SOBRE «THE BISEXUAL», EL GÉNERO EN INTERNET
Y LAS VENTAJAS DE SER MILLENNIAL:
Llevo sólo tres capítulos de «The Bisexual». Y, sinceramente, no quiero que se acabe nunca.
Es la serie con mejor guión que he visto jamás. No hay una sola conversación, una sola escena, que no sea justificada. Da gusto verla.
Desiree Akhavan (directora, guionista y actriz en la propia serie) se desnuda ante nosotras. No es sólo una interpretación, es ella hablándonos a ti y a mí de cosas que hemos vivido, sufrido y sentido. Es ella haciéndonos saber que no estamos solas. Abrazándonos.
En esta escena en concreto, Leila –el papel del que hace Desiree– habla con Francisca, una estudiante universitaria argentina, unos siete u ocho años menor que ella. Francisca le dice a Leila que ella también es «queer» y Leila responde que todo el mundo antes de los 25 lo es. Y entonces dice esta frase que he compartido con vosotros.
Internet puede ser un lugar horrible, en todos sus formatos. Pero personalmente, gracias a él, he podido crecer como individuo. Proyectándome al resto de una manera mucho más libre de lo que podía hacerlo en el mundo terrenal. En Internet no tuve que preocuparme jamás por cosas como el género o la sexualidad. Allí nunca se me cuestionó. Nunca se me interrogó. Porque allí, simplemente, todos somos cyborgs que confluimos en un espacio-tiempo ficticio en donde tu género u orientación es tan nimio como tu nombre. Carece de importancia. En este nuevo universo construido a base de código binario puedes ser lo que quieras ser y tu cuerpo físico asignado por el azar genético y la aleatoriedad hereditaria que tanto nos coarta (y a veces hasta aprisiona) en nuestro día a día a muchos de nosotros, ya no es necesario. Ya no existe.
Soy consciente de que muchas personas –quizá las más mayores que lean este artículo– se escandalizarán ante la magnitud de las sandeces que –deben pensar– escribo en este espacio. Muchos de ellos me achacarán todas las terribles representaciones del ser humano que han encontrado cabida en Internet. Y muchas otras me hablarán de lo necesario que son las etiquetas de género u orientación en nuestra sociedad.
A todas esas personas les sorprenderá saber que estoy completamente de acuerdo con ellas y con todas y cada una de sus afirmaciones. Pues no son solo ciertas, sino correctas.
Pero esto no quita fuerza a mi anterior disertación. Lo que me sorprende del diálogo de Leila es que ella acepta y reconoce que existe una barrera infranqueable entre lo nativo-tecnológico y lo que no lo es. Una barrera que va mucho más allá de saltos generacionales, que se producen cada 40 años en cualquier sociedad. Internet ha supuesto un cambio de código, un cambio de estigmas, un cambio de percepción ante la vida. Y, sobre todo, una renovación –o revolución, nunca mejor dicho– sexual. Porque ahora todo se nos queda corto. Porque nosotros, los millennials –tan atacados durante muchos años y que recién comenzamos a ser capaces de defendernos– ya no aceptamos los géneros binarios, ni el bipartidismo, ni el blanco o negro, ni el arriba o abajo. Todo eso es demasiado estricto, demasiado cuadriculado y sobre todo demasiado reducido para nuestras miras.
La regeneración era obligatoria, pero este salto exponencial de conceptos, que altera los valores absolutos establecidos hasta ahora, era casi impensable.
Una vez más, la historia nos golpea a la cara con un nuevo revés que hace que se tambaleen los grandes dogmas universales que creían ser para siempre. Y ya nada es, ni será, lo mismo.
Por último, recomendaros a todos aquellos que estéis interesados, ver la serie. Porque no sólo es una serie, es un aprendizaje continuo. Y, además, ver una charla –que adjunto con un link– de Ernesto Castro, filósofo, profesor de la UCM y youtuber, titulada «Por qué las generaciones no existen».
https://www.youtube.com/watch?v=oRkks4NQWb8