[I know that if I'm in the restaurant and talking to you, I'm gonna be highly distracted. Everyone knows that God protects drunkards and lovers as a competitor on "Triple-G" and as a warrior on "T.O.C." and as a judge.]

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Se suponia que tu me curarias...
A.C.O, María Lima, Tate, Rubén Alonso //T.o.c
[I almost feel like, you know, the backstage of getting on the "Tournament of Championship," and feel now. Thou hast no heart but mine. I got taken out on "T.O.C." by... GUY: Maneet Chauhan!]
I know that if I'm in the restaurant and talking to you, I'm gonna be highly distracted. Everyone knows that God protects drunkards and lovers as a competitor on Triple-G and as a warrior on T.O.C. and as a judge. I've been able to get into these tricks before, but now I just need to do something faster now. And as soon as I'm done I'll go to you on the bus. H. R. [R]ith-e-Mental health. C. L. (on M. Apt.) I'm the first one here in court. G. H.
Cốc nguyệt san T.O.C: Sự lựa chọn tuyệt vời cho ngày đèn đỏ https://chiase24.com/coc-nguyet-san-t-o-c.html?feed_id=19823&_unique_id=610d772990665
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"Pensa assim, é um emprego. Se você conseguir, bom. Se não conseguir, melhor ainda. Foda-se" T.O.C: Transtornada Compulsiva Obsessiva. (2017) dir. Paulinho Caruso
Toxicosmos
El mundo entero se convirtió en una pompa, en una buba llena de pus que explotaba, poniendo en riesgo de contagio a propios y extraños. O eso era lo que él pensaba.
Los pensamientos, negativos y pesados, con una tonalidad tan oscura que hacía que el Vantablack pareciese la luz más brillante que pueda existir, inundaban el turbulento mar que era su mente, memoria y recuerdos, como si se tratara de un derramamiento de crudo, como un Prestige.
La totalidad de la existencia, lo conocido y lo desconocido, el futuro por suceder y el presente por realizar, se veían disipados en miles de pequeños fragmentos, demasiado minúsculos para intentar reunirlos, pero lo suficientemente visibles como para realizar una imagen en collage, la imagen de una vida que se desmorona por completo.
O eso era lo que él pensaba. Es curioso como esta caterva de pensamientos y emociones, este apocalipsis de proporciones bíblicas y consecuencias inmensas, sucedía en un ámbito íntimo y privado, sucedía dentro de él.
Era algo puramente interno, una granada de fragmentación con la anilla puesta, esperando a que alguien, con intención o por pura ingenuidad, tirase de esta y acabase con todo.
Obviamente, de puertas hacia fuera, reinaba una tranquilidad absoluta, acompañada de la mueca que más se podía asimilar a una sonrisa, así como un brillo en los ojos, ese brillo que solo aparece cuando las ganas de llorar abrazan el pecho y cerebro, pero la razón te dice que no es el momento ni el lugar.
Uno de los pensamientos más recurrentes y que con más fiereza asediaba la fortaleza de sus ideas, resumía bastante bien como se sentía: Se veía a si mismo, en un paraje completamente nevado, sin ondulaciones o montañas, solo nieve, en el cielo y en el suelo, cayendo como pequeños cristales que se clavaban en su piel, quemándola con su frío tacto. Estaba de rodillas, con los ojos mirando hacía arriba, más allá del grisáceo día que reinaba, parecía casi como si quisiese encontrar la famosa bóveda celeste que nos recubría. Su boca, tenía el viejo y extraño sabor a hierro que acompaña a la sangre, la cual recubría sus dientes, dándole un aspecto aún más desesperanzador y funesto.
Delante de él, se encontraba un lobo, blanco como el suelo que pisaba. El animal le miraba a muy pocos centímetros, jadeante, con un fino hilo de saliva cayendo de su boca. Parecía expectante, casi como esperando una orden, un ruego, una plegaria para poder hacer aquello para lo que había venido al mundo: Sobrevivir, aunque esto fuese a costa de otros.
Él,dejo de mirar a la nada que le contemplaba desde arriba, casi burlándose de su insignificancia y miró a los ojos de la bestia que como igual, se mantenía firme en su posición.
Se produjo entonces, uno de esos acontecimientos singulares que hace de la vida la tragicomedia más difícil de interpretar: Una lágrima, caliente, con la fuerza del río que recupera su cauce original, arrancando su torrente cualquier construcción extraña que se hubiese atrevido a invadir su morada, rodó por su mejilla hasta la comisura del labio, donde hizo un singular desviación, ya que estos habían formado una sonrisa. He aquí la esencia irónica de todo, nacer llorando y sonreír cuando toca despedirse del público y dejar que caiga al telón, aunque este telón estuviese cayendo antes de tiempo porque algo había saboteado la función.
-Hazlo- Dijo con voz temblorosa.-Acaba con esto de una vez, por favor” El lobo, como si esta petición hubiese sido dictada por la propia naturaleza, fue raudo y certero. Unas gotas escarlata empezaron a manchar el pálido suelo, haciéndose pronto un pequeño charco, un mar diminuto que no se abriría ante ningún Moisés, está vez no había salvación posible.
Una voz lo saco de sus ensoñaciones y lo volvió a colocar en el plano de la realidad al que tenía que prestar atención, aquel en el que sus congéneres estaban compartiendo lo que ellos creían que era una agradable cena.
-¿No picoteas nada?-
-No gracias, no tengo mucha hambre-
Una vez dicho esto, antes de que pudiese articular más palabra, las imágenes intrusivas lo amordazaron y secuestraron. Sintió como si le atasen las extremidades y comprimiesen el pecho, desapareciendo lo que veía y quedando solo una masa confusa de colores que empezaban a alumbrar un universo nuevo: Se sentía inmenso, gigantesco. A pesar de las dimensiones que tenía, las cuales debían de ser considerables, ya que todo parecía increíblemente minúsculo desde su óptica, estaba flotando.
Abajo, en el reino de lo terrestre, se vislumbraba el campo de girasoles más hermoso que pudiese ser concebido. Una balsa de color amarillo que extendía hasta donde la mente puede entender. Quiso tocarlas, correr entre ellas sin preocupaciones, sentir que merecía su admiración y hacerles saber que valoraba a cada una de ellas, y que se alegraba de poder contemplarlas.
Un terror absoluto invadió su corazón.
A lo lejos, el áureo de aquel edén empezó a tornarse negro, haciendo del resplandor que estos reflejaban una penumbra solo comparable a aquella de la que se escapa cuando se apagan las luces del pasillo y de las que nos protegemos con sábanas cuando vamos a dormir.
Las flores estaban marchitándose, muriendo una tras otra, llenando su alma de desesperación y haciéndole desear venganza contra aquello que las mataba.
Entonces se doy cuenta, él era el que las estaba matando.
Él, las veía tan minúsculas, no por la inmensidad de su propio ser, sino por la lejanía desde las que las observaba. Como una ráfaga de viento que destroza las ventanas de una casa, los recuerdos, que se sentían propios a pesar de parecer completamente ajenos, empezaron a abrumarle: Vio como poco a poco se alejaba de todas ellas, como voluntariamente se exiliaba a lo alto de esa torre de marfil en la cual nadie podía hacerle daño y él no podía dañar a nadie. Las flores solo querían que se quedase a su lado, que les diese su calor, pero él, temiendo poder quemarlas con su ígneo tacto, a veces tan difícil de canalizar, desapareció, condenándolas a un eclipse eterno y frío.
Toda esta creación se dreno hacia la nada y él, cayo de bruces a esa mesa, rodeado de familiares que comían y bebían risueños. Aunque él no observaba la escena en primera persona, era un testigo mudo que miraba desde arriba, casi como si de un viaje astral se tratase.
Veía su cuerpo, pero solo como una cáscara, una crisálida cuyo insecto había muerto y ahora solo era un recipiente de algo que se pudría poco a poco en su interior.
Sintió compasión por ese maniquí que intentaba fingir lo mejor posible, pero al mismo tiempo también lo odió con todas sus fuerzas. Odió su temor a amar y ser amado, odió ese toxicosmos de acceso restringido en el que se obligaba a orbitar sin rumbo, odió su incapacidad de reconocer lo que hacía bien, odió el momento en el que todo esto empezó.
Necesitaba gritar, llorar, estirarse del pelo y arañarse de la cara, no podía soportarlo más, iba a rebosar, iba a hacerlo.
-¿Estás bien?- Dijo la voz de su madre
- Sí- Respondió él impasible.
O eso era lo que el quería que todo pensaran.