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@suyuariq
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No binarie
decís que asesino al lenguaje,
y a veces también lo creo.
decís que me decida,
que no existe no estar en un extremo.
decís que somos pocos,
que no podemos cambiar nada.
me pedís que no hable,
que no diga quién CREO que soy.
porque no soy real,
son puros inventos míos.
“definite”.
estoy tan cansade de eso…
no cansada ni cansado,
porque no quiero decirlo siempre así.
no quiero que me confundan
y tener que callarme,
gritar en silencio.
no quiero tener que usar lo conocido
solo para ser tomade en serio.
ya no voy a pedirte por favor
que me dejes creer que existo.
vos me ves,
yo me veo.
estoy acá, aunque no quieras creerlo.
nunca jamás vas a lograr
que lo dude de nuevo.
porque para vos somos pocos
pero te sorprenderías si vieses
qué tan alto podemos alzar la voz.
porque decís que somos nada,
pero esas palabras ya no importan.
acá estamos, existimos.
y tal vez nunca pueda cambiar tu mente
pero te aseguro
que vamos a cambiar el mundo.
Poesía original por @escribir-huyendo
No sólo del Sur vive el hombre
Nuevo destino. Rebotando cada tantos años de plataforma a plataforma, rebotando hacia adelante
Hombre
Heme aquí, entre las calles porteñas quebrando adoquines a cada paso con paso firme o más bien zancada para aferrarse bien, suela de clavos sobre el más débil en la cadena, el otro, el que no fue ni bandido ni samaritano y sólo especta su dolor en la parábola y sólo especta mientras otros lo escalan puesto que en esta vida, escalando es la única manera de poder escapar del destino mediocre y del olvido en que caen muchos más que la mitad. En un viaje de descansos y oportunidades divisé a esa majestuosa criatura en el verde presa de su mente bárbara y libre ignorante del potencial que su piel gruesa con el soplido del viento dejaba entrever y es por esto que en un gesto benevolente lo protegí con barreras brillantes y sólidas lo tomé por sorpresa y llevé a la ciudad. Allí le di un lugar donde lo amarían niños y junto a sus pares los días podría pasar olvidándose del frío y la lluvia y el invierno y el cazador y la presa que lo hacían ser. Supe adiestrarlo en su nueva profesión y liberarlo de la opresión que otrora mezclaba, ignorante, la aurora y el ocaso y los días con las semanas y los meses y la necesidad animal con el deseo que son a mi parecer lo que divide a las criaturas y al hombre común de quien les habla, conocedor del deseo que a su carne rige y sus manos cumplen manos que se vuelven garras y guadañas; la bestia debe salir para tomar sus presas y la sangre corre, entre el ahogo silencioso de aquellos que a mis pies se amontonan. El tiempo fue pasando en mi Buenos Aires cuando entre viajes y bares llegó un día; llegué a un pozo perdido, de mala muerte donde un puñado de minúsculas personas pagaron con limosnas para llevar mi acto mas si el tiempo sobra y no así el dinero (y puedo jurarles que éste jamás sobra) preciso se vuelve un cambio de aires y así con mis protegidos y fieles lacayos llegamos al pueblo, cizañero y expectante. Mis criaturas maravillaron en su accionar a tanto hombre, mujer y niño presentes quienes no dejaron de aplaudir al unísono y vitorear hasta el último salto, el último rugido. El acto en sí fue como los demás, y he olvidado los detalles exactos que mi mente retenía no fue sino la continuación de éste ese haz que convierte el pronto olvido en recuerdo y ese recuerdo en la memoria que me define y lo que convierte a este pueblo en un caso particular: a la mañana siguiente, ya festejado el éxito entre las bebidas y las mujeres del lugar un lacayo saltó sobre mis pies, dejando saliva en cada beso de subordinación, miedo y culpa puesto que había dejado descuidada la jaula que a mi última adquisición protegía del entorno y ésta, por ser bruta o simplemente no humana corrió por las calles, sin encontrarme a mí, su Amo por una noche que por avaricia la Luna había tragado. Un limpio corte en la yugular de mi sirviente y la tierra levantada por los pies de sus compañeros fueron el fin de la escena, puesto que a la búsqueda cada criatura en mi poder fue con apuro lanzada. Recorrí todo escondite de la criatura posible sin notar que en realidad volvía sobre mis pasos En su bosque a lo lejos pude divisarla, ya envejecida pero de mi vista se esfumó el oso bruto, civilizado no creas que a tu merced te dejaré, bestia mía pasaron ya los años y aún te sigo codiciando.
vas a extrañar mas las empresas estatales con el nuevo Estado . Hoy me pedi un cel por Internettttttt
Aguanten los Estados que sólo se encargan de seguridad y administración loco. Soberanía? Starbucks en cada esquina
Ausencia
No es abrigo lo que me hace falta ni el beso maternal en la frente no es el miedo al sueño eterno o al insomnio que ata la mente. No es el ruido de pasos afuera o el rasguido constante en la ventana lo que causa una angustia incesante pues viene de dentro, del alma que junto a las horas cae en pedazos mientras algo la escarba y escarba y sólo puedo sudar, quieto, las sábanas. ¿Qué es aquello que se ausenta cuando un bostezo disfraza el olvido? el inhóspito mundo de mentiras que se ensancha en parpadeos se comprime sobre la garganta, feroz cuando se salva al menos un recuerdo y casi que puedo escuchar su voz y divisar en mis manos frías su rostro cuando todo lo demás cae y yo caigo sabiendo que recordaré en el fondo todo aquello que fui dejando caer cuando la noche mecía mis muertes y me estacaban los clavos del tiempo.
¿Qué es aquello que se ausenta cuando un bostezo disfraza el olvido?
Suyuariq
Obsesión
Intenté dejar atrás, enterrada la obsesión que sentía por ella mas no supe hallar el modo de decantar de mi sangre la esencia que me ataba a su ser. Comencé a llamarla en sueños gritando un nombre con angustia. A veces le decía Viviana, otras le susurraba Beatriz, pero no sabría explicar de dónde surgía el nombre que le otorgaba. Su rostro se dibujaba en la neblina y sobre las gotas de lluvia que caían sobre mi cuerpo ajeno y errante. A veces se dibujaba tenue su sonrisa en la espuma del café que sujetaba con mis manos tiritantes con la palidez y la constancia del cansancio. Por horas me sentaba en ese bar escuchando la gente a mi alrededor para poder darle a mi espejismo dulce y cálida una voz que en mi pecho resuene como las palabras que se leen con un detenimiento de insomnio para ser grabadas a fuego lento en la retina con gran detalle.
Acercándote
Te acercas suave, susurrante y no puedo más que esperar que se nuble pronto mi mente y me limite a sólo respirar
Párate aquí, lo más cerca que puedas y deja que mi vista te memorice con la bendición del tacto te recorra hasta que tu piel caliente se erice
Nuestro ambiente se torna tenso entre tantas exhalaciones empaño con maestría tu cuerpo al respirar sobre tus dones
Al soltar tu cabello cae ondulante sobre tu pecho priva a mis ojos el verte cual pincel cubriendo el lienzo
Tu sonrisa que se ensancha al saberte tan majestuosa resplandece ante mi marcha tu cuerpo osado me roza
Tu boca se abre en el beso cual aurora en el océano mi pecho estalla en llamas ante el choque de tus médanos
El ancho desierto de tu piel se afiebra a cada segundo mis dedos sobre ti llueven refrescando ansiosos tu mundo
Te recuesto sobre la balsa hecha de seda y plumas el naufragio es inminente ya no existe duda alguna
En tu piel tanteo poemas con versos de rima libre no existe una última estrofa y ninguna estrofa se repite
Los ángeles los han escrito o criaturas nunca nombradas Aparecen durante el rito cuando dos prenden las llamas
Sin embargo no llego a leerlos se borran al intentar pronunciarlos debe ser por esta simple razón que siempre vuelvo a buscarlos
El mundo se vuelve un nosotros o nosotros nos volvemos uno imposible el intentar pensar es por eso que no lo descubro
Mi carne se ha vuelto un alma y es a tu alma a quien hiero choque violento que desarma dos almas ahora son algo nuevo
Tu nombre se une a mi nombre el tiempo ya no corre ni tarda el amor y el pecado se unen cual tus uñas y mi espalda
Late un mundo en cada arteria que revientan en un frenesí el nido que pintamos de rosa se convierte en cielo carmesí
Brusca pausa y puesta en marcha te elevas sobre la neblina no necesito abiertos los ojos a tientas mis labios te caminan
La noche se irá en los jadeos que anteceden a la aurora y al ser saciados los deseos campanas marcarán nuestra hora
Cuando el día ya esté asentado y en un suspiro descanse la noche adelantaré las agujas del reloj para saltar sobre ti sin derroche
Blasfemia
No logré esconderme a tiempo cuando la calle se volvió sombras sombras errantes que envolvían como el humo a los pulmones o la sangre a chorro a las heridas. Aceleré mi marcha, aterrorizado si bien eso sólo aceleró su accionar: Frenaron mis pasos sus zarpazos mientras mis oídos sintieron sus voces. Pus escupían sobre ellos al hablar y al corroer mi piel, quemar la carne sus gritos se volvieron palabras que jamás podría pronunciar. Entre todas las blasfemias que pronunciaban en susurros una voz arenosa dijo mi nombre. Caí en la cuenta de comprender que mi nombre y el de todos eran sólo una herejía del hombre en busca de diferenciarse de Adán y de las bestias del día y de la noche que me acechan hoy, envidiosas. Me despojaron de mi vestimenta y, por si acaso, de cabello y piel mis sesos machacaban y revolvían; al sentir negro cada recuerdo perdí las palabras y tan sólo rugía. Supe que Elías sólo era blasfemia libre de la mentira de creer cuerdo pensar en una humanidad divina o en una divinidad que nos amaría más allá de sólo ser carne que muere y se pudre, traiciona y olvida.
Sábado
El sábado que mece estas horas declina en una madrugada infinita donde ya mi mente se dispara junto a un alma vieja y paralítica. Olvidé por qué vacío estos vasos pero no por qué se llenan y llenan entre mis manos que, temblorosas, sobre el escritorio tamborilean. Olvidé las razones que conllevan a creer y generar un mañana dejando que mis demonios arremetan contra mi espalda, mi pecho y certezas logrando que, dejando caer el vaso, busque eufórico en las gavetas para encontrar la llave que me libraría de ese Mal que sin piedad me acecha. Ya siento el final de mis poemas si bien la rima es oscura e incierta Ya siento el frío beso de metal en mi boca la saliva hirviendo que ya no tragaré el dedo firme que genera el chasquido el olor a pólvora que al fin ya no huelo. Antes de la oscuridad escuché un pitido y también mis sesos goteando el suelo.
Colegio
No sé por qué creí con inocencia que al pararme entre los árboles sobre el pasto que otrora pisé y entre los aromas de mi niñez habría de sentir una nostalgia dulce de aquellas que afloran sonrisas. En tanto no pude dejar de pensar que no importaba cuánto caminase o acariciase las paredes de mi colegio creyendo oír en el cemento mi voz del pasado que entrecruza el presente no habría manera de hurtar con maestría tu recuerdo y abrazarlo en el ahora que es más recuerdo que la escuela y el patio del beso y los abrazos y aquel viejo amor que ya no aflora.
Golpeo las puertas de cada aula buscando mi silla y el verde pizarrón son imágenes que toco, que veo pero el olvido que devora mi mente ya arrastró a su paso mi memoria dejando, en cambio, vaguedades y un silencio como el eco de tu voz.
Si el timbre sonase en este momento y los fantasmas se tomasen un descanso podría yo intentar seguirlos, furtivo, y ver si encuentro entre tantas almas la que resuene como un eco de la mía si bien sería herir al tiempo mismo; los recuerdos son del tiempo, agonías.
El ocaso alcanza el resquebrajado edificio el pasillo dorado se presta una vida y antes que yo haya terminado el suspiro y antes que pueda encontrar tu recuerdo las baldosas serán incógnitas en la sombra el aroma a infancia será a helado hierro que me empujará sin más hasta la salida para enviarme al punto de partida: tan solo y perdido, perdiéndote en tus puertas cerradas errando de nuevo.
Salida
Quizás llegue glorioso el día en que no necesite escupir de mi cuerpo aquella poesía que me ata a mi nostalgia y, cuando me sienta vaciado comenzaré a buscar aquello que me llene en otros versos escritos por manos ajenas pero que acarician mi alma con palabras que, certeras alivien el dolor que sufriré como el que sufrí con tu partida o con la muerte que me rodea o el olvido que en los vientres se gesta cual niño enfermo que muere y mata al nacer. Buscaré en otras hojas la prosa de una historia que no me ate mas entre amores y peripecias su mundo se invente y tome de mi ser todo lo que necesite para poder volverse realidad aunque sea dentro de la mente de este hombre que fue animal y vociferó poemas a una luna escribiendo frases de oro y sal recibiendo sólo un silencio que supo con maestría rimar. Sé que es vano el pensamiento de creer que llegará ese día en que se acaben mis versos y me busque en otras poesías puesto que por dolor escribo y el dolor nunca se acaba sólo han de cesar mis rimas frente a un tren o una bala y aún así tengo la certeza que ante la muerte inminente surgirá un último pensamiento: si todo aquello que ayer escribí en otra vida yo he de leerlo o allí también me olvidaré esperando pudrir otro cuerpo.
Duele tanto la poesía del mundo esta tarde que no logro descrifrar si debo escribirla o buscarla en otros libros
Mi mayor temor (luego del olvido) es el de perder el gusto por la lectura y, en consecuencia, perder la habilidad de disimular la estupidez que todo hombre carga.
Suyuariq