Del perdón y el arrepentimiento necesario.
Hoy quisiera pedirle perdón a todas esas personas que creyeron en mi y que terminaron con el corazón roto.
Los que esperaron un mensaje mío que nunca escribí.
A los que quisieron que la llamada entrante dijera mi nombre.
A los que esperaban verme volar alto y en lugar de eso vieron como me desvanecía en el aire.
Pedir perdón por las faltas de respeto, por la mediocridad con la que pude actuar y a todos aquellos que apostaron por mi toda su fortuna y la perdieron.
Hoy siento esa necesidad quemandome en el pecho; exigiendo salir, y no sé ni siquiera a quien debería hacerlo, no sé a quién pude haberle hecho tanto mal y sin embargo sé que los hay.
Perdón por no disculparme a tiempo y perdón también para quienes no debería hacerlo.
Perdón a aquellos que a mí me lastimaron porque en realidad yo permití que sucediera, perdón por culparlos; por tardar en asumir mi responsabilidad y por llenarlos con cargas que solo me correspondían a mi y a nadie más.
Y perdón a mi, por no decir no cuando tuve que hacerlo, por comer en exceso, por no beber agua suficiente; por dormir hasta tarde sin ningún motivo.
Perdón por no haber llorado cuando tuve que hacerlo, por no gritarle al opresor, por quedarme callada cuando me dolía el cuerpo y por no irme cuando quise hacerlo.
Hoy pido perdón a todos pero en especial a mí, porque de eso se trata la vida; de andar y en ese trayecto caemos pero el error no está en equivocarse; sino en no rectificar y peor aún, en no aprender y en no mejorar.
Y con el pasado puedo hacer muy poco ya, pero si de algo sirve hacer corte y comenzar de nuevo, no de 0, sino desde la experiencia; puedo hacerlo y me comprometo a qué con todo lo aprendido más adelante no quiero volver a pedir perdón, pero sé que si tengo que volver a hacerlo; lo haré con humildad.