No me sonrojo si te digo que te quiero y que me dejes o te deje eso ya no me da miedo Habías sido sin dudarlo la más bella De entre todas las estrellas Que yo vi en el firmamento
Jarabe de Palo
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No me sonrojo si te digo que te quiero y que me dejes o te deje eso ya no me da miedo Habías sido sin dudarlo la más bella De entre todas las estrellas Que yo vi en el firmamento
Jarabe de Palo
Me voy y te dejo sin mis inmadureces sin mis mensajes por el día sin mis besos en tu mejilla se feliz, no te olvidare ¿Como olvidarte? si me hiciste soñar si me hiciste creer en mi, en ti, en nosotros, ADIÓS.
Letras para quien no me sabe leer - Intento de Autora.
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Y eso era el amor, nada mas que un grito escondido entre lo que queremos, pero pocas veces se puede tener.
Me voy
Pero te dejo
Mis brazos prensados
Mi luna pesada
Mis poros abiertos
Me voy
Pero te encargo
Mi muerte en espera
Mi paso adelante
Una vista a ciegas
Me voy con la maleta llena
De aroma
De sexo
De ojos
De dientes
De voz
Desaparezco
Poco a poco
Hasta olvidarme de nuevo en tus brazos
Me voy
Pero en tus labios me quedo.
-Pascual Reyes-
He decidido que ya no te quiero, que ya te voy a olvidar y a superar, no puedo seguir ilusionada de un bastardo que me da alas y al otro día me las arranca, ya no más. Admitó que aún se me revolotea el estómago y que con tan solo me veas se me alegra el día pero no es justo para mi ni tampoco para ti, no es justo que yo te quiera tanto y dé todo por ti cuando tú solo me ignoras y desprecias.
Te dejo
Te dejo mis recuerdos, mi aliento y mis historias. Te dejo mis tristezas, alegrías y derrotas. Te dejo mis calles, mis canciones, mis libros, mis poemas y mis risas. Te dejo, para recuperar mi ser, para soñarte en las noches y extrañarte al amanecer. Te dejo, para desear en algún momento volver más maduros y completos. Te dejo, para un día volver a sentir el aroma de tu piel, los cálidos besos de labios y las tiernas caricias de tus manos. Te dejo, pero no sin antes besarte y acariciarte suavemente en este texto de despedida. Que tus pasos estén guiados y fijados de forma correcta, que tus sueños se hagan realidad uno a uno, que la vida te sonría en todo momento. Te dejo para quererte siempre en mis memorias.
Te dejo
Te dejo
Te dejo porque pinté susurros para los que, los únicos oídos sordos, fueron los tuyos. Te dejo porque la dejada fui yo desde el momento en el que comencé a ser la única que besaba. Te dejo porque he sido un yo contigo. Un yo contigo en el que he perdido una importante parte de mí.
La parte con la que soñaba.
Te dejo porque has ralentizado mis ganas, mis sueños y casi todas mis emociones. Porque te has convertido en un ibuprofeno de lo que sentía hacia ti. Porque has sido un tropiezo en mi vida, las espinas de mi rosa y, en esta relación, una experiencia más agria que dulce.
Comencé a tu lado lo que, creía, sería el libro más bonito de la historia. Aquel al que no se le terminaran los capítulos, aquel en el que me apeteciese doblar la esquina de cada página para recordarme que, en ella, había algún instante inolvidable plasmado en la memoria de nuestra relación. Y, sin embargo, no hice más que coleccionar páginas en blanco. Espacios vacíos en los que escribir aquello que, diariamente, quería que sucediese. Un libro al que terminaron poniéndole tinta mis sueños frustrados, la forma en la que no me mirabas, y las caricias que no recibí.
Una obra titulada “Ojalá tú”.
Un libro que hoy saco de la estantería de mis esperanzas vacías, para venderlo en una tienda de segunda mano. Una tienda en la que además, todo aquello que se vende, son sentimientos en liquidación.
Te dejo.
Pero sobre todo, si te dejo con algo, es con las ganas.
Con las ganas de haber podido saber lo que hubiera sido nuestra vida en común. Con las ganas de que me quedase contigo aún recibiendo una cuarta parte de lo que te daba. Con las ganas de que me conformase con lo que ni siquiera merecía y, con las ganas, amigo, de que te dijera a todo que sí.
Así que llegados a este punto, y tras agotar la paciencia que nunca tuve, te confieso que soy intolerante. Intolerante a la infelicidad. Tú has sido mi alergia, y nuestra relación un sarpullido. Hoy entiendo que lo único en común que hubo entre nosotros, fue la idiotez.
La mía, la que tuve cuando decidí quedarme contigo.
La tuya, la que llevas impregnada en ti.