una nostalgia dulce de aquellas que afloran sonrisas. En tanto no pude dejar de pensar que no importaba cuánto caminase o acariciase las paredes de mi colegio creyendo oír en el cemento mi voz del pasado que entrecruza el presente no habría manera de hurtar con maestría tu recuerdo y abrazarlo en el ahora que es más recuerdo que la escuela y el patio del beso y los abrazos y aquel viejo amor que ya no aflora.
Golpeo las puertas de cada aula buscando mi silla y el verde pizarrón son imágenes que toco, que veo pero el olvido que devora mi mente ya arrastró a su paso mi memoria dejando, en cambio, vaguedades y un silencio como el eco de tu voz.
Si el timbre sonase en este momento y los fantasmas se tomasen un descanso podría yo intentar seguirlos, furtivo, y ver si encuentro entre tantas almas la que resuene como un eco de la mía si bien sería herir al tiempo mismo; los recuerdos son del tiempo, agonías.
El ocaso alcanza el resquebrajado edificio el pasillo dorado se presta una vida y antes que yo haya terminado el suspiro y antes que pueda encontrar tu recuerdo las baldosas serán incógnitas en la sombra el aroma a infancia será a helado hierro que me empujará sin más hasta la salida para enviarme al punto de partida: tan solo y perdido, perdiéndote en tus puertas cerradas errando de nuevo.
Salida
Quizás llegue glorioso el día en que no necesite escupir de mi cuerpo aquella poesía que me ata a mi nostalgia y, cuando me sienta vaciado comenzaré a buscar aquello que me llene en otros versos escritos por manos ajenas pero que acarician mi alma con palabras que, certeras alivien el dolor que sufriré como el que sufrí con tu partida o con la muerte que me rodea o el olvido que en los vientres se gesta cual niño enfermo que muere y mata al nacer. Buscaré en otras hojas la prosa de una historia que no me ate mas entre amores y peripecias su mundo se invente y tome de mi ser todo lo que necesite para poder volverse realidad aunque sea dentro de la mente de este hombre que fue animal y vociferó poemas a una luna escribiendo frases de oro y sal recibiendo sólo un silencio que supo con maestría rimar. Sé que es vano el pensamiento de creer que llegará ese día en que se acaben mis versos y me busque en otras poesías puesto que por dolor escribo y el dolor nunca se acaba sólo han de cesar mis rimas frente a un tren o una bala y aún así tengo la certeza que ante la muerte inminente surgirá un último pensamiento: si todo aquello que ayer escribí en otra vida yo he de leerlo o allí también me olvidaré esperando pudrir otro cuerpo.
Mi mayor temor (luego del olvido) es el de perder el gusto por la lectura y, en consecuencia, perder la habilidad de disimular la estupidez que todo hombre carga.
Suyuariq
A veces me encontré escribiendo sin saber realmente hacia dónde me llevaba, o cómo terminaría. Son, a mi parecer, mis intentos más cercanos de escribir poesía pura.
Suyuariq
Al salir de casa lleno de piedras mis zapatos, para luchar contra la tentación de correr hacia tu casa
Suyuariq