Tú pasas por el tiempo, no al revés.
El tiempo… Ese concepto tan abstracto como real, ese compañero silencioso que lo atraviesa todo, incluso lo que no decimos.
Con el pasar de las horas, los minutos y las tantas maneras de medirlo, el tiempo te revela lo que sucede a tu alrededor. Y en medio de ese ir y venir, también deja al descubierto lo que eres, hacia dónde vas… y, por qué no decirlo: de dónde vienes.
Todo termina siendo un vaivén de ideas.
Muchos aseguran que el tiempo es lo que necesitamos para cerrar etapas o “finalizar libros”. Para dejar atrás lo que ya no es.
Y sí, el tiempo es una herramienta. Lo usamos, lo esperamos, a veces hasta lo culpamos. Queremos que nos diga qué hacer, qué sigue después. Nos aferramos a esa eterna pregunta: ¿Y ahora qué viene?
No sé por lo que estés pasando hoy. Ni lo que vendrá mañana. Tampoco lo que has vivido.
Pero quiero invitarte a mirar el tiempo desde otro ángulo. Uno quizás distinto al de muchos, pero tal vez... te sirva. O al menos te acompañe en este instante.
El tiempo te ayudará, eso es cierto. Te mostrará cómo crece la vida, cómo sanan heridas, cómo se desvanecen los suspiros de alguien… o tus propias esperanzas.
Pero cuidado: El tiempo solo hace su parte.
Sanar requiere algo más. Es un proceso compartido: 50% el paso del tiempo y 50% el empeño que pongas en cómo quieres que termine la historia.
Aceptar tu pasado, tu presente, tu valor… Entender que aún formas parte de un todo que tiene solución, que aún hay infinitas oportunidades esperando por ti.
Así que hoy, levanta la mirada.
Decide si te quedas atrapado(a) en el tiempo que se fue, o si despiertas con la esperanza de que el tiempo que viene… será mejor.
No dejes que el tiempo pase por ti.
Pasa tú por el tiempo. Y deja una huella.
Continuará…








